Semana
04
Juan Palomo Calleja

DIXIE, EL RATÓN BETA

Género
No ficción
Ranking
1 78 0

Dixie. El ratón beta.

Éste no se me acercó, ni alejó, ni se movió ni nada. Estaba precipitado boca abajo sobre la cama con brazos y piernas en cruz. Gozaba su tercera siesta del día, la que va desde la terminación de la cena             – 20:15 -  hasta la hora de las últimas pirulas  -  22:30 –

Papeles de ingreso, el primer registro de pertenencias y la retirada de objetos no permitidos: cordones, antena de la radio, bolígrafo de metal, encendedor – y el tabaco – cinturón, documentación, dinero, mochila con tirantes, colgadores, colonia, desodorante, cortauñas, teléfono móvil, tablet, ordenador portátil, libreta con espiral, revistas guarras, gel, champú, suavizante, colonia, masaje, afeitadora, hidratante, aspirinas, enjuague bucal, alimentos, bebidas, peine o cepillo metálico, cordón del chándal, del pijama, lima de uñas, cartera, monedero, perchas, lamparita de leer, toalla larga, etc.

Te conducen a tu habitación para un segundo control, de cavidades. Tranquilo, no es tan humillante como en las películas de presidiarios.

La presentación no pudo ser menos halagüeña.

El enfermero abre la puerta y de inmediato mi pituitaria es ofendida por una atmósfera densa, espesa, ligada, tangible; un olor fétido, nauseabundo, absoluto, soez, ampulante más que ampuloso; un aire color verde y amarillo  macilento  marrón.

La nariz se arruga, la boca sellada, el ceño se frunce, los ojos se cierran llorosos  en vano reflejo defensivo, la cabeza se ladea, el cuerpo se contrae. Asoma la arcada.

Un caldero tibio con tripas de pescado podrido, cocido de tupper, mofeta muerta, diarrea sifónica, calcetines Erasmus, sobaco boxeador, de sepultado reciente,  jabalí momificado, y comino.

Un aire que embotellado a presión  lo mismo sirve  tanto para  anestesiar  - bien dosificado -, como  para asesinar.

Un aire tan sustancioso que podías mojar pan, y saciarte.

Un aire en el que podías dibujar con un palo.

Un aire con el que podías hacer un caldo

Un aire en el que te sostienes sin alas

Colgados de ambos lados de la cama y apuntando al suelo, dos pies, sobre los que de puro milagro se sostienen unos calcetines roídos, deshilachados, roturados, gastados, color oscuro casi negro, grosor mugriento,  trenzado semirígido, retales anejos a una  epidermis.

No creo necesario describir los dos pingajos que a modo de calzado  usaba mi querido compañero para deambular. Zapatillas bubónicas y yacentes.

Mi enfermero beta me introduce en la hedionda cámara.

Mi enfermero beta es un hombre  de raíces andinas, musical acento, escasa estatura, cuerpo más bien regordete, cadencial y armonioso, brazos ligeramente separados al andar, amable, ademán  impasible; y con una maestría en los brotes violentos que daba gozo de ver. Qué arte, qué dominio, qué precisión, ningún movimiento innecesario, qué llaves de contención perfectamente ejecutadas, qué control…

¡que de  hostias  recibía sin inmutarse¡.

Amor se llamaba, o algo así; nombre de sudaca de los que no sabes si es de macho o de hembra.

Yo, reprimiendo la náusea, digo: está durmiendo, ¿no le molestaremos?

Amor responde: no, para nada; ¿verdad Dixie?

nghñeee    

¡ Dixie, te presento a tu nuevo compañero ¡

Nghñe ¡  

Dixie tiene una situación familiar compleja. Como muchos de aquellos que sufrimos alguna enfermedad psiquiátrica. Dixie se duchaba todos los días, pero no se cambiaba la única ropa que tenía. La sanidad pública privadamente subcontratada no cubre la lavandería ni el  prêt-à-porter. También hay que decir que era un poco guarrete. Sus pedos eran memorables, aunque no se notaban con suficiente merecimiento en el ambientillo habitacional antes descrito.

Es esquizofrénico paranoide de los de verdad, pero si se encuentra estable es muy buen tío, y si no lo está también es buen tío.

Es muy inteligente, acertado y rico vocabulario, informático de profesión antes de la invalidez. Incapacidad Permanente (IP) lo denomina ahora la sociedad para la cual ya no es válido.

A él le debo el aprendizaje de unos cuantos truquis que no voy a revelar. Era mi ratón colorao beta. Lo dicho,  un veterano de cuidado y lo tenía al mismo ladito.

Cuando se le iba la pinza yo se lo hacía saber pasado un tiempo prudencial y con mucho cuidadito. Él se daba cuenta una vez se le pasaba el brote.

Pero cuando me soltó  que escondiera los calcetines porque los roban,  es que no me pude reprimir.

 

Publicado la semana 4. 26/01/2018
Etiquetas
Monty Python , La vida misma, Humor , Sírvase templado si dispone de una sonrisa que no termina de salir , Locura
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