Semana
26
Juan Palomo Calleja

DEL CIELO AL SUELO en 26 semanas

Género
No ficción
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DEL CIELO AL SUELO en 26 semanas

 

Del cielo al suelo

del gozo al pozo

del bollo al hoyo

del ¡al fín! al fin

fueron 26 semanas

desde el alta hospitalaria de mi primer ingreso psiquiátrico por suicida. Esperanzado, optimista, concienciado; a la bajeza más absoluta tras la recaída.

Tres meses estuve abstinente, luego tres meses de recaída y mayor consumo. Veintiseis semanas.

Ya pasa, es lo que tiene una dependencia, hasta que no llega tu momento de curación recaes. Recaídas que se dan en muchas enfermedades, por cierto.

Y en las drogodependencias la recaída es la regla, no la excepción: menos de un 10% de los enfermos se recupera. Y esto es desquiciante para sus cuidadores. Lo comprendo.

Cumplido el sexto mes, encontrándome en lista de espera para un nuevo ingreso psiquiátrico me encontré, como suele decirse, en la puta calle.

Otra pareja hubiera aguantado cuatro semanas más hasta mi nuevo ingreso, la mía no lo hizo y nada voy a recriminarle por ello.

Podría yo dar unas cuantas excusas, pero no, ahora ya no me excuso. Yo fuí el único responsable de mis actos y de sus consecuencias. Nadie me obligó a ponerme a prueba con la primera cerveza protagonista de la recaída y, sin embargo, lo hice. Jugué con fuego y me quemé, es lo que tiene jugar con la dependencia: ella juega con las cartas marcadas.

Saturnino también se quedó en la calle.

Tampoco encontró un buen ambiente en el que curarse.

Seis meses de “tranquilidad absoluta” es el requisito mínimo e inicial para recuperarse de una dependencia, según me dijo mi psiquiatra. No tuvimos de eso ni Satur ni yo. Pero haberlo tenido tampoco es garantía de curación.

Saturnino salió del hospital psiquiátrico y llegó a su casa donde la bichosuegra lo esperaba, lo machacó desalmadamente, ésta se largó un par de semanas no sin antes dejar pagado a un abogado. Volvió al poco para verificar cómo estaba la cosa de la denuncia penal y la demanda civil contra el puto borracho ese. Se largó de nuevo una vez estaban selladas. Y luego regresó a casa de Satur con el imbécil, su marido, el fascista amargado, a echar al Saturnino a la calle también. Se encontraba a su vez en lista de espera para ingreso psiquiátrico.

Ingreso más ajustado a nuestras dolencias: Unidad psiquiátrica de Patología Dual (UPD).

22 plazas para una población de 500.000 habitantes.

Mi familia no consideró conveniente destinar una parte de su patrimonio  para pagarme una clínica privada, así que después de la recaída me colgué a la lista de espera de la Unidad de Patología Dual pública. Eran libres de decidir, lo respeto, era su decisión y decidieron no hacerlo. Lo criticable es que no se estuvieron quietecitos, sino que actuaron muy desinformados abonando sus propios criterios castigadores.

No me acogieron en el domicilio familiar, “tú te lo has buscado”. En la calle me quedé, bien. No he sido el único, a Charo también le pasó lo mismo. Te lo he descrito en la entrega anterior.

Recuerdo tener envidia de aquellos enfermos no duales: no psiquiátricos + dependientes,  a quienes sus cuidadores no abandonan como a un perro molesto.

Nuestra sociedad es menos condescendiente con quien abandona un perro que con quien abandona a un enfermo dependiente. Si es también enfermo psiquiátrico poco cambia la cosa. ¡Maldita estigmatización!

“Es más fácil destruir un átomo que un prejuicio”. (Albert Einstein)

 

Publicado la semana 26. 01/07/2018
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