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Juan Palomo Calleja

ISIDRO TORQUEMADA ASTRAY

ISIDRO TORQUEMADA ASTRAY

La señorita María Inmaculada de las Angustias casó con el señorito Isidro Torquemada Astray. Tuvo suerte doña Angustias porque según le confesó a Saturnino: “éste era el que menos asco me daba“.

Don Isidro Torquemada se sacó el cursillo de perito mercantil en una academia con nombre de  monje y soldado

Gracias a que a su papá fue destinado a la capital del Reino, fué enchufado el Isidro en la sede central de una multinacional de productos electrónicos llamada HAL ENTERPRISES INC.

Don Isidro recibió como premio a tantos años de empleado mediocre el correspondiente reloj. Sin duda en agradecimiento a las muchas horas que pasaba en el despachito donde lo aislaron de las personas que trabajaban. Don Torquemada se ganó el reloj premio especial tras 25 años, no por su productividad, empatía, sinergia, proactividad, o inteligencia laboral emocional, sino por el mogollón de horas que echaba cada día. Fugábase de su casa tempranito, de amanecida, todas las mañanas; y lo echaban de su chamizo fabril el personal de limpieza y mantenimiento a las nueve, de anochecida.

Regresaba a su casa despacito y gastando tiempo a lo tonto, ya que procuraba no llegar antes de las diez de la noche a la morada en la que cohabitada con doña Angustias – alcohólica de manual, no te lo he explicado antes, pero sí: alcoholizada y violenta - y cuatro hijos pequeños que ya se habían escondido de la borracha, acurrucados bajo sus frazadas hasta la mañana siguiente.

Don Isidro Torquemada anda todavía muy erguido, soportado por  dos piernecicas de Pinocho, sobre las que a su vez se asienta un culopollo que no llena los pantalones de un pigmeo. Por encima de su culillo y en dirección opuesta asoma una barrigaza de prominente volumen, abultada superficie, perfectamente semiesférica, cuyo diámetro insultante provoca una media circunferencia  quasi perimetral: panza de cinturón a medida. En dicha panza se asientan dos tetas de batusi hembra con demasiados hijos muertos de hambre. Su jeta luce una permanente mueca como de estar mascando mierda, todo y que un mostacho fascista cubre en parte su grotesca faz.

De pequeño ya apuntaba maneras: era un imbécil repelente hijo de héroe de la patria. Sus compañeros de colegio se hartaron de él y le soltaron una patada en  los genitales que le reventó un huevo. No se lo pudieron salvar así que desde entonces le llamaban monogüevo.

El papá del Isidro le consolaba tras el incidente, al jefe del papá también le faltaba una gónada y dicho jefecísimo de los ejércitos mandaba fusilar y agarrotar que daba gusto. Así que el nene también podría llegar a donde quisiera a pesar de tal aligeramiento.

El cojón restante siguió produciendo soldaditos ya que  folló cuatro veces con su esposa.

El papá del Isidro fue héroe de Santa Cruzada. Dirigía los pelotones con gran eficiencia. Usaba un sable reluciente que era un primor. Remataba con una Baretta muy bien engrasada que nunca se encasquillaba, era un genocida muy misericorde con los moribundos todavía  no muertos, quienes no lo fueron por su Dios y por su Patria. Te darían ganas de hacerte fusilar sólo con ver el porte del psicópata ejecutor.

El jefecísimo del asesino  lo condecoró con cantidad y diversidad de medallas ganadas en su lucha por la unidad de destino en lo universal, por la Gracia de Dios.

Luego llegó a ser el papá del Isidro Teniente Mayor del Generalísimo de los ejércitos, menudo honor.

El papá de don Isidro Torquemada Astray gobernaba su casa con igual criterio militar que en el trabajo. Bueno, en su casa no fusilaba, pero mandaba mismamente igual.

Y así le salió el niño.  

Militar no le salió. Al Isidro le gusta mandar, dirigir, ordenar sin réplica alguna. Imprime a su vida una conducta dictatorial, de dictado, es decir: yo te digo exactamente lo que tienes que hacer tanto de forma como de fondo como de pensamiento como de palabra como de obra como de omisión, si no lo haces como yo digo eres despreciable.

Pero no pasó de cabo chusquero, por imbécil y porque encima de él había una larguísima cadena de mando, por debajo sólo estaban los quintos novatos.

Su opinión no es opinión; es norma, dogma, axioma, ley universal ininmutable nacida del Derecho Natural, del suyo, claro; no del que los jurisconsultos entienden como tal: Ley bien definida y determinada, universalmente aceptada con la que si no cumples cometes delitos de gravedad magna, evidentes e impropios de la bonhomía, de lesa humanidad incluso. Ahora no se fusila ni se agarrota, así que sólo cabe el grito, el insulto, el desprecio, la crítica, la amenaza y el castigo sobre aquellos en los que tenía autoridad: sus nenes.

