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Jo, Ybáñez

CUENTO DE HADAS, MODERNO VI -FIN-

Pasó el tiempo, pasaron días y noches, semanas y meses y un día de verano de varios años después, encontramos de nuevo a nuestras amigas en el bosque, cogidas del brazo, contentas por haber vuelto a estar juntas y por poder contarse qué había sido de sus vidas y, después de haberse besado y abrazado con todo el cariño del recuerdo, se sentaron sobre la hierba, en ronda, para verse, mirarse, quererse, hablarse y comprenderse.

Oorwining fue la primera que empezó a hablar:

- Venga, chicas, contadme como os ha ido la vida, vuestros príncipes ¿se portan bien con vosotras?

- Bbuuuffff -fué la respuesta general.

- ¿Cómo que “buf”?, chicas, ¿cómo que “buf”?, ¿no os habéis casado con principes como queríais?, ¿no tenéis casa bonitas y viajes y vestidos?- dijo Oorwining, entre extrañada y burlona.

- Bueno, ya sabéis que mi matrimonio duró muy poco, ¿no? -dijo Soet - Rekenmeester trabajaba muchisimo para poder darme todo lo que yo le pedía y merecía: una preciosa casa donde no tuve que lavar nunca el suelo, vestidos, viajes, todo me lo dió, pero cayó enfermo, agotado, cansado y harto de sumar y restar listas y listas de números contando el dinero del rey y murió y me dejó sola y triste. Así que ahora ya no tengo casa, ni vestidos de seda ni viajes, sino que vuelvo a limpiar el polvo de los jarrones de la casa de mi madre.

- ¿No hubiera sido mejor que no trabajara tanto aunque no tuvieras tafetanes y sedas? - dijo Oorwining.

- No sé, para no tener nada de eso me hubiera quedado soltera -Soet seguía pensando en la suerte de su hermana mayor.

- Pero ahora no tienes nada – contestó Bors.

- Ahora no, pero lo he tenido y disfrutado -Soet se quedó mirando las ramas altas de los árboles recordando lo bien que lo había pasado mientras duró su matrimonio.

- Supongo que sufrirías mucho -le dijo Bors - ¡qué pena!

- Era simpático, sí, pero más lloro ahora cada vez que tengo que coger el plumero -realmente Soet se había vuelto una mujer fría y desencantada - ¡Va, Bors, cuéntanos como te ha ido a ti!.

- ¿Yo?, pués normal, ¿no?, ya lo sabéis: me casé con Hulle Was y todo normal -respondió Bors, sin muchas ganas de hablar.

- ¿Sigue tan guapo Hulle Was?, era alto y apuesto y te quería mucho, ¿te hace feliz? - preguntó Oorwining.

- Sí, sí, me quiere mucho, después de la caza, la cerveza y las palomas, soy lo que más quiere – contestó con un toque de sarcasmo Bors.

- ¿Después?, ¡no me lo puedo creer! - dijo Bady.

- Sí, pero no pasa nada, sé que me quiere a su manera, algunas veces me regala pasteles con forma de corazón y no discutimos mucho – fué la explicación de Bors.

- ¿Y has viajado y tienes un palacio encantado? - preguntó Dröe.

- Sí, sí que he viajado bastante y el palacio está muy bien, pero he tenido que trabajar mucho para mantenerlo: Hulle Was no es muy bueno con las cuentas. Ni con las cuentas, ni con los gastos, ni con los presupuestos, ni con nada, es guapo, alto y encantador y ya está – se desahogó, por fin, Bors, sin lágrimas ni tristeza.

- Pero, ¿eres feliz? - le preguntó Bady, sintiéndose más triste por su amiga de lo que lo estaba ella.

- Sí, sí, estoy bien como estoy – zanjó así Bprs su conversación-, te toca, Oorwining.

- ¿Me toca?, pues nada, me casé con Toon, que no era príncipe como los vuestros, sino un trabajador normal, muy trabajador, como yo y entre los dos: él con las huertas del castillo y yo en la panadería de mis padres, trabajando mucho, al final pudimos ahorrar lo suficiente para construirnos una casa preciosa, no muy grande, pero con un jardín bonito y muebles cómodos y, aunque no tengo vestidos de seda, sí que he viajado algunas veces y he conocido reinos lejanos. -Oorwining se sentía satisfecha y alegre.

- Y ¿eres feliz así, sin príncipe? -volvió a preguntar Bady.

- Sí, sí que lo soy, porque Toon es mi príncipe, la persona que me quiere y a quien quiero y entre los dos hemos cumplido todos nuestros sueños y si un día nos peleamos, al día siguiente hablamos y hacemos las paces, no necesito más vestidos ni más habitaciones en la casa – contestó Oorwining – Dröe, te toca, ¿has tenido más suerte que tu hermana?.

- Sí, un poco más de suerte, sí, al menos no se me ha muerto el canario, ¡ay, perdón!, el marido - (¿qué le pasaba a Dröe?).

- Jajajajajajaajaj – rieron todas un poco.

