Semana
23
Juan Palomo Calleja

TU cara es el espejo de MI alma

Género
No ficción
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TU cara es el espejo de MI alma

“No soporto a los suegros de Satur, la Inmaculada de las Angustias y el Isidro Torquemada Astray. No los conozco pero no los soporto. Me producen mucha rabia esa gentuza. Siento un odio muy grande.”

Satur me los describía y a mí se me retorcía el estómago - de asco, no del hambre que pasábamos en el CSM -. Sentía rechazo, odio.

Mala gente, sí, pero ¿por qué mi rabia hacia ellos?

Satur y yo recibimos el alta casi a la vez, y seguimos en contacto. Yo no tuve el recibimiento que me esperaba, él tampoco. Pero lo suyo fué terrible: se encontró con la suegra instalada en su casa.

El bichosuegra, muy tóxico, veneno puro. Y el Isidro Torquemada, la soberbia rigidez  hecha verbo y carne.

Te la he descrito en la entrega 20, el suegro en la 22.

 

¿Y a mí porqué me daban tanto asco esa señora y ese señor?.

 

Ley del espejo, lo que ves en el otro es un reflejo de tu ser:

Esa característica que nos desagrada especialmente de una persona suele encontrarse en nuestro interior.

Es una "proyección psicológica":  mecanismo de defensa por el que atribuimos al otro aquellas actitudes propias inaceptables para nosotros.

¿Por qué es un "mecanismo de defensa"?: porque nos duelen esos propios y perniciosos sentimientos e incluso acciones que uno mismo siente o realiza.

No los reconocemos conscientemente para no sufrir, no nos gustan nuestros errores o carencias, pero ahí están, y lo sabemos (o lo podríamos saber), pero los tapamos ya que suponen una amenaza  para nuestra tranquilidad: reconocerlos duele.

Nos negamos esas características atribuyéndolas al otro, así evitamos el malestar de reconocer actitudes erróneas en uno mismo. No quiero decir que nos inventemos esas actitudes odiosas del otro, es que esas actitudes perniciosas nos afectan especialmente a algunos, a otros no tanto ya que no se sienten inconscientemente identificados con esos aspectos de la personalidad del tóxico.

No, ahora no, Juan; ahora sientes compasión por aquellas personas sin autoestima, que no aceptan sus limitaciones, absurdamente perfeccionistas, que poniendo al otro por debajo se sienten superiores, combaten la inseguridad con el control y la sumisión sobre el que no puede escapar, listas al desprecio, sin humildad, buscando siempre la aprobación de los demás, el reconocimiento que nunca llega,  siempre con el YO, YO y YO, victimizándose, viendo agresiones personales en donde no las hay y reaccionando con igual o mayor virulencia que la percibida, intolerante a la crítica, a la mera sugerencia, autosuficiente y sin pedir ayuda, juzgando al otro, condenando, castigando…

… Palomo, tu eras así.

Juan Palomo: has pasado toda tu vida adulta cocinando el guiso que ¿te has comido?; no, que te has tragado como antídoto a tu malestar e infelicidad. No has estado dispuesto a probar otros platos que se te ofrecían porque eso suponía revisar tus actitudes. Has sido un egoísta de los malos, no de los buenos.

Yo era muy  inflexible, lo que aparenta seguridad, pero en el interior se oculta una gran inseguridad, queda tapada por la fachada de tío duro. Era mi zona de confort, la cabezonería me daba confort y alejaba mi inseguridad y miedo

La flexibilidad mental tiene grandes ventajas, pero antes hay que trabajar algunas actitudes, en especial la humildad. Sin perjuicio de la inflexibilidad en determinadas y evidentes situaciones, que siempre deben analizarse de forma sosegada. El truco está en dar una respuesta adecuada a la situación real, no según los parámetros de la automanipulación.

No modificar los esquemas mentales y los hábitos alimenta la depresión, las ideas negativas recurrentes, el dolor;  acalla la ansiedad pero exalta la depresión.

El YO por encima del otro, que es muy tontico y no se entera. El mal egoísta se cree superior, tiene el ego muy subidito y se comporta como un cabrón, muy susceptible a la crítica ante la que reacciona con violencia. El ególatra de toda la vida, vamos.

El buen ego-ista se quiere a sí mismo, tiene auto-estima. El que se ama a sí mismo se acepta, tiene amor propio ya que es consciente de sus límites y los acepta,  estima sus carencias como propias e inherentes a toda persona, se responsabiliza, afronta, se perdona, perdona y pide perdón, resuelve situaciones desagradables, no se culpa ni culpa a nadie de sus actitudes y actos, así como sus consecuencias. Con humildad, con apertura de miras y oídas.

El que se autoestima sabe lo que vale, y se hace respetar con respeto, con asertividad, con firmeza pero corrección manifestando la disconformidad, los sentimientos que se le generan con la manifestación de contrario y, porqué no, dejando al otro con la razón y la palabra apartándose de la toxicidad sin entrar en el juego del reproche mutuo.

El buen egoísta comprende, respeta, empatiza y se deja sentir a sí mismo. El buen egoísta es consciente de sus emociones y sentimientos, de su personalidad en crecimiento y, no sólo se acepta sino que se quiere, pero se quiere de verdad, no de mentirijillas que autojustifican el no reconocerse, el no mirar en su interior y aceptar sus actitudes incorrectas para corregirlas.

¿Emociones, sentimientos?, ya te contaré. A mí me costó mucho. Me blindé desde pequeño no dejándome sentir y, además, culpando exclusivamente a los demás de mi malestar.

Mal asunto, no puedes escapar de tus sentimientos, puedes ignorarlos pero te haces daño, y haces daño.

Yo era un egoísta (de los malos, los ególatras), un soberbio, un inflexible, porque no me quería, sin amor propio.

Y así me fue…

 

Publicado la semana 23. 06/06/2018
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