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Juan Palomo Calleja

LA GRAND BOUFFE

LA GRAND BOUFFE

Toca ahora describirte el tercer momento lucrativo del orden tasado en el manicomio.

La gran comilona. Tres veces al día, más merienda, más resopón.

A pesar de los cinco acontecimientos antedichos,  nominalmente: desayuno, almuerzo, merienda, cena, resopón; el fondo y contenido de dichos eventos no hace en modo alguno honor a su denominación formal continente.

Contener lo que es contener, no contenían mucho.

Desayuno:

1. m. Primera comida del día, generalmente ligera, que se toma por la mañana. (RAE)

¿ligera?

5. Ligero/a. Dicho de un alimento:Que se digiere pronto y fácilmente

7. Ligero. adj. Fís. Dicho de un átomo: De núcleo formado por un pequeño número de nucleones, (…)

¿Qué se digiere pronto y fácilmente?.  Los desayunos de nuestro centro de salud mental subcontratado a la entidad privada HES*** no llegaban a digerirse. Es que no llegaban al estómago. Quedaban absorbidos sus escasos nutrientes antes de llegar a él.

Ligero, no: atómico, nucleótico.

Nuestros desayunos consistían en dos elementos comunes y uno de los dos terceros aleatorios. Merienda y resopón eran tres galletas y un vaso con zumito

Elementos comunes de todos los desayunos:

80 gr. de ¿pan?

Un vaso en el que se han diluido en proporciones homeopáticas: leche muy clarita, café descafeinado en polvo, azúcar.

Elementos aleatorios y excluyentes entre sí:

Dos tarritos de plástico, uno con mantequilla y otro con mermelada en su fondo, o bien:

Dos láminas de choped de grosor micrónico.

Te defino lo que llamábamos “pan”.

Consistía en una mini barrita de cosa, a imitación de las de verdad, pero de tamaño más propio de casa de muñecas. Era inholoro e insípido, pero con color: un blanco roto que no llegaba a amarillo roto. Roto del tiempo que llevaba almacenado.

Primero guardado en la panificadora, donde languidecía en un rincón del almacén porque ese lote les había quedado: o crudo, o gomoso, o insulso o todo junto.

La panificadora no cesaba en el empeño de colocar el producto y lo intentaba en los servicios de catering de vuelos de compañías low cost clase turista Imserso. Y se lo devolvían.

Luego probaba en el servicio de catering de empresas piratas textiles situadas en sótanos encubiertos. Y se lo devolvían.

Así había que encontrar el target group en el que focussing  ese subproducto.

¡¡¡ Los locos, coño ¡¡¡

Éstos andan recluidos bien alejados de la sociedad. No se quejan porque ¿no tienen criterio?. Sí que nos enteramos, los enfermos mentales somos personas como vosotros, la cosa de la conexión neuronal no siempre anda bien carburada, pero tenemos nuestros  sentidos intactos.

Y nos quejamos, pero…

Sufrimos una enfermedad mental, de acuerdo, pero nada más. La mayoría de nosotros hemos sido productivos, nuestra opinión contaba antes, a pesar de nuestro trastorno disimulado que puede provenga de nuestra infancia. Nos quejamos, y muchas veces con razón. ¿Nuestras explicaciones no deben tenerse en cuenta,  opiniones, sentimientos, necesidades sociales, familiares, emocionales?.

Esto se acentúa, y mucho, si devenimos “duales”: trastorno psiquiátrico + toxicomanía.

Sin embargo, a muchos de nosotros se nos juzga y castiga como si fuéramos cuerdos, libres de decidir, sensatos evaluadores.

Lo que llamábamos “pan” debía abrirse por la mitad y longitudinalmente con unas herramientas de plástico no aptas para tal finalidad.

Intentabas clavar el cuchillo en medio de eso, le imprimías excesiva fuerza y ¡¡zas¡¡ el efecto rebote provocaba que el cuchillo saliera volando.

Al final debías buscar la colaboración de algún veterano que conservaba una sola uña de sus diez dedos.

Al novato no le quedaban uñas. Pasábamos tanta hambre que nos las comíamos con gran deleite, casi llegábamos a la puntita de las falanges.

Los veteranos se dejaban una por comer.

Si querías su colaboración para abrir el pan, no debías pensar en las cavidades donde había estado hurgando esa uña residual.

Abierto el “pan” depositabas en él las dos laminillas de choped, bien alejado de la rejilla del aire acondicionado para que no salieran volando.

Si en lugar de esa masa de tripas compactada, llamada choped, tocaba mantequilla y mermelada, debías esperar a que aquella se ablandara, ya que el cuchillo de plástico se rompía o volaba al intentar rascar los  10 gramos de mantequilla del recipiente, y no era plan de pedirle prestado al veterano su uña de nuevo para extenderla sobre el pan.

Con la mermelada no había tal problema, sólo adivinar si el color, olor, sabor esperado coincidía con el de la etiqueta.

Yo opté por no mirarla y pensar siempre que era de macedonia.

Algo pasaba con el catering del HES***Hospital D***

Almuerzos

Es costumbre llamar a lo que gramaticalmente correcto se entiende por almuerzo como, “ comida “: ¡Ya está la comida¡, ¡A comeeer¡, ¿A qué hora vengo a comer? .

Pero llamémosle almuerzo concepto más indefinido o confundido con los desayunos de verdad, no con los des-ayunos descritos más arriba.

Gozábamos de un aperitivo consistente en el vaso tipo chupito de plástico lleno con nuestras pastis y jarabes que masticábamos y sorbíamos con fruición, en un absurdo intento de engañar a la hambruna.

Os he contado que tras engullir las pirulas debíamos exhibir bien abierta la bocaza al enfermero o enfermera que nos servía el aperitivo. Era mero protocolo, a los 10 minutos de des-ayunar ya nos dolía la tripa del hambre que pasábamos, con lo que cualquier cosa que entrara por la boca era instantáneamente deglutida.

El almuerzo constaba de

A.- primer plato,

B.- segundo plato y

C.- Postre.

Como en los hospitales de verdad, pero …

A.- Primer plato:

Verduras deshidratadas flotando en agua caliente

B.- Segundo plato:

¼ de ½ de lomo de una masa blanca a la que llamaban pescado. Hervido en el agua donde flotaban las verduras. Acompañamiento: las verduras del caldo

C.- Postre. Un yogur marca blanca o una naranja de zumo ácida.

El ¼ de ½ de lomo de pescado podía ser salchicha, cerdo, pollo o mini hamburgesa, pero siempre en liviana semi presencia.

¿La cena?: ligerilla, por supuesto; ya se sabe que hay que desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo, pues eso, cena liviana.

Y este negociete de campo de concentración era el que yo experimenté en mi ingreso de larga duración gracias a la sanidad pública privatizada. Negocio y salud no hacen buena pareja; o velas por la salud, o ganas un pastizal con la concesión administrativa ahorrando costes de donde sea: personal, equipamientos, lavandería, alimentación...

Nota: algunos enfermeros o enfermeras se compraban y pagaban el termómetro. Otros, además, traían sal o aceite de sus casas, otros compraban balones o pelotas y palas de ping pong.

 

Publicado la semana 17. 23/04/2018
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