- Pués nada, me conformé con Berader porque tenía buena posición y, como se había interesado por mí, pensé que tenía mucha suerte, igual que Soet la había tenido, porque unos chicos se interesaban por nosotras a pesar de estar repetidas y no ser muy guapas. Y mientras Berader y su jefe gozaron del favor del rey, todo fué bien, tuve criados y vestidos, pero un día el rey se enfadó con su consejero y lo desterró a unas lejanas tierras porque no quería ni verlo y Berader, como era el secretario de ese consejero, o se iba al fin del mundo, o se quedaba sin trabajo, así que nos fuimos cerca de la frontera del reino, donde nieva trescientos días al año y sólo tenemos una criada, ¿cuenta eso como viaje? Y en cuanto a vestidos, allí no tiene importancia lo que lleves debajo del inmenso abrigo de pieles que necesitas todos los días. Por cierto, tengo tres abrigos de auténtica piel: de zorro, de oso blanco y de marta cibelina, ¿a que vosotras no? - fin del resumen de Dröe.

- No, nosotras, no -contestó Oorwining, mirando a su alrededor, disfrutando del buen tiempo y de la naturaleza que las rodeaba, admirando las suaves mariposas y los olores del bosque – bueno, faltáis vosotras: Bady y Troos.

- Pues, nada, me fui a Banestania con mi príncipe difuminado, Fijne Mener, que, por cierto, de leer nada...

- ¿Difuminado?, ¿qué es eso? -preguntó, riendo, Bors.

- Pués que nunca sabía a ciencia cierta qué es lo que quería, siempre estaba dudando si ponerse una ropa u otra, si su cuerpo era bonito o no, nunca estaba seguro de viajar a la China o al Japón ni si tal o cual cuadro era adecuado para el salón de baile de palacio. Pero cuando veía a su amigo viajar a la India, entonces era lo único que quería hacer o si su hermano iba a casarse, su novia era la más hermosa de cuantas había visto. Cuando fuí a hablar con sus padres, los reyes de Banestania, sobre el problema que tenía, me contaron que cuando nació, dos hadas quedaron enganchadas entre su ensortijado cabello y que aún las tenía, no las habían podido encontrar, entonces Fijne Mener se pasaba el día tratando de contentar a una o a la otra. Visto lo visto, pensé que lo mejor era dejarlo a él y a sus hadas parlanchinas y estar tranquilita en mi casa, aunque tuviera que llevar ropa de segunda mano -esta era la historia de Bady.

- Chica, no tendrías que haberlo dejado, así te has quedado sin palacio, sin viajes y sin criados -comentó Troos.

- Pero feliz y tranquila, me estaba volviendo loca -se justificó Bady – ¿y tu, Troos?, no te veo muy bien.

- Un desastre, chicas, un desastre: mi rey Isotoop es un viejo aburrido y cansado. Sí, sí, ya sé que me lo dijistéis, pero yo quería salir de aquí y lo conseguí. La verdad es que creí que nos llevaríamos bien, pero es peor de lo que pensaba: siempre está enfadado y nunca me dice nada bonito -se quejó Troos.

- ¿Y por qué no lo dejas y te vienes otra vez a vivir aquí?, serías más feliz -dijo Oorwining.

- No, pobre, solo me tiene a mí. La verdad es que tampoco lo paso mal, hago muchos viajes sola y me divierto lo que puedo – contestó Troos.

- ¿Por lástima continuas con tu rey viejo y aburrido que nunca te da cariño?, no te entiendo mucho – contestó de nuevo Oorwining.

- Mira, pues no estoy dispuesta a renunciar a mi castillo enorme y precioso, a mis vestidos de encaje artesanal ni a los viajes por todo lo largo y ancho de este mundo que Isotoop me puede dar. Prefiero seguir quejándome que tener que vestirme con ropa de segunda mano, cada una que haga lo que quiera -sentenció Troos, mientras cinco o seis hadas que estaban escuchándolas desde el principio emitieron un zumbido con sus frágiles alas al caer desde la rama del árbol en el que habían estado sentadas porque la vibración que había emitido Troos las había desconcertado mucho.

Todas las haditas que las habían escuchado fueron corriendo a buscar a los pequeños cupidos que también vivían en el bosque para contarles que era una tontería que siguieran haciendo lo de las flechas, lo de dispararles flechitas a las parejas para que su amor fuera eterno, porque al fin y al cabo, no todas las chicas querían vivir enamoradas para siempre ni todos lo chicos sabían a ciencia cierta qué era eso del amor.

Y nuestras amiguitas, maduras ya, siguieron con su amistad, con sus vidas, con sus deseos cumplidos o por cumplir, con sus decisiones asumidas y sus quejas continuas o no, con sus listas de valores dispares y personales o sin listas. Algunas valorando a los principes aún y otras valorándose como princesas ellas mismas. Y las hadas y los pequeños cupidos se encontraron de pronto desconcertados, sin saber cuál era ya su misión en la vida, sin saber si ayudar o no a las parejas o casi mejor, ayudarse entre ellos, al menos, a pasarlo bien en el maravilloso bosque en el que vivían.

I conte contat, per la xemeneia s'ha escapat

Publicado la semana 51. 17/12/2018
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Al fin llegó el momento de ...
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