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Juan Palomo Calleja

TOXICIDAD A DOMICILIO

TOXICIDAD A DOMICILIO

Saturnino ingresó en el Centro de Salud Mental con un cuadro ansioso depresivo suicida; pero también con un importante alcoholismo y principiado coqueteo con la cocaína.

La enfermedad mental de treinta años de evolución, la dependencia desde tres años. Enfermo dual devino entonces.

Esto significa que ignorancia, prejuicios y estigmatización de la enfermedad mental pasan a serlo de ésta y, además, de su drogodependencia.

Veintiún días en un hospital psiquiátrico dan para lo que dan: aislarte de amenazas reales o percibidas exteriores, cuidarte de nuevos intentos autolíticos, recuperación de rutinas y hábitos saludables, ajuste de la medicación, tranquilizarte y sosegarte. Poco más.

Sales bien, comparado con tu estado a la entrada, pero no curado.

Quedas al cuidado de tu entorno familiar y éstos hacen lo que pueden, o lo que quieren, son libres de decidir y se les debe respetar por ello.

Aprovechando la recuperación de hábitos y medicación exenta de sustancias tóxicas, sales con una base necesaria pero no suficiente para iniciar la verdadera recuperación de tus dos patologías.

Saturnino llegó a su casa desde el CSM y se encontró a su suegra, doña Inmaculada de las Angustias, quien había tomado plena posesión y dominio de la misma, de la casa de Satur. De su hogar donde debía iniciar un proceso de recuperación dual, de su trastorno de ansiedad magna y su dependencia.

La Angustias, un mal bicho, es la prota de la entrega anterior, recuerda.

Derramada en el sofá del salón, custodia del mando de la telemierda de nunca apagar, oído atento a toda conversación; siempre una frasecita, un insultillo, un  desprecio, un juicio, una sentencia, un grito, orden, crítica, lección moral, axioma indiscutible; sabionda de pacotilla, enciclopedia yacente, encantada de olerse sus propios pedos.

Una hijadelagranputa, o más respetuosamente dicho: una persona tóxica; e intoxicada en su propio veneno que a modo de espumarajo lenguaraz y gestual escupe en la cara y en el alma de sus víctimas.

Esparcía sus flácidas lorzas por todo el sofá, a la vez que expandía su bocaza con profusa mucosidad purulenta-verbal por todas las estancias. Omnipresente, omnisciente; omnívora víbora.

Cuando me llamó por teléfono Satur para decirme que la suegra se había desparramado sine die en el sofá de su casa pensé: “lo tienes jodido, chaval, recaída en cero coma; y peor que antes”.

No le estoy excusando la recaída futura, sólo comprendiendo que sin un entorno tranquilo no te curas de la ansiedad. Tampoco de sus consecuencias drogodependientes. Incrementas la primera y las segundas; de cajón, ¿no?.

Personas tóxicas, huye de ellas si puedes

Primero aprende a identificarlas, es difícil ya que son encantadoras y aparentemente maravillosas y, además, posiblemente las personas más perniciosas para tu estabilidad emocional son las más cercanas, forman parte de tu ascendiente o entorno más íntimo, familiar o profesional.

No las puedes cambiar, ni convencer, tus argumentos rebotan contra una fachada pétrea, imperturbable. Tienen la jeta más dura que un cuerno de vaca. Falsedad teatrera, mentira sutil o descarada.

Tú sí puedes cambiar, evolucionar, crecer como persona; no puedes hacer que otro cambie si éste no quiere, y el ególatra no quiere.

Tienes tres opciones:

a.- enfrentarte  a la persona tóxica

b.- evitarla

c.- gestionarte para que su perversidad no te afecte

Convencerla para que cambie de actitud no te hace bien.

Valora si te enfrentas a ella, tu desgaste será mucho mayor que el suyo. Así que no te propondré el enfrentamiento sino tu gestión emocional frente a dicha persona si no la puedes evitar o alejarte.

Por el momento sí puedes pararla haciéndole saber con corrección y serenidad cómo te sientes, qué te genera a tí su manifestación. En el momento, no después en plan resumen de agravios.

Si no te sientes capaz ni siquiera de expresarle  las emociones dolorosas que te produce, vete.

Si es impermeable a tu dolor, vete.

En cuanto a tu gestión emocional te lo explicaré más adelante.

