Semana
19
Juan Palomo Calleja

¡Y LUEGO QUÉ¡

Género
No ficción
Ranking
2 45 2

Una vez te dan el alta del Centro de Salud Mental, recobras tu ansiada libertad; ¿qué coño haces con esa libertad? En mi caso, trastorno de ansiedad y consecuentes episodios depresivos:

Al principio te sientes optimista:

“ me levanto todos los días a las 7:45 “

“ desayuno dos tostadas con mermelada, un descafeinado y una fruta “

“ voy al baño “

“ me afeito “

“ me ducho “

“ me visto “

“ leo el periódico “

“ voy de paseo con mi esposa “

“ compro las viandas “

“ cocino “

“ siesta cortita “

“ voy con mi señora a recoger a los niños al cole “

“ merendamos juntos “

“ volvemos  a casa “

“ deberes, baño cena, acostar niños “

 

“¡QUÉ MARAVILLOSO DÍA¡”

Pero a las semanas te das cuenta de que puedes hacer poco más.

No puedes enfrentarte a la más mínima obligación que no sea estrictamente biológica. Luego ya ni eso.

¿Qué está pasando?, si salí la mar de bien.

Pasa que nada a tu alrededor ha cambiado. Y no lo puedes cambiar, imposible de cambiar la realidad externa.

Pasa que en tu interior nada ha cambiado. La semilla de la frustración sigue germinando en tu ser. Y éste sigue siendo campo abonado

Tienes hora con el psiquiatra una vez al trimestre

No recibes psicoterapia, y si ruegas ayuda psicoterapéutica te meten con calzador una visita al trimestre con la psicóloga

Y te sientes muy solo, bueno mal acompañado.

Mal acompañado porque tu entorno más cercano piensa que al salir del hospital ya estás curado “de lo tuyo”. Pero resulta que no. Me explico:

Con las enfermedades no mentales generalmente puedes salir del hospital por dos sitios:

    1.- Por la puerta principal. ¡Guay, estás curado¡

    2.- Por la planta sótano -3, mal asunto, estás muerto.

Con los trastornos psiquiátricos, también generalmente:

    1.- O no sales nunca

    2.- O sales por la puerta principal, una o varias veces; pero difícilmente curado del todo.

Pero tu entorno piensa que ya ha pasado lo peor, que te encuentras estable, que evolucionarás rápida fácil y favorablemente, que has aprendido mucho de las terapias, que a partir de ahora serás "como antes", que ya te han desintoxicado, que ya han acertado con la medicación, que estás fuerte, hasta más moreno y todo ...

No, dentro era fácil. Fuera te espera lo más duro y difícil de tu recuperación: las responsabilidades siguen ahí, vale pero no nos hagas más daño, las obligaciones también, por tu culpa le ha subido el azúcar a tu padre,  las expectativas de los demás, hay que pagar la luz y el agua ¡ya¡, las agresiones externas  reales o percibidas, espabila que “hay que pagar” la hipoteca, te van metiendo más y más ansiedad, las consecuencias económicas y profesionales de tu enfermedad, la ruina patrimonial, no te perdonaré ni una más, el honor perdido que nunca restaurarás, ya ha vuelto de la clínica el borracho del 3º D, más obligaciones para ti difíciles, a ver si contestas las llamadas, más ansiedad, los nuevos ingresos hospitalarios, ¿qué has hecho? ¡responde¡, más ambulancias, urgencias y sanitarios, nuevas recaídas, nuevos propósitos, no defraudes más a tu hijo, más y mayores reproches, y culpa, y vergüenza, y nuevos ingresos y cómo nos has vuelto a hacer eso, y no nos lo merecemos, y no te curas porque no quieres, y no nos vengas con cuentos que tú tienes UN problema...y vuelta a querer salir – y no poder -.

Hasta que no asumas que para mal o para bien estás tú solo con tus consecuencias, no podrás continuar tu recuperación.

Un matiz, muy importante. El personal médico, terapéutico y sanitario nunca te abandonará. Lo que nos queda de Estado social se sostiene en parte gracias a su sobreesfuerzo. Pero nunca podrán llegar a ejercer el rol que tus cuidadores externos  DEBEN asumir.

Y tampoco te protegerán de tí, eres tu mayor enemigo.

Publicado la semana 19. 10/05/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter