Semana
03
Juan Palomo Calleja

PIXIE, EL RATÓN ALFA

Género
No ficción
Ranking
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Pixie. El ratón alfa

Se me acercó inmediatamente después. Pectorales como pan de kilo, bíceps balón de playa, camiseta tableteada,  y dos columnas jónicas a modo de cuádriceps. Todos estos signos me indicaron que él y yo íbamos a ser amigos.

Era bajito, lo que suponía una ventaja, ya que así te agarraba los cojones  con mayor eficiencia  ergonómica.

Vistazo al entorno, caras de respetuosa aprobación; ¡ya tengo mi primer ratón colorao¡

Rostro marcadamente apolíneo, nariz aguileña, piel aceituna, pelo azabache. Arquetipo de gitano auténtico,  genética pura, gitano de pretérita generación hindú, de los de al menos ocho apellidos.

¿Gitano?; además buen negociante, éste será mi ratón alfa.

Es de los que se besuquean con todos los recursos humanos: médicos y  sanitarios cuando vuelven de vacaciones,  cuando le atendieron en otro manicomio, ambulancieros que lo trasladaron en otra ocasión, guardias de seguridad que lo ataron  –no sin antes ser obsequiados con un par de buenas yoyas-, psicólogas reincorporadas y demás especímenes loqueros.

A mayor abundamiento, sus padres son médicos, psiquiatras no más.

Muy buenos no serán …, con el hijo que les ha salido.

Yo, para ganarme su confianza, le entré un día con uno de mis siempre oportunos comentarios:

- ¿Tú sólo conoces médicos y enfermeros?

- Mayormente

- ¿Y tienes muchos amigos más?

- Pocos, ya sabes, con lo mío pues…

- Entonces todos médicos o terapeutas

- Sí, ¿por qué?

- ¡Porque entonces es que estás bien jodido¡

Pixie tiene un ojo paraclínico para detectar y catalogar la dolencia ajena.

En un parpadeo, te adivina el currículo del novato

Pixie sufre TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo

-“¡Qué gracia verdad¡, como en la película esa de Jack Nicholson, cómo se titulaba?  Mejor imposible?

-Sí, qué gracia, ja ¡. Me parto la caja.”

Yo y mi innata habilidad para hacer amigos.

Luego aprendí que los TOC las pasan muy putas.

Son raritos, pesados, reiterativos, gritones,  metepatas. Carne de colleja, repudio social, sin amigos, familiares los justos y espaciados.

Pixie, a mayor abundamiento, es compulsivo-violento

Cuando alguno tiene un brote violento, Pixie es el primero en mimetizarse con el paisaje, un camaleón  papel pintado. Desaparece el primero, tal como un híbrido de rata y conejo. Automático: se masca la tragedia y él ya no está. Adivinas su inmediato despiste por el cimbreo residual de las plantas a su paso.

Cuando vuelan sillas, y los primeros gritos, y los paranoides al rincón, las anoréxicas histéricas y su pataleo gallináceo, y el depresivo llorica, y el esquizofrénico risitas, y el psicótico delirante, los ansiosos zampauñas; las alarmas, “¡soporte en agudos¡” sanitarios Ala Subagudos al galope,  Ala Agudos al trote,  “¡mierda de teléfono¡”      “¡seguridad a la séptima, pero ya¡”, seguratas armario,  cinturones preparados, ¡que no me atéis hostia¡, enfermera jiu jitsu, enfermero sparring, ¡plaf¡, ¡crock¡, ¡bang¡,¡ñeeek¡, ¡splash¡, ¡tunda¡; platos, vasos, cucharas, tenedores: armas letales de queso daliniano

Estas escenas son muy ocasionales en los hospitales psiquiátricos de ahora, no como en los tópicos fílmicos tipo “Alguien voló sobre el nido del cuco“.

Pues el Pixie ya no está. Al cabo de un buen rato asoma la naricita desde su madriguera de comadreja, circunspecto; mejor dejarle un tiempo.

Tardó mucho en contarme lo suyo. Cuando ya éramos Pixie, Dixie y un servidor los tres ratones coloraos de referencia. Éramos imbatibles, los líderes de la manada. Los machos alfa. El complemento perfecto:         El gordo y el flaco, Los hermanos Marx, Martes y Trece, Mocedades,     El equipo A, Los ángeles de Charlie,  La escolanía de Montserrat, all i oli, fresas con champán, la puta i la Ramoneta.

Uno la fuerza bruta, el otro la astucia, y yo la inteligencia del cacho de cerebro que me quedaba.

Pixie tardó mucho en contarme lo suyo. Los TOC no son bien recibidos por la sociedad, en la sociedad de los locos tampoco. Sea por plastas o por violentos. Pixie tenía las dos cosas. Pero como fue cocinero antes que fraile lo gestionaba bien.

Los violentos son los peor considerados entre los internos. Cuando se les va la pinza se produce por efecto simpático una explosión simultánea de brotes. Toleramos todo menos la violencia Tenemos miedo-pánico a la misma, sea verbal o física, social y familiar. Muchos de nosotros hemos sido tratados violentamente durante demasiado tiempo.

Pero los locos no semos peligrosos.

Pixie se preparaba a muy alto nivel en halterofilia. Tuvo que dejarlo, claro. Lástima porque el físico le acompaña. Pero un trastornado  obsesivo violento compulsivo con una mancuerna de 20 kilos en la mano no marida bien.

Los TOC violentos las pasan muy putas he dicho. En un brote tonto pueden romper la cadera a una anciana, pegar a un niño o, con un cuchillo cerca, cualquier cosa.

Cuando vuelven en sí:  ¿ que he hecho ?, ¡pero qué he hecho¡.

Y como un miserable Judas caen más bajo por el dolor de la culpa.

Cuando se les reprime la violencia, la canalizan hacia sí mismos. Se autolesionan, incluso de chiquitos. Están llenos de cicatrices. No pueden con ella. Difícil de entender  por la sociedad.

Son expertos en meterse en broncas, sin ser capaces de valorar adversarios, ni lugar, ni medios, ni consecuencias.

 

Publicado la semana 3. 17/01/2018
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Donde solíamos gritar , Humor, Teatro del absurdo , Sírvase templado si dispone de una sonrisa que no termina de salir , cabeza
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