Semana
28
Jo, Ybáñez

Y aunque tuviera dos yo solo quiero aquel

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Relato
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                                                                                 Para Emi

Respiro hondo, lentamente, con los ojos cerrados, estoy en el suelo, hincho la barriga al respirar y me siento bien. Los brazos relajados, las piernas, el cuello, relajados, sueltos, respiro hondo.

Siento bajo la piel de mi espalda, la caricia suave de la hierba, pequeñas cintas que sé verdes me sustentan dulcemente. Su olor, el olor del color verde, revolotea cerca de mi cabeza con un sonido zumbante, pero suave, ¡bendito olor de verano, de libertad, sol y agua!. Mi tristeza, mi tristeza...

Sigo con los ojos cerrados, pero veo claramente la luz de sol que se filtra entre los árboles formando figuras sombreadas, rojas, grises, verdes, blancas, a través de la piel de mis párpados. Respiro hondo el aire puro y filtrado que me ofrecen los pinos y los matorrales, aire con olores de tomillo, de pebrella, de romero y lavanda. El olor del agua pura que corre por el arroyo. Su sonido continuo y como de vidrios rotos. Busco con la mano derecha tocar el agua, tan fresca, tan pura y limpia. Mi tristeza...

Vida, sin abrir los ojos, casi sin moverme, toco la vida, rápida, cristalina, con la mano siento la fuerza y la pureza de la vida corriendo y saltando entre las piedras para llegar más allá, más allá.

Oigo más sonidos poco a poco, la vista no trabaja, el oido sí, la piel sí.

Algún ser vivo se está acercarndo a mi muy despacio, camina suavemente, debe pesar poco, no tengo miedo, estoy bien, estoy segura, respiro hondo, el aire entra en mí y recorre todo mi cuerpo, limpiando, alimentando mi alma y mis células. Mi paz...

Me está oliendo, acerca su hocico a mi cara, siento su aliento, es dulce, huele bien, no me lame, me respeta, siento sus patitas alrededor de mi cuerpo, vuelve a olerme desde la otra parte y ahora apoya su hocico en el hueco de mi cuello. Es suave, su pelo es muy suave, como filamentos de algodón, estoy tranquila, cómoda, siento ternura, alegría, me quiere. Paz, más paz...

No quiero abrir los ojos todavía, pero muevo despacio la mano izquierda para tocarlo, me siento confiada, como él confía en mí, pero tengo curiosidad y lentamente acerco mis dedos hasta donde sé que está su cara, su hocico, pero me sorprendo porque lo primero que toco es una pequeña protuberancia dura, puntiaguda, redondita y estriada, ¿qué será?.

Y sigo acercando mis dedos, suavemente, para no molestarle, solo con las puntas, y llego hasta sus ojos, que tiene cerrados, ojos enormes de largas pestañas que me deja rozar con cuidado y luego su hocico redondeado y su cuello... parece un caballito, ha de ser pequeño porque su cabecita acopla entre mi hombro y mi cuello, tan pequeño, tan confiado... Alegría...

La paz me inunda; la luz, el olor, el agua, el pequeño unicornio que se ha acercado hasta mí, todo me hace vivir en un mundo nuevo, en un mundo de ilusión y alegría, de anhelos infantiles, de sueños adultos, de esperanza, amor y amistad, es un mensaje de nueva vida, de confianza. Mi alegría, pura alegría...

Abro los ojos lentamente y veo que el unicornio los ha abierto también, me está mirando desde su posición sobre mi pecho, se levanta y caracolea un poco, como invitándome a levantarme y a jugar con él, así que me levanto despacio, tratando de aprisionar dentro de mi todas las sensaciones que tenía hasta ahora: el color de la naturaleza, el olor de las flores, de los animales, los sonidos del aire, del agua, las luces iluminándolo todo..., pero el pequeño unicornio está jugando a mi alrededor, salta y corre con sus crines suaves flotando al viento. Y no puedo resistirme a abrir mis brazos, a querer abrazarle, ¡es tan alegre, tan infantil!. Y se acerca a mis brazos, me deja rodearle y luego se suelta y corre para que lo siga, jugando, jugando...

Cuando ve que lo estoy siguiendo, se adentra en el bosque despacio y me muestra un camino entre los densos árboles.

- ¿Dónde vamos? -le pregunto.

Y él me mira, mueve su cabecita y corre un poco, como jugando conmigo, está alegre, me hace feliz.

Llegamos a un claro lleno de hierba alta, verde y jugosa, y mi amiguito se pone a pastar, contento y feliz, mostrándome su bella inocencia.

Alrededor del claro lleno de pasto hay millones de flores de todos los colores, grandes hortensias azules, elegantes rosas rojas, discretos geranios rosa, margaritas blancas, violetas moradas, primaveras amarillas, buganvillas de todos los colores del arco iris. La visión de la naturaleza en plena explosión de color, vida, y esplendor, me emociona, renace mi esperanza. Gracias mi pequeño, mi dulce unicornio: me has mostrado de nuevo la alegría de vivir, la esperanza, la belleza de la naturaleza..., gracias, gracias.

¡Hay tanta vida en este lugar!. Me acerco a las flores, las huelo, las acaricio, respiro hondo. Ahora soy yo la que me zambullo en ellas, me rodean, me llenan de color a mí, tan gris... Corro entre ellas hasta no ver más que colores y formas bellísimas.

Quiero enseñarselas, pero de pronto, ahora ya no está alli. Respiro hondo.

Poco a poco podemos volver al presente, movemos los dedos de los pies y de las manos y abrimos los ojos a nuestro ritmo.

Publicado la semana 28. 13/07/2018
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Unicornio Azul, Silvio Rodriquez , En momentos de ánimo bajo
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