Semana
36
Juan Palomo Calleja

UNA BIOGRAFÍA CUALQUIERA (I)

Género
No ficción
Ranking
0 82 4

UNA BIOGRAFÍA CUALQUIERA (I)

El primer recuerdo que el autor tiene es el de estar tumbado boca arriba, solo, rodeado de barrotes de metal,

y una red que cubría dichos barrotes a la que el bebé daba patadas en un vano intento de incorporarse. El bebé tenía miedo, mucho miedo. El bebé estaba solo. El bebé escuchaba desde su lecho el sonido emitido por la flauta de pan del afilador que anunciaba a la clientela su presencia. Y eso le provocaba miedo, miedo pánico, y estaba solo.

A su mamá le daba pereza llevarse el  bebé a la calle. Cuarto piso sin ascensor. Así que lo abandonaba a ratitos, para que empezara a acostumbrarse.

En defensa de su mamá diré que el bebé nació con cuatro kilos ben pesadets  como se dice. Tal como se lo recriminara de más mayorcito constantemente su mamá.

También nació por cesárea. Tal como se lo recriminara de más mayorcito constantemente su mamá.

La cesárea le dejó cicatriz. Tal como se lo recriminara de más mayorcito constantemente su mamá.

El nasciturus  venía pues de nalgas, como si ya conociera el futuro que le esperaba, culo en pompa para facilitar el trabajo cotidiano doméstico de su mamá al zurrarle.

Porque su mamá le dió de lo lindo cuando ya fué nato y al menos desde que adquirió memoria consciente; de neonato todavía no le pegaba.

Luego sí. Palizas de torturador del Santo Oficio, de detective duro, de policía fascista, de Gestapo nazi, de horfanato de monjas, y de curas, y de pobres, y de preñadas a ajusticiar; de apalear ropa jabonosa, y de colchón de lana, y de alfombra y alfombrilla;  y a férrea templanza, de martillo herrero, martillo carpintero, martillo apisonador; patadas a mulo cansado, a cerdo cometrufas, a perro robagallinas, a muletilla aspirante y a gitanillo hambriento y hurtante, a moroso decimonómico; golpes de los de machacar tapioca, y la del pulpo y de avellanas majadas, y del trigo duro, luego harina de pan; trigo duro, bien trituradito a sumir, someter y consumir.  

En la cara, en el cuello, en la espalda, en los brazos, en el culo  y en las piernas. En la cabeza no, no fuera que se volviera más tonto y torpe de lo que le recordaba su mamá con alta frecuencia sonora y temporal, las dos.

Bueno, alguna vez le propinaba -al descuido y sin posibilidad de esquiva-  una buena hostia que abarcaba la mejilla y oído, que le provocaba en el interior del cráneo un pitido  que sólo se atenuaba en tanto en cuanto se incrementaba la rojez dejada por la huella de la mano, de la suela de goma, o el palo de escoba; bueno, éste poco, la mamá muy limpia no era.

El ahora adulto no recuerda el motivo de tanta violencia. Qué culpa le hacía responsable de esos actos merecedores de tal brutalidad. El adulto no entiende qué delito cometió por haber nacido,  premonitoriamente de culo.

El ahora adulto comprende lo injusto de la responsabilidad sin culpa.

El autor hablará más adelante de ello. De la culpa y la responsabilidad, que no son la misma cosa.


¡ Ay mísero de mí, ay, infelice !

Apurar, cielos, pretendo,

ya que me tratáis así

qué delito cometí

contra vosotros naciendo;

aunque si nací, ya entiendo

qué delito he cometido:

bastante causa ha tenido

vuestra justicia y rigor,

pues el delito mayor

del hombre es haber nacido.

(...)

Sólo quisiera saber

para apurar mis desvelos

dejando a una parte, cielos,  

el delito de nacer,

qué más os pude ofender

para castigarme más.

¿No nacieron los demás?

Pues si los demás nacieron,

¿qué privilegios tuvieron

qué yo no gocé jamás?

(...)

La vida es sueño. Pedro Calderón de la Barca, compuesta en 1635. Fragmento. Monólogo de Segismundo, segunda escena de la primera jornada.

 

Publicado la semana 36. 07/09/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter