Semana
09
Juan Palomo Calleja

UN PIE. (¿En que se parece un pie a una neurona?)

Género
No ficción
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Si me quito un calcetín, y puedes soportar el hedor resultante, verás que mi pie  tiene cinco dedos.

Anda conectado al suelo gracias a su planta y los mencionados dedos que, conjuntamente con los dedos y planta de su pie gemelo, son elementos esenciales para conservar el equilibrio del cuerpo humano  que se halla por encima.

Te adelanto, amigo lector, que culmina dicho cuerpo humano un cerebro también esencial para el  equilibrio perpendicular tronco-suelo.

El pie encuentra engranado al resto del cuerpo gracias a una articulación llamada tobillo.

Sólo hay otro pie igual, a derecha o izquierda.

En total disponemos de sólo dos pies.

El refranero nos ilumina con la nada científica expresión de que si te levantas con el pie izquierdo tendrás un mal día.

¡¡¡ Y UNA MIERDA ¡¡¡

El asco de día que el depresivo y/o ansioso tiene por delante: 24 horas, 1440 minutos, 86.400 segundos; nada tiene que ver con el pie con el que, con suerte, consiga apoyar a una hora indeterminada del día en el que le ha de sustentar para cuando intenta desatornillarse de la cama.

Ambos pies se coordinan de forma muy sencilla: uno delante y otro detrás, soportando el peso de su fofo cuerpo enfermo, de forma precariamente equilibrada.

El cuerpo es percibido a veces por los sesos del trastornado como blando, pesadísimo, lento, desobediente; la mente ordena y el cuerpo ni se menea. Aunque el cuerpo al que pertenecen los pies sea externamente el arquetipo de la belleza y fortaleza sin par.

 

Los pies te facilitan el desplazamiento, generalmente en línea recta - excepto en las bodas y cenas de empresa -, con alternancia  visualmente común al resto de las personas normales.

Pero el enfermo mental no tiene la suerte de que sus pies y cerebro tengan buenas relaciones.

Son bastante obtusos, los pies.

Y el cerebro del enfermo mental no está por la labor.

Casi no se tocan los pies. Sólo para rascarse mutuamente y con patética avidez  buscando el poco placer del que dispone el enfermo al paliar el prurito podal; no confundir con el prurito anal, ahí no llegan los pies.

Los pies del depresivo, ansioso, ansioso-depresivo sólo soportan el resto del cuerpo en muy limitadas ocasiones. Casi todas para ir a mear.

Y no siempre van al excusado en línea recta. Llámale borracho, precipitado lector, pero estás prejuzgando con desprecio.

Atención, entorno: el depresivo, ansioso o ambos -depresión neurótica se le llamaba antaño- y demás enfermos mentales necesitan primero estabilizar su química cerebral, con química farmacéutica. Esto lleva su tiempo, sus tanteos farmacológicos, psicoterapia, rehabilitación tras periodos recurrentes o prolongados,  etc. Así que no jodan con expresiones tales como " Levántate " "come" "dúchate" "sal a pasear" "juega con tus hijos" y/o, principalmente: "qué quieres que yo haga", sin consultar, asesorarse, aprender y compartir sus inquietudes con los médicos y terapeutas de su enfermo.

Imagínense al que sufre un trastorno ansioso o depresivo mayor como si fuera un enfermo con sus dos pies rotos. Al enfermo psiquiátrico no le duelen los pies, pero sí el alma, y mucho. Y se da cuenta. Y lo oculta. Y se avergüenza. Y se siente culpable. Y le hacen sentir culpable.

 

Publicado la semana 9. 01/03/2018
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