Y así le han salido.

Uno de los nenes, el segundo, era la mujer de Saturnino,  la segunda con la que desposó el pringao.

Por lo demás, no tiene amigos el suegro de Satur. Ya lo he dicho, es un imbécil, va de sobrado pero no tiene ni media hostia –física e intelectual-, razón por la cual no se la metes por muchas ganas que tengas. Simplemente lo desprecias en silencio y lo evitas, si puedes.

La familia no aparece por su casa, entre la borracha caciquil y el fascistoide alferecillo, aquello es inaceptable para quienes pueden escoger no arrimarse a dicho nido de víboras. Él, sabedor del desprecio que provoca, tampoco hace muchas visitas. Ocho años estuvo sin visitar a su hija, la esposa del Satur. Nunca perdonó don Torquemada que ésta se enamorara de la persona que él no eligió para ella.

Muchos años tardó en aparecerse por la casa de Satur y su esposa. Y su entrada fue triunfal, en términos guerracivilistas. Hizo su entrada el alferecito cuando el Satur ya había sido macerado por los jugos gástricos de la suegra que lo recibió tras el alta del ingreso psiquiátrico.

Cuando me contó el Satur que el suegro también se metió en su casa pensé: “te vas a encontrar en la puta calle ya mismo”

Decía sobre el entorno del sociópata de mierda del Isidro que los novios y novias de sus hijos tampoco aparecían por el castillo de los horrores, donde fijaron su asquerosa madriguera esa pareja de hienas rabiosas. Los dos maridos de su descendencia, lo menos posible. Casi nada.

Como ha quedado escrito más arriba, la Angustias y el Isidro matrimoniaron, fructificando cuatro hijos. Sigo sorprendiéndome de tal florecimiento cuádruple, no me explico descencencia alguna tras la conjunción con un micropene que apenas rozó el virguito del coño impodado de la Inmaculada; no maculada habida cuenta las pocas gotillas seminales procedentes de un sólo huevo residual de progenitor con excesiva mala leche.

¿A qué vienen estas referencias biográficas?. Pues que uno de los cuatro hijos es la mujer de Saturnino, la segunda, de la que empiezo a deducir un carácter sumiso, pobre, abúlico, pasivo fruto de una crianza represiva. Sin perjuicio de una escasa capacidad de adaptación, aprendizaje, resolución, empatía y responsabilidad.

Y dudo de ella porque siendo hija de ese par de zoquetes narcisistas, perversos y ególatras, la consecuencia de la crianza es una personalidad sin autonomía y de inexistente autoestima, de la mujer del Satur.

Un genio el Saturnino escogiendo hembra.

A la ególatra taimada con la que casó en primeras nupcias le sucedió una esposa sumisa dependiente de dos titiriteros malasombra, en su  mochila iban dos fascista-narcisistas que no les dejarían en paz en sus años de convivencia, ni a ella ni a Satur.

¿Cómo no detectó dichas disfunciones, con lo listo que es?.

Saturnino de sus padres poco habla, lo que voy reproduciendo en estas notas ha sido obtenido con mucha táctica descuidera y sin que se notara el disimulo. Detecto un trauma de los buenos. ¿Sufrió violencia física de pequeño?, ¿agresión o descuido psicológicos en su desarrollo?, ¿ausencia de respeto recidivante de mayor?.

Tengo para mí que interiorizada como normal dicha personalidad perversa y tóxica, no se le dispararon las alarmas ante sujetos de esa índole.

Normalizar una relación tóxica es el pasaporte a la perpetuidad de dicha situación: con la perversa relación inicial y sucesivas.

Y Satur experimentó desde chiquito una familia tóxica, tuvo un primer hijo con una señora tóxica, y casó por segunda vez con una abúlica con la que pensó no le haría daño por sumisa; pero no se le encendieron las alarmas con dos de los seres más malévolos que uno pueda imaginar, los suegros: el papá y la mamá de su pareja.

La Angustias y el Torquemada fueron niños que vivieron una infancia en un entorno dictatorial, chulesco, soberbio, contaminado ideológicamente. Luego adultos infelices, frustrados, insatisfechos, sin autoestima, fracasados.

Y violentos.

Escribo rememorando como yo sentía tiempo atrás frente a sujetos de esta naturaleza, pero ahora los contemplo con compasión por su existencia menos que mediocre. Antes me generaban rabia y asco;

emociones que me perjudicaban.

 

Publicado la semana 22. 29/05/2018
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Somos novios de la muerte
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