Semana
26
Jo, Ybáñez

MICRORRELATOS I

Género
Relato
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GLADIADOR

 

Si fuera un gladiador preferiría luchar con la red.

Mi amante es un secutor y yo, pobrecita de mí, le lanzo mi red dulcemente para ir arrebatándole, a trocitos, la pesada armadura que se ha colocado alrededor de su pecho para que ninguna otra mujer pueda herirle.

Y desde mi humilde posición (sólo llevo una túnica), algún día le engancharé con el tridente de mis juegos y atravesaré su corazón con la daga de mi amor.

Y por mi destreza con estas armas (probada en el pasado) creo que sería muy eficaz como gladiador reciario.

 

¡QUE ALGUIEN ME QUIERA!

 

- ¡Qué inútil eres, hija mía! -grita la madre.

- Nunca te parece bien lo que hago -dice María.

- Si sigues así nadie te querrá nunca -replica la madre.

- ¡Me querrá mi príncipe azul! -exclama María.

- Pues sepas que en la pareja también hay que aguantar mucho y no todo es de color rosa -sentencia la madre.

 

María sale con Felipe. Ella no puede llevar faldas cortas porque él se enfada y la zarandea, y se burla de ella constantemente por tonterías, pero luego le dice que la quiere mucho y a María se le pasa la vergüenza y la tristeza.

- ¿Ves, mamá, como sí que me quiere alguien?, Felipe es mi príncipe.

 

 

TODO CAMBIA

 

Sentía mucha rabia. Corrió hacia el río. Le oía llamarla y correr tras ella, pero no se detuvo. El cielo estaba negro, ni siquiera veía la luna, todo estaba oscuro como su vida.

Él la alcanzó, la cogió del brazo y le dijo que también había encontrado en Alemania un buen trabajo para ella.

Entonces la luna se reflejó en las aguas del río y vio las diferentes tonalidades de las hojas de los árboles; su vida volvió a iluminarse.

 

 

FALLAS

 

Són les dos en punt i comencen a sonar, lleus, les xicotetes explosions primeres, que, a poc a poc, van creixent en intensitat i número fins a formar una simfonia que impregna tots els sentits: l'olor de la pólvora, el so musical, el fum que s'albira dirigint-se al cel. Immersos el cos i la ment per complet en aquest festival de pólvora i so, sent que em diluïsc totalment en cada explosió i puge fins al cel convertit en un núvol de fum per a caure novament i fondre'm en el sòl de la meua benvolguda València.

 

NI YO

 

¡No me lo puedo creer, no me lo puedo creer!, por mucho que me lo digas, eso no puede ser porque me dices que no se lo cuente a nadie, y a mi me parece que es porque es mentira, ¡es una barbaridad!, ¡no, no. no, calla, calla!, ¡es mentira!, lo que me acabas de contar es mentira y no te voy a creer. ¿Quién en su sano juicio creería que una chica se pone hidratante de supermercado?, nadie.

 

DONDE NACÍ

 

El sol suave ilumina el cielo. Los árboles, jóvenes aun, extienden sus finas ramas llenas de hojas tratando de proteger la vida que se mueve bajo ellos. En las cafeterías, solo algunas mesas están ocupadas. Las tiendas están abriendo sus puertas ahora. Del supermercado salen madres con las bolsas de plástico llenas, caminando rápido, muy rápido, porque son las cinco de la tarde y sus hijos están a punto de salir del cercano colegio. Diez minutos después, la Avenida está llena de niños y madres, meriendas, pelotas, patines, pipas, correrías y griterío.

La gente mayor se sienta en los bancos con sus vecinos, charlan, cotillean, ríen, viven.

Grupos de adolescentes exhiben su inocencia, su energía y su frescura.

Ahora se llenan las cafeterías de amigas que meriendan y se cuentan sus vidas, amigos que toman café para quejarse de las suyas, parejas que ya no se cuentan nada.

La ancha calle adoquinada, que por la mañana es una maraña de coches, camiones de descarga, compras y ventas, a estas horas está libre de vehículos, ofreciendo libertad y seguridad. Desde la carretera hasta la fuente, la vida entera de un pueblo circula por la Avenida.

 

EN OCASIONES VEO MUERTOS

Ya comprendo por qué, cuando me cruzaba con ese fantasma de piel blanca, ojeras negras y traje a rayas, me veía. Quint y la señorita Jessel eran mis clientes: adoptaron a un dulce y flotante fantasmita blanco; yo hacía mi trabajo, soy psicólogo, supervisaba sus relaciones. Pero el más pesado era aquel viejecito y gruñón fantasma inglés, Simon, que arrastraba sus cadenas por las estancias del castillo. Y yo no comprendía por qué veía a todos estos fantasmas, hasta que Cole me lo explicó.

 

Publicado la semana 26. 25/06/2018
Etiquetas
banda sonora de Benny Hill , Mientras tomas café
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