Semana
24
Juan Palomo Calleja

SI NO LO DIGO POR MALMETER, TU SABES LO QUE TE APRECIO PERO DEBERÍAS...

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No ficción
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SI YO NO LO DIGO POR MALMETER, TÚ SABES LO QUE TE APRECIO, PERO DEBERÍAS …

pesadita la vecina si no se entera de nada piensa que con discursitos aparentemente amables se te arreglan los sesos ahora entiendo a Barrabasa mi anoréxica preferida (*) a ver lo que tarda en empezar a faltarme al respeto y a la poca dignidad que me queda a ver si se cansa que termine esto por favor espera mi reacción pero no sirve de nada ella a lo suyo que si patatín que si patatán que si los hijos que si tienes UN problema que si eres todo un profesional que si con un poco de esfuerzo....

“¡PERO REACCIONA COÑO!”

otra como mi familia buenas pero firmes palabras que si has de curarte de lo tuyo de la toxicomanía claro lo otro no cuenta lo de la neurotransmisora serotonina que no me alcanza eso son chorradas y excusas mías que luego las pastillas harán su efecto y todo solucionado con los problemas que doy qué podemos hacer mi madre no  con mi madre ya no me hablo el hermano tampoco, me veía como un referente inalcanzable provocado por los profesores que antes me dieron clase a mí que si tu hermano mayor por aquí que por allá que parece mentira que te apellides igual fíjate lo estudioso y aplicado que era que tú no te esfuerzas lo suficiente y fíjate tu hermano mayor a la universidad y tú a secretariado... y el hermano mayor fuerte inteligente trabajador echado a perder porque tiene UN problema con el alcohol y la droga y que si no nos lo merecemos  (parece ser que sufren todos menos el enfermo); no, dicen que yo no estoy enfermo sólo tengo UN problema que si ingresa a desintoxicarte que si …

 

“¡DESPIERTA YA COÑO!”

“¡Y no me vengas con cuentos, que tienes más cuento que Calleja!” (**)

 

Amigos, conocidos, saludados y vecinos, de cuidadores esos que YO LE QUIERO MUCHO PERO QUE SE LE ESTÁN ACABANDO LAS OPORTUNIDADES.

La persona enferma de un trastorno mental necesita imperativamente una medicación ajustada a sus disfunciones químico-cerebrales que, en el mejor de los casos, podrá evaluarse tras más tiempo del que se espera. Si se cronifica la enfermedad psiquiátrica, mal asunto.

En etapa mayor, magna, delírica sus actos no son racionales.

Los medicamentos que inciden para la mayor mejora posible tardan tiempo en producir efecto, y no siempre se acierta con la cosa química de entrada, debe estar ajustándose, y si se llega a dosis máximas como en mi caso pues... Si ya el paciente ingiere por su cuenta y riesgo algún que otro vinito en exceso y esa cosa tan rica que ha pillao, es entonces necesario un tratamiento para su patología DUAL.

En más ocasiones de las que nos pensamos, las drogodependencias son una consecuencia del trastorno mental  previo. No siempre a la inversa.

Los psiquiatras y psicólogos se basan en su experiencia y en la información que les facilitan los pacientes y cuidadores que, estando los primeros trastornados mentalmente, y los segundos desconcertados, manifiestan unas impresiones  que deben ser filtradas-procesadas-analizadas-interpretadas en virtud de la situación emocional del paciente, de su entorno, de las posibles agresiones y acosos externos que perciban, de la adivinanza químico-cerebral (sin radiografías), de su momento vital y una serie de factores que sólo ese sufrido colectivo médico conoce y vocacionalmente trabaja por conocer cada vez mejor.

Queridos mil mejores amigos del cuidador: ¿aconsejarían a éste mandar a tomar por culo al enfermo de cáncer?

Pues cállense la bocaza si el enfermo lo es de carácter psiquiátrico y dual. Hablen del tiempo si coinciden en el ascensor.

