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Jo, Ybáñez

UN CUENTO DE HADAS, MODERNO II

Cuando la reina acabó de confeccionar la lista de invitados se dió cuenta de que había pocas princesas invitadas para la gran cantidad de príncipes que acudirían, y así se lo dijo a su marido, el rey:

- Oye, Maag, ¿te has dado cuenta de que hay muchos más príncipes invitados que princesas?, mal asunto, porque las chicas del pueblo vendrán sin faltar ninguna y estoy segura de que todas quieren casarse con príncipes y empezarán a hacer tonterías para llamar su atención. Me parece a mi que esta boda va a parecer el baile de la Cenicienta multiplicado por cien.

- Mujer, no te preocupes por eso, así los príncipes se lo pasarán bien y si te he visto no me acuerdo.

- ¡Por el amor de dios!, Maag, y luego que vengan al castillo todas las pueblerinas a pedirnos explicaciones y ayuda....

- Pues las echamos y en paz.

- No lo veo, no lo veo -y calló, la reina calló.

Pero tenia razón: todas las chicas del pueblo (básicamente, Dröe y Soet y sus amigas, Troos, Oorwining, Bors y Bady) también habían hecho sus planes para la fiesta de la boda de Klonty. Pero cada una tenía su estilo: Troos quería encontrar a un rey mayor y rico, Oorwining, a alguien muy trabajador y responsable, Bors a un guapo y romántico príncipe y Bady a una persona inteligente y comprensiva. Dröe y Soet sólo querían que alguien las sacase de la humilde casa en la que vivían, no volver a limpiar el polvo nunca más, tener preciosos vestidos como los que tendría su hermana y no escuchar todos los días a su madre diciéndoles a todas horas:

- Ponte derecha, ¿así como vas a encontrar marido?

- Ponte colorete, que si no, pareces enferma

- Aprende a cocinar o no podrás agradar a nadie

- Que no te vean bailando con chicos o parecerás una cualquiera

- No cruces las piernas que eso es muy vulgar

- Pureza, ante todo pureza, hijas mias

- No leas tanto que eso no te va a conseguir marido

- No salgas de casa con ese pelo, péinate antes, ponte laca, ponte crema, ponte maquillaje, ponte sombra de ojos, de labios, ponte medias, ponte tacones, colocate las hombreras, no hables, no rías, no mires, que nadie te vea ahí, o allá (desaparece, pero si no puedes, que seas una estatua de la Venus de Milo vestida y callada)

Asi que Dröe y Soet nunca estaban seguras de que lo que hacían o decían fuera lo correcto para encontrar marido y huír de su casa, aunque fuera un marido para las dos o solo para una de ellas.

Ni sabían cómo Klonty había conseguido seducir al príncipe, seguramente en alguna de sus escapadas al bosque, ¡seguro!: Cuando Klonty se cansaba de escuchar los consejos y reproches de su madre, salía corriendo de casa en dirección al bosque. Allí se sentaba a la orilla del río y, oyendo el murmullo del agua corriendo sobre las piedras y entre los árboles, se calmaba, tranquilizaba su angustia y podía volver a casa de nuevo con una sonrisa relajada y comprensiva. Realmente Klonty era una buena chica, nunca se enfadaba durante mucho rato: corría al bosque y a su vuelta se la veía feliz, como si nada hubiera pasado. Sus hermanas la querían mucho, aunque ahora estaban celosas de ella. No era que no quisieran que su hermana se casase, sino que ellas también querían hacerlo con algún príncipe tan rico como su cuñado.

Y hoy tenían su oportunidad, la ocasión de conocer a alguien que las hiciera felices de ahora en adelante, así que sus vestidos también fueron diseñados y confeccionados según la última moda imperante en el pueblecito (“a ver si así encontráis a alguien, como Klonty” – les había dicho su madre), aunque ellas sí que tuvieron que utilizar los rasos y las gasas que vendía la tiendecita porque casi todos los ahorros de la familia había sido gastados en el vestido de boda de Klonty.

Después de desayunar (Dröe y Soet no se mostraron enfurruñadas ni odiosas) todas las personas de la casa: padres, hermanos y hermanas, fueron a vestirse con sus mejores galas para esperar la llegada del príncipe y toda la comitiva real, que pasarían a buscarlos para ir todos juntos hacia la iglesia y celebrar los esponsales.

También las amigas de las gemelas se habían vestido con sus mejores galas y acudieron a la casa , como marcaba la tradición, para ayudar a Klonty a vestirse con su flamante vestido de novia.

Realmente era un vestido maravilloso, nunca habían visto nada igual, tan suave, tan ligero. Y Klonty era tan bonita... tan elegante..., el vestido tenia el escote en V y la tela caía desde sus hombros mostrando claramente cada una de las rosas que formaban el encaje; las mangas le llegaban un poco más abajo del codo y era muy largo, tanto que se apoyaba en el suelo y cuando Klonty caminaba, parecía que la tela marcara el camino que ella debía seguir. Por detrás, la cola, redondita y no muy larga, la seguía como un perrillo faldero. Después le colocaron el velo sobre su precioso cabello negro, era ligero y transparente y tan largo que, cuando salieron de la casa, nadie pudo colocarse detrás de la novia por miedo a estropear tan preciada tela.

Cuando el príncipe y la comitiva real llegó a la casa para buscar a la novia e ir todos juntos a la iglesia, toda la familia y amigos de Klonty estaban preparados y esperándolos, prendieron fuegos artificiales que llenaron de alegría más si cabe a todos y entre jolgorio y sorpresas caminaron por la plaza hacia su destino.

Dröe, Soet y sus amigas miraron y revisaron uno por uno a todos los príncipes hermanos, primos y amigos del que iba a ser su cuñado para ver si alguno les gustaba y la verdad es que les gustaron todos, pero claro, cada una buscaba a su príncipe ideal (si es que existe) y decidieron demorar su elección hasta la fiesta de la boda para conocer mejor a todos esos chicos tan guapos, ricos e interesantes que habían venido.

No hace falta describir la ceremonia, ya la conocemos, sólo remarcar que durante todo el tiempo que duró, las muchachas de las filas de la izquierda miraron descarada e ininterrumpidamente a los chicos de las filas de la derecha de la iglesia y viceversa, además de pasarse todos y todas ellas, cuchicheando todo el tiempo.

Después, más fuegos artificiales, arroz, espuma, palomas, besos, parabienes, risas y felicidad entre los novios y sus familiares, y luego, todos juntos, ya como una gran familia, se dirigieron hacia el castillo para celebrar la fiesta de los esponsales.

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Publicado la semana 47. 24/11/2018
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