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Jo, Ybáñez

EL BURKA DE MI ABUELA

Anoche sali a cenar fuera y, pensando que la brisa nocturna me podía llegar a molestar más tarde, me puse a buscar en el cajón de los pañuelos el que mejor se adaptara a la ropa que me había puesto.

Tengo todo un cajón de la cómoda de mi habitación llena de pañuelos de todos los tamaños y colores: estampados en azul, en marrón, lisos grises, rosa o amarillos, a cuadros de varios colores, pero yo seguía buscando y buscando el "ideal" para mi vestido de rayas beige y negras.

Los foulards, anteriormente llamados pañuelos, son una prenda cómoda y versátil que complementa el outfit o conjunto de ropa que nos hayamos puesto para ir al trabajo, a la universidad o para salir con nuestros amigos. Nos sirve tanto para protegernos de los cambios del clima como para dar alegría o sobriedad a esa camiseta negra o los pantalones chillones que nos hemos puesto hoy.

Reflexionando en todo ésto (palabras nuevas del idioma, necesidad de ir a la moda... mi cerebro va por libre) seguía buscando y rebuscando mi foulard ideal cuando, de pronto, al fondo del cajón, toqué un bulto blando y suave y, tratando de recordar cuál era ese pañuelo que no tenía en mi mente ya, tiré de él y saqué una pieza de gasa negra con los bordes de raso del mismo color. Era grande, muy grande, pero muy blanda y suave, era la pieza ideal que estaba buscando para salir corriendo hacia mi cita.

El resto de la noche no volví a pensar en el foulard: lo llevaba enrollado en el cuello y colgaban sus largas puntas cubriendo parte de mi vestido, pero dándole una elegancia entre boho y chic, (volviendo a recurrir a palabras nuevas del mundo de la moda y el diseño...) que me hacía sentir elegante.

Sólo al día siguiente, mientras guardaba la ropa que había usado la noche anterior, me fijé nuevamente en la pieza de gasa negra que había utilizado como foulard. La extendí sobre la cama, era muy grande y me preguntaba cómo había llegado a mis manos, hasta que me vino una "iluminación": ¡claro, era el burka de mi abuela!, ¿cómo había podido olvidarlo", ¡hacía tanto tiempo que no lo veía...!

Hasta los años setenta aproximadamente, en España era normal ver a las mujeres mayores vestidas de negro y con pañuelos cubriéndoles la cabeza y nadie se extrañaba ni "se rasgaba las vestiduras", ¿por qué ahora vemos mal que otras mujeres lleven velo?, no ha pasado tanto tiempo, ¿no recordamos?.

Y desde luego, todas llevábamos velo para ir a misa, todas, incluso las niñas de seis años. Mi primer velo fué una pequeña pieza de tul color azul, el velo de mi madre era de encaje negro y el de mi abuela... bueno, anoche fué un cómodo foulard para mi.

Investigando porqué las mujeres debíamos llevar velo "ayer", veo que no puedo desligar su uso del entorno sociopolítico del siglo pasado: un ambiente en el que la represión y el miedo al projimo y sus opiniones controlaba la vida de todos y todas. Así que, como la Iglesia mandaba que las mujeres debían ir tapadas (por razones esgrimidas en la Primera Carta a los Corintios hace unos dos mil años), las mujeres se tapaban la cabeza.

En otras sociedades también es costumbre que las mujeres lleven velo, por ejemplo, la sociedad musulmana, que sigue los preceptos del Corán, revelado al profeta Mahoma hace unos mil quinientos años. Las mujeres árabes llevan velo habitualmente, aún no han renunciado a él.

Sin embargo, a nosotras, las españolas, que hemos utilizado el velo desde hace dos mil años, y que ya hemos superado la obligación de llevarlo, nos molesta y casi que nos indigna ver a otras mujeres llevando velo, sin tener en cuenta que les falta unos quinientos años para igualarnos al tiempo en que estuvimos utilizándolo nosotras.

No estoy "rompiendo una lanza" a favor de usar el velo, muy al contrario: pienso que una persona, hombre o mujer, tiene que ser libre de vestir o desvestir su cuerpo de la manera que más le agrade, pero que por encima de todo está el respeto, el respeto a que el otro vista como quiera.

Imaginad que vamos de vacaciones al Àfrica más profunda y visitamos a la tribu himba, por ejemplo, pero nosotras vamos vestidas y ellas van desnudas, así que nos miran despectivamente por llevar tanta tela encima y nos dicen que si no nos quitamos la camiseta y el sujetador no podremos integrarnos ni tener amigos, así que, muertas de vergüenza, cuando lo consideremos oportuno, cuando estemos preparadas, nos quitaremos la ropa, pero ... claro, pasará un tiempo hasta que estemos cómodas con este nuevo outfit, o su falta. ¿Os véis?, ¿podéis ver ahora a las mujeres que utilizan velo aún, pero viven a nuestro alrededor?, empatía, se llama empatía y respeto.

Me siento realmente extrañada cuando veo a una mujer mayor, que solo hace unos pocos años que no utiliza su velo, burlándose o despreciando a otra que sí que lo utiliza. ¿no tiene memoria?, ¿no tenemos memoria?, eso es malo para la evolución de la vida...

Termino ya: aunque he llamado al escrito "El burka de mi abuela", soy completamente consciente de que el tema del burka es mucho más complicado que el tema del velo, puesto que tiene otros significados mucho más opresores que no voy a tratar aqui. Sin embargo, los velos de nuestras abuelas no eran tampoco simplemente velos de respeto a la religión, sino que representaban nuestra sumisión, pero de eso, ya hablaremos...

 

Publicado la semana 30. 28/07/2018
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alguna cancion de Macaco , cuando nos moleste algun velo
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