Semana
06
Juan Palomo Calleja

ANDROID (Esquizofrenia)

Género
No ficción
Ranking
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Un androide es un robot u organismo sintético antropomorfo que, además de imitar la apariencia humana, emula algunos aspectos de su conducta de manera autónoma. Es un término mencionado por primera vez por Alberto Magno en 1270 y popularizado por el autor francés Auguste Villiers en su novela de 1886 L'Ève future.

Etimológicamente, "androide" se refiere a los robots humanoides de aspecto masculino. A los robots de apariencia femenina se los llama ocasionalmente " ginoides " principalmente en la literatura de ciencia ficción. En el lenguaje coloquial, el término "androide" suele usarse para ambos casos, aunque también se emplean las expresiones genéricas "robot humanoide" y "robot antropoide".

Llamemos Android a mi compañero en el  Centro de Salud Mental a quien  describiré en este apartado.

Desafortunadamente no es ficción científica lo que te voy a describir, sufrido lector; es más bien descripción de una realidad que le afecta a él puesto que esa es su realidad, y a otros enfermos mentales que tienen la media suerte de ser víctimas de una  evidente y manifiesta enfermedad mental fácilmente perceptible por la obtusa sociedad

Otros trastornos no son tan entendibles ni manifiestos a los ojos de dicha sociedad.

A la sociedad hay que ponerle las cosas muy fáciles

Android no tiene cura definitiva, pero sí estabilizante. Recibe cuidados y grandísimo amor por los terapeutas del centro de salud mental.

Está loco, pero no es un loco de chiste de locos, sufre un trastorno psiquiátrico, poca broma. Yo también lo estoy y lo sufro. Puede que tú también necesites asistencia psiquiátrica y ni tan sólo estás diagnosticado.

Tiene mi edad pero parece mucho más mayor. Su química cerebral innata es carente o excesiva, por lo que su vida no le ha tratado bien.

Pero no ha podido con sus preciosos ojos azules

Su percepción de la realidad está perturbada.

No es violento en absoluto, con lo que no se encuentra clasificado por los demás ingresados en el eslabón más bajo de la escala trófica de internos.

Android es a la vez entrañable y molesto.

Es entrañable porque se interesa por ti en los buenos ratos. Transmite una verdadera y particular empatía y un afecto sincero exento de maldad alguna.  Siempre te pregunta lo mismo, y nunca le respondemos con conmiseración.

Es molesto porque, en los malos ratos, suelta unas soflamas del copón. Nada que no le disculpemos los demás especímenes  que habitamos la acogedora Unidad de Agudos del Centro de Salud Mental.

Excepto, amigo Android, al compartir una pared de pladur contigo que separaba nuestras habitaciones. Cabeza con cabeza, la mía al Este, la tuya al Oeste.

Buenos y malos ratos no siempre siguen un patrón temporal exacto en un manicomio

Salvo cuando con puntualidad germánica me obsequiabas con  dos gloriosos y nocturnos momentos especialmente molestos para mi, querido Android:

1.- Te acostabas a las 20:30 todas las noches. A las 4:00 de la madrugada te despertabas  y, tras hacérmelo saber con tus incoherentes diatribas

2.- Alterabas definitivamente mi necesario sueño con unas pedazo de  pajas de magno resultado, por las que aún conservo una envidia insana. A pesar de que aparentes quince años más que yo, a onanista no te puedo superar.

Android sufre un evidente y manifiesto trastorno mental: es esquizofrénico de los graves, con evidencias incluso físicas que marcan su rostro y deambular.

Otros trastornos mentales como la ansiedad o la depresión no son tan evidentemente apreciables como enfermedad. Resultado:

- el entorno cercano no entiende nada y prejuzga con ligereza. Cuando hay diagnóstico le cuesta aprender y aceptar

- la sociedad actúa de igual forma, y cuando toca entender y aceptar no sólo le cuesta sino que estigmatiza al enfermo.

Nadie elige su enfermedad, sea cual sea el tipo, nadie elige ser un enfermo mental, nadie elige su trastorno. Si la calma y el equilibrio interior es anulada por la enfermedad esta anulación es consecuencia de la enfermedad.

La medicación no basta, es imprescindible un entorno informado que cuide, proteja y acompañe al enfermo. Como a cualquier enfermo.

El enfermo de ansiedad generalizada, o el enfermo depresivo mayor no tiene la culpa de serlo. Si el familiar le culpa por “hacer las cosas mal” nada le va a ayudar, ni a motivar sino todo lo contrario.

Pido la compasión con el enfermo, éste no puede escapar, ni siquiera puede explicar lo que le ocurre, y cuando lo intenta no son bien recibidas su explicaciones tomadas como excusas.

Con el lote de la enfermedad psiquiátrica van las creencias erróneas y dañinas del entorno. No es crítica, es exponer lo que siente el enfermo mental. Se de que hablo: “Eres como Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como”; “tienes más cuento que Calleja”.

 

Publicado la semana 6. 11/02/2018
Etiquetas
Tres colores: Azul , La Santa Inquisición , Despierto , Locura
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