Ten en cuenta, en primer lugar, que son gente lista, no necesariamente inteligente pero con la habilidad de encontrar el modo de expandir su negatividad, crear un ambiente irrespirable, contagiarte de su conflicto interior.

Porque son gente muy infeliz, amargada, frustrada que palían su dolor interior haciéndote partícipe de él y explosionando su mala bilis.

No busques una explicación racional a sus actitudes, una lógica “normal” en sus manifestaciones; no puedes entenderlas desde tu punto de vista. A lo sumo advertir su amargura como detonante de sus comportamientos con consecuencias perniciosas para tu tranquilidad, para tu paz interior. Están en guerra consigo mismas, son infelices, frustradas, y buscan culpables y provocan guerra exterior para no remover en el interior de sus carencias emocionales.

Son especialistas en el “pues mira que tú”, “y tu más”. Nunca se revisan.

Alivian su infelicidad produciendo dolor en los demás. Satisfacen su ego haciendo daño, minusvalorándote a la vez que se sobrevaloran a sí mismas como forma de taparse su frustración y no reconocerla; de forma quirúrgica analizan tus puntos débiles y golpean con precisión donde más te duele.

Ven un problema en cada solución, crean complejidad, conflictividad, ansiedad y malestar.

Ante esta gente debes actuar con gran inteligencia emocional. Pero, primer problema: la inteligencia emocional es un bien escaso; y segundo problema: ¿eres emocionalmente inteligente cuando justo acabas de salir de un centro psiquiátrico?.

Lo dicho, Satur lo tiene chungo, pensaba yo.

Más adelante te hablaré de la inteligencia emocional, aptitud que se aprende, a diferencia de la inteligencia académica que en todas sus manifestaciones nos es dada al nacer y no crece. Te adelanto que no hay una relación directa entre ellas: una alta inteligencia académica no implica una alta inteligencia emocional.

Pero la primera está determinada por tus genes, la segunda por tu crecimiento personal que puedes llevar a cabo desde cualquier momento de tu vida.

Has de saber que este tipo de gente tóxica destruye emocionalmente y ¡también físicamente¡.

Así es, si te encuentras sometido a un periodo de estrés tu cerebro quedará afectado en las neuronas del hipocampo, afectando a tu razonamiento.

En el caso de Satur, de razonamiento no andaba muy bien, por lo que la negatividad, el victimismo y su agresividad reactiva, la crueldad y el desprecio con el que la suegra tóxica lo obsequió 24 horas diarias, pues mandó a tomar por culo el escaso razonamiento que le quedaba al muchacho.

Y no se la pudo quitar de encima, a la Inmaculada de las Angustias digo, y la ansiedad volvería para quedarse en su cuerpo y alma de nuevo.

Yo he aprendido a manejar mis emociones, a pararme, a permanecer calmado ante presiones externas, a que su toxicidad no me produzca efectos, a que si me buscan no me encuentren; pero Satur entonces no.

Más adelante te explicaré cómo gestionarte emocionalmente ante una persona tóxica, de modo que ya no sientas asco u odio hacia ella, sino lástima sincera y limpia de rencor. Que puedas poner límites y hacerte valer, expresarle asertivamente tus sentimientos y dejarlo si no hay más remedio o te desgasta.

Ver a ese tipo de personas con la distancia que te da tu autoestima fruto de tu crecimiento personal, es la mejor garantía de estabilidad cuando eres la víctima objetivo de la perversidad narcisista de otro individuo.

La Angustias se encuentra casada con otro bicharraco de su misma especie: el Isidro Torquemada Astray. Le dedicaré la próxima entrega. Otro que tal.

Polos iguales se atraen, en términos de toxicidad, principalmente cuando tienen un enemigo común frente a ellos. Enemigo según sus parámetros de “o estás conmigo o estás contra mí”. Porque el enemigo culpable es a la vez la víctima de su acoso psicológico, aunque la persona tóxica se tiene por víctima, paradójico pero cierto.

Cuando no tienen a la víctima a su disposición se despellejan entre ellos. Es su modo de no revisar sus malas actitudes internas: cruzan gritos, broncas, insultos y desprecios que da miedo de presenciar. La culpa es del otro siempre.

Dan mucha pena.

 

Publicado la semana 21. 22/05/2018
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