Yo no escogí mi enfermedad. Yo no estaba en fase aguda y crónica de mi trastorno psiquiátrico por gusto. Yo no me quería suicidar. El enfermo mental no se cura con la mera voluntad de curarse. Necesita ayuda, cuidados, protección, acompañamiento. Y terapia, mucha terapia que no se recibe de la sanidad pública.

Yo no devine enfermo dual: psiquiátrico + tóxicos, por ser un juerguista, vividor, gandul, vicioso...

Pero soy juzgado en términos equivocados: adicto despreciable y perezoso, un miserable sin voluntad de controlar mis sucios impulsos.

No, el alcohol al principio me tapaba el dolor, dolor emocional, cuando duele el alma no hay donde poner la venda con lo que así me aliviaba con el tóxico engañándome a mí mismo; luego me ayudaba a evadirme porque no había ya forma de animarme, luego me anestesiaba, luego me intoxicaba seriamente -me daba igual, si me mataba mejor-, luego ya quería morirme pero no me mataba con la celeridad buscada ni me anestesiaba tampoco, luego vino la droga, tampoco me mataba, luego lo de matarme era la única salida, luego me intenté matar, luego casi me mato.

Estuve ingresado 21 días, al salir quedé al cuidado de mi entorno, no es que no lo hicieran bien, es que decidieron por su cuenta hacerlo muy mal. No les juzgo como ellos hicieron conmigo, les comprendo y respeto. Estaban en su derecho.  

Sí, me hago responsable de mi primer atracón etílico; sí, me hago responsable de mi primera raya pero, ¿por que el juicio previo a la condena y castigo?

Porque mi entorno familiar optó por ello: juzgaron condenaron castigaron. Estaban en su derecho.

La vecina al comerme la cabeza lo hace con buena voluntad pero escaso resultado, todo lo contrario.

Pasa el tiempo y no se produce mejoría psiquiátrica, incluso empeoras o recaes en la toxicomanía de nuevo. Se tiende entonces a hacer únicamente responsable al enfermo, que no se cura porque no quiere.

O no se cura porque se emborracha o se droga. Y sí, es responsable de esto último pero ¿cuál era su grado de conciencia?, ¿era igual de libre que otra persona no trastornada?, ¿cuál ha sido su trayectoria vital?.

Cuando el enfermo recibe incomprensión o  comentarios desacertados del tipo: “¡levántate ya, que tienes que salir a jugar con tus hijos!”, pues se incrementa la inmunodepresión. La depresión no te lo permite, la ansiedad te paraliza. Si los comentarios son más insultantes y agresivos, lejos de motivarte para tu curación te das argumentos para la huída tóxica, automanipulación se llama.

Y para no recibir esos comentarios o recibir incomprensión te callas, no te manifiestas, con lo que incrementas el desconcierto del entorno. Y sigues alimentando tu culpa, te sientes culpable del sufrimiento que les provocas. Y te largas, escapas, buscas de nuevo el alivio del tóxico.

Querida vecina, ponte en mi lugar. No siempre, sólo por un momento un ratito, hoy.

Querida vecina, me siento juzgado por alguien que sólo conoce mi nombre, el piso y poco más. No sabes cómo he llegado hasta aquí.

Querida vecina, me siento prejuzgado, sólo contemplas uno de los dos componentes de mi patología dual, el segundo y tóxico, el más escandaloso y evidente. Soy un borracho, vale, pero hay más cosas.

Querida vecina, quieres ayudarme, pero haciéndome encajar en tu esquema mental. Y yo las estoy pasando muy putas desde hace muchos años, aunque sólo sea toxicómano desde hace tres; el tratamiento es más largo y difícil de lo que crees.

Querida vecina, no voy a reaccionar a lo que tú me digas. Ahora mismo ni te escucho, y eso que te diriges a mí con corrección y educación, algo excepcional últimamente habida cuenta la que me está cayendo.

 

(*) Barrabasa, anoréxica, recibía igual trato. Me lo explicaba y me identificaba con ella. Entrega 5

(**) La igualdad  del nombre del escritor de cuentos infantiles escolares don Saturnino Calleja con el segundo apellido del autor de estas notas es mera coincidencia.

 

Publicado la semana 24. 12/06/2018
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