Semana
04
Jo, Ybáñez

TOM QUIERE VOLAR

Género
Relato
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Tom era un niño tímido, reflexivo y serio. También era pequeño, tenía cinco años aún. Y guapo: moreno, pelo rizado, ojos oscuros, boquita grande...

Tom iba a la escuela: en un aula bastante grande había una docena de pupitres con dos asientos cada uno, ordenados en filas y de cara a una gran pizarra y la mesa de la maestra; en la parte de atrás del aula había una gran alfombra y cajones llenos de juguetes y de cuentos.

Todas las mañanas, Tom, un montón de niños y una maestra entraban en el aula y la maestra empezaba a rayar la pizarra y a mandarles que hicieran cosas en sus libretas: colorear, seguir los puntos con el lapicero... Tom empezaba a hacer lo que decía la maestra, pero al cabo de un momento ya se había cansado y se quedaba ensimismado mirando hacia arriba.

¿Qué pensaba Tom cuando levantaba sus ojos hasta el cielo (o el techo del aula)?. Pues Tom pensaba en volar.

Cuando levantaba los ojos ya no oìa lo que decía la maestra ni sus compañeros ni nadie. Tom estaba viéndose a si mismo agarrado a las alas de un inmenso cormorán, surcando los mares desde el cielo, con el viento soplando en su cara y las nubes tan cerca que casi podía tocarlas, eso veía Tom.

Sus padres y su maestra pensaban que Tom tenia alguna enfermedad de esas que distraen la mente, pero en casa eso no le pasaba; en casa Tom era feliz porque tenía una habitación muy bonita, con miles de estrellas y lunas pintadas en el techo, con una pared llena de nubes y paisajes y animales y además, todas las cosas bonitas que veía Tom las pegaba en su pared “de la vida”., sus padres le habían dado permiso.

Y tenía cajas de cartón y telas grandes y sillitas pequeñas y entonces Tom construía un fuerte o un barco o cualquier cosa con la que imaginaba aventuras.

Y también estaba su hermanita Lula, que tenía tres años y podía jugar con ella a volar, a tener aventuras con el barco o la nave espacial o a ir a comprar para preparar la comida... ¡qué bien se lo pasaba con Lula!.

Pero en clase, Tom tenía que obedecer a la maestra y tenía que estar casi siempre sentado, rayando con el lapicero, amasando plastilina roja para hacer una flor o aprendiendo canciones tontas, así que miraba al techo y se echaba a volar.

Un día, la maestra de Tom les dijo que iba a enseñarles a leer. Tom pensó en más lapiceros y libretas y en que iba a aburrirse mucho, así que empezó a llorar, primero muy suavemente, como cayéndole agüita por los ojos, pero después se sintió tan solo que sus lágrimas hicieron ruido, tenía tanta pena que la maestra oyó sus sollozos y se acercó a Tom.

- Tom, ¿qué te pasa?, ¿qué te duele?

Pero Tom, solo agachaba la cabeza y la movía de lado a lado.

- ¿Estás enfermo, Tom?

- No -decía llorando más fuerte

- ¿Lloras porque tienes pena, Tom?

Y Tom movió la cabeza asintiendo.

- ¿Y por qué tienes tanta pena?

- Porque yo ya no quiero más flores rojas de plastilina ni rayar con colores los papeles, señorita, yo lo que quiero es volar -y le salieron dos litros más de lágrimas que rodaron por su carita hasta el suelo.

- ¡Ah!, ya te entiendo, estás aburrido porque estás sentado mucho tiempo en la silla, ¿no, Tom?

- Si, señorita, eso también -le contestó ahora que había menos lágrimas saliendo por sus ojos y que notaba que la maestra empezaba a entenderlo.

- Bueno, pues ¿sabéis que vamos a hacer ahora?, lo primero que vamos a hacer es salir al patio para jugar y cuando entremos os leeré un cuento muy bonito y luego os contaré como aprendí yo a leer, ¿qué te parece el plan, Tom?.

- Mejor -sus hipos ya iban disminuyendo mucho, así que hasta se alegró del plan.

De esta manera, aunque no era la hora normal de salir al patio, la maestra les dijo a todos los niños que se pusieran sus abriguitos y que salieran a jugar.

Tom salió corriendo, casi no pudo esperar a ponerse su abrigo; corrió y corrió y cuando iba por la segunda vuelta por el patio empezó a imaginarse que su precioso y brillante cormorán había ido a la escuela a buscarlo para darle una vuelta por los aires y entonces empezó a elevarse más y más y sujeto a sus poderosas alas vió desde arriba como unos niños jugaban al escondite y otros a perseguirse y a las niñas que estaban jugando a la pelota y también podía ver desde arriba a la maestra mirándolos a todos con una gran sonrisa en la boca, y Tom fué feliz durante un buen rato esquivando algodonosas nubes, subiendo y bajando por el cielo, sintiendo toda la fuerza de las alas del gran pájaro que lo llevaba, con el aire frío alborotándole el pelo y dando vueltas a la escuela desde arriba, viendo a todos sus amiguitos pequeños, pequeños como hormiguitas, ¡qué divertido! En cuanto llegara a casa se lo iba a contar todo a Lula y montarían una torre grande de sillas para estar cerca del cielo como lo estaba ahora, ¡qué azul es el cielo, como el mar...!

- Tom, Tom, ¿qué te pasa?

Tom parpadeó un buen rato hasta que se dió cuenta de que estaba tumbado sobre la hierba del patio, mirando fíjamente el azul del cielo y que la maestra estaba arrodillada a su lado llamándolo y con cara de preocupación.

- Nada, señorita, que he estado volando con mi pájaro y ha sido muy divertido.

- ¡Vaya, qué susto me has dado!, ¿entramos ya?

- Vale -contestó Tom sin muchas ganas.

Cuando ya estuvieron todos dentro, la maestra cogió un gran libro que tenía guardado en un cajón de su mesa. Era un libro casi todo azul, con un gran pájaro en la portada y sobre él, agarrado a sus alas, estaba un niño con un gorrito rojo y el pelo rubio.

Tom miró fijamente el gran dibujo de la portada del libro y se quedó boquiabierto.

- Señorita, me ha pintado rubio, yo no soy rubio -dijo atreviéndose a hablar en voz alta.

- Jajaja -rió un poco la maestra. No eres tu, Tom, es un niño que se llama Nils y voy a leeros su historia.

- ¿En serio?, ¿hay niños que pueden volar de verdad con pájaros?.

- ¿Tu no has volado con tu pájaro?

- Bueno, de verdad del todo, no, sólo imaginaba lo divertido que sería.

- Pués alguien más ha imaginado lo mismo que tu y lo ha escrito para que todos lo podamos leer, ¿os gustaría saber qué le pasó a Nils?.

- Sssíii -gritaron todos los niños.

- Empezaré a leeros las aventuras de Nils Holgersson, pero poco a poco aprenderéis a leer y el final lo leeréis vosotros, ¿de acuerdo?.

- Ssssíiii -contestaron entusiasmados.

 

Y Tom gritó que sí más entusiasmado que nadie porque estaba deseando saber si Nils y su pájaro habían visto las mismas cosas que él con el suyo.

 

 

 

Publicado la semana 4. 22/01/2018
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