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Jo, Ybáñez

DESPARRAMÁS - EPÍLOGO-

Caminando por la calle, un tarde de sol y paz, charlando con mi amiga indolentemente, sin reloj ni prisa, sin tacones ni lágrimas, veo nuevamente a Ana, la mujer “desparramá”, la mujer grande y descuidada de marido nervudo y musculoso (porque su marido se cuida mucho, está de buen ver aún, usa su tiempo en sí mismo) y la veo sonriente, con los ojos brillantes, con las manos llenas de manitas infantiles: sus nietos. Ha ido al colegio a recogerlos y están contándole sus juegos y sus ilusiones y ella les reparte bocadillos de chocolate y zumos y mimos, y se sientan en el parque a merendar y a jugar.

Y reflexiono, pienso en todo lo que sé, en todo lo vivido y visto y me doy cuenta de la fortaleza de las mujeres, tantas mujeres que viven y hacen vivir a su alrededor a la gente, a la familia, a sus hijos, a sus parejas, a sus nietos.

Mujeres mal pagadas que se pasan el día de trabajo en trabajo y deslizándose por su presente casi de puntillas, esperando siempre un futuro que nunca llega porque no es real y porque el futuro desaparece ante un presente lleno.

Y aprendemos, aprendemos tantas cosas que nos rebasan el cerebro y el corazón y bajan hasta nuestras caderas y nuestras piernas y vemos tallas 42 diminutas en tiendas de ropa de risa y reímos también y se nos desparrama la carne sobre la mesa y alrededor de la silla y se nos desparrama también la sabiduría y la paciencia y repartimos lo que podemos.

Mujeres solas, de soledad compartida con otras mujeres, nunca con hombres, casi nunca, porque ellos tienen otros intereses, diferentes, divergentes, propios.

Mujeres de paciencia infinita que deben aprender cual es el límite de esa infinitud, porque nada es infinito más que el espacio. Energía, tiempo, diálogo, solución, presupuesto, imaginación, derechos, deberes, profesores, jefes, jefas, clientes, compañeras, cultura... todo forma parte de una mujer, la casa, el trabajo, la familia, las hijas, los hijos, las madres, las suegras, el deber, el polvo, la máquina de coser, las ventas, la compra, la cena, la verdura, los gritos, las llamadas de teléfono, la puntualidad, un día tras otro.

Gracias, gracias, gracias, viviremos.

 

 

Publicado la semana 45. 12/11/2018
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