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Juan Palomo Calleja

CHARO

CHARO

Charo tenía un bonito nombre, Charo tenía un bonito nombre y 51 años. Charo tenía un bonito nombre: María del Rosario. Era una persona.

Charo tenía un bonito nombre, apellidos - Endrinal Petit-, tenía 51 años  y algunos cartones, poco más. Tres energúmenos la quemaron viva rociándola con disolvente y prendiéndole fuego en el año 2.006

Llevaba mucho tiempo entre cartones, al menos 11 años.

Al segundo día de dormir en la calle le robaron el abrigo de visón con el que pretendía abufandarse la primera y siguientes noches que pasaría al raso.

A la segunda noche tuvo que conformarse con los cartones ya que le robaron el abrigo.

A Charo le gustaba leer y recitar en voz alta poemas del mexicano Amado Nervo. También escribía cuentos cortos.

Bueno, eso era antes de morir tras dos días de horrible agonía en la unidad de quemados del hospital Vall d´Hebron de Barcelona.

Una mala noche unos niñatos hicieron una antorcha humana con el 70% de su cuerpo. En un cajero de " La Caixa".

María del Rosario Endrinal Petit bebía últimamente coñac, y cerveza y lo que fuera. Drogas no, ella no se drogaba, aunque no hubiera sido nada extraño.

Arrastraba una pierna vendada, iba sucia y hablando sola.

No pudo pagar su último coñac que le fiaron para el día siguiente. No pudo porque el día siguiente, y el otro, agonizaba en la unidad de quemados del hospital Vall d´Hebron de Barcelona.

María del Rosario tenía familia. Una madre y una hija de 24 años al tiempo de su muerte, y un yerno. Chantal se llamaba su hija, nombre de claras reminiscencias francesas.

Porque Rosario hablaba perfectamente francés y se sentía atraída por la cultura francófona.

Charito nació y creció en el barrio barcelonés de Sants. Estudió primaria en el colegio religioso Divina Pastora, vestía el uniforme de la escuela: falda plisada hasta la rodilla, blusa abotonada hasta el gaznate, chaleco disimulador de formas  y chaquetita; todo colores blanco, verde y rojo apagados.

A sus padres Charito les salió lista y aplicada. Cuando el bachillerato era principalmente para hombres, futuribles universitarios, ella - mujer - lo cursó con éxito. Apuntaba maneras de progresión social, dentro de las posibilidades que las mujeres todas necesariamente sumisas casaderas tenían por entonces.

Charito era alegre, sensible, inquieta e interesada por el arte. Sacaba muy buenas notas y, como era necesariamente menester en las señoritas de entonces, tenía muy buena letra.

Estudió bachillerato en la Academia Peñalver, del barrio de  Sants también.

Estudió con un tal Quim Monzó, compañero de clase que parece ser ha devenido escribiente de cierto éxito.

A María del Rosario Endrinal Petit sólo le quedaba un amigo cuando la achicharraron a lo vivo, era don Luís Riera, abogado en general y su amigo en particular; el único que se le ponía al teléfono.

Éste se cuidó muy mucho de hacer saber, manifestar incluso con vehemencia y hacer publicitar lo siguiente:

"Quiero aclarar que no era una indigente sino un ser humano, una señora. Era una mujer de gran clase, física e intelectual. Una mujer que fue secretaria de dirección, que hablaba francés perfectamente. Una mujer que nunca se drogó" (Pág. 154)

Creo que de esta cita literal lo único que  he obviado antes es que Rosario era secretaria de dirección. Trabajaba en la cadena francesa entonces llamada PRYCA. Charo era un “bonbon” y uno de los jefes se enamoró de ella.

Y cuando a Charo el apuesto jefe francés la llamó “chérie”, pues el enamoramiento también llegó a recíproco.

Recíproco por poco tiempo, ya que al año o poco más el francés la cambió por otra y la dejó aparcada en el sur de Francia; aparcada pero sin dejarle algo de suelto para el parquímetro, ni para el alma.

Y esto no lo pudo superar.

Te parecerá extraño, amigo lector, que un desamor como el descrito no pueda ser superado tras el período de duelo habitual, pero no prejuzguemos y mucho menos juzguemos con criterios racionales algo tan irracional como el amor,

o el trastorno mental.

María del Rosario se piró con el francés, abandonó la familia y se fue al extranjero. Plantó al  marido; la hija adolescente quedó al cuidado de la abuela. Se había amancebado en torpe concubinato con un tipo que la obnubiló. Cambió sus perennes responsabilidades personales, familiares y profesionales por una pasión obscena, adúltera y pasajera.

Y, claro, cuando el madurito resultón la cambió por otra  su familia la juzgó, sentenció y castigó sin piedad, con lo que se merecía, en justa correspondencia o venganza al dolor causado, le dieron lo suyo pero bien bien bien.

María del Rosario llevaba dos años sin hablar con su hija antes de morir.

Amigo lector: nunca culpes al entorno del sujeto enfermo, así como que nunca debes culpar a éste. No seamos jueces ni de unos ni de otros. Y si alguien quiere tirar la primera piedra, que hurgue primero en la mierda que bulle en el caldero de su casa.

Charo no se recuperó del desamor, ¿sufría algún trastorno psiquiátrico no detectado?, ¿disimulado?, ¿mal tratado o mal seguido? ¿Experimentaba algún desorden mental a pesar del cual seguía siendo productiva para la sociedad?  ¿Acechaba el trastorno a la espera de la mejor ocasión para cazarla como una presa, y comérsela? ¿Era un mero trastorno de la personalidad?

Nunca lo sabremos, pero tenía muchas papeletas de la tómbola psiquiátrica.

¿Todavía crees que a tí nunca te podría pasar?, ¿que no tienes ni tendrás una afectación psiquiátrica?, ¿que nunca, bajo ningún concepto, serás enfermo/a dependiente?.

Charo nació sentenciada, pero a su muerte la sentencia judicial dictada no le hizo justicia:

María del Rosario Endrinal murió 28 horas después de sufrir la agresión: "La muerte le sobrevino tras una larga agonía, producida por las extensas quemaduras en zonas corporales especialmente sensibles (...) resultó afectado un 70% de su cuerpo. Cuello, cráneo, tórax, espalda, glúteos, vulva y clítoris, extremidades y zonas faciales (...) “

 

Charo era  un ser humano, una señora. Era una mujer de gran clase, física e intelectual.

Una persona, como tú.

 

Fuente:

La noche que quemaron a la mendiga.

De Arturo San Agustín . Ediciones La Esfera de los libros, S.L. 2.006

 

Publicado la semana 25. 20/06/2018
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