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Jo, Ybáñez

VACACIONES EN PAZ

Pronto hará un año.

Este año no se si podré ir ... y me gustaría, pero nunca se sabe si vendrán en la fecha prevista o no, así que esperaré hasta última hora para alegrarme o disgustarme. Y es que la llegada de los niños saharauis todos los años al aeropuerto de Alicante constituye una buena dosis de vitaminas para el alma.

Os contaré la del año pasado, pero podría ser la del anterior o la de este o la del año próximo, siempre pasan cosas para recordar, aquí, en Canals, o en Ontinyent o en Xàtiva o en los cientos de asociaciones que hay en todas partes de España y que vamos a recoger a los niños saharauis que vienen a disfrutar de dos meses de paz y salud con nuestras familias.

 

El verano pasado no sabía si iría al aeropuerto porque era un día a mitad de semana y tenía que trabajar al día siguiente, aunque podría buscarme un sustituto. La cuestión es que, como sabía que irían familias de Canals al aeropuerto, pensaba que podía delegar en ellas la responsabilidad de hacerse cargo del grupo de niños destinado a la asociación de Canals y así podría cumplir con mi trabajo sin problemas, pero, a última hora decidí ir, y así comenzó la noche.

 

Como estaba previsto que los dos aviones que llevaban a los niños de Canals llegaran a Alicante a las doce y a las dos de la mañana (siempre vienen por la noche, no hay que olvidar que parten desde un aeropuerto militar, Tindouf), pudimos salir de Canals Ahmed y yo, en el coche de un amigo, a las diez de la noche (aproximadamente).

Por el camino íbamos escuchando la radio: estaban haciendo un programa muy curioso: pedían que llamaran oyentes para decir qué sonido hacían con la boca para sustituir una palabra. Yo me acuerdo de que, cuando era pequeña, chasqueaba la lengua para decir que no (era costumbre entonces, ahora ya no se oye ese sonido, es más rotunda la palabra NO), sonaba así como "nyxo", pero sé que los saharauis emplean mucho todavía esos sonidos, tienen uno característico para decir Si y otro para el No, así que le digo a Ahmed:

- Llama, y di que eres un niño saharaui, que vamos de camino a Alicante para recoger a los niños que vienen de los campamentos para las Vacaciones en Paz, y di los sonidos que haces en tu idioma. Así, de paso, haces propaganda.

Así lo hizo Ahmed y le contestaron que diera el teléfono que ahora le llamarían ellos. Nos quedamos esperando su llamada.

Mientras tanto sonó mi móvil; me llamaba la hermana de Ahmed, que es adulta y vive en Sevilla:

- Vicenta, ¿Dónde estás?

- Voy de camino a Alicante para recoger a los niños de Vacaciones.

- Uf, Hamdulillah, (gracias a Alá, Dios), es que Lala, la hija pequeña de mi hermano Mohamed viene de vacaciones a Valencia. No sabemos a qué asociación; tenía que haber venido a Andalucía, con sus primos, pero ha habido un error y va a ir, seguro, a Valencia. Quiero que la busques y que mires en qué asociación está y ya nos pondremos en contacto con ellos para preguntarles si podemos ir a verla.

- Pero !Lala es muy pequeña ¡¡¡

- Si, solo tiene seis años y está sola.

- No te preocupes, la buscaremos y te llamamos enseguida.

- Esperaré tú llamada, pero, hay otra cosa: es que no va con su nombre, va con el nombre de Najath Nejem.

- ¿Cómo?, Repite por favor.

- Najath Nejem.

- Najath Nejem, de acuerdo, te llamo en cuanto sepa algo.

 

Y así seguimos nuestro camino. Ahmed ahora está callado, tiene una nueva responsabilidad, es su sobrinita pequeña, la que yo llamo su “novia” porque la última vez que estuvimos juntos en los Campamentos no se la sacaba nunca de encima, siempre estaba jugando con ella, como se ve en un montón de fotos. Entonces tenía tres años, ahora tiene seis y hay que encontrarla entre los cientos de niños que vendrán a Valencia y bajarán del avión agotados, perdidos, asustados.

 

Un poco antes de las doce de la noche llegamos al aeropuerto. Aunque el primer avión está programado que llegue dentro de muy pocos minutos, vamos tranquilos, sabemos que se retrasarán, que tenemos tiempo.

De todas formas miramos el panel de llegadas y dice:

Tindouf .................. en hora (los dos aviones), ¡Vaya, a ver si es verdad!

 

En la terminal del aeropuerto vemos un panorama que nos es familiar verano tras verano: está lleno de gente, como si fueran las once o las doce de la mañana o la hora que sea habitual ser la más concurrida: hay un montón de saharauis que esperan a sus hijos, o los sobrinos, o el amigo que viene de monitor o ...;  hay un montón de niños que esperan a sus amigos, hermanos, parientes, a quien será su hermano o hermana durante el verano; están las familias que han venido porque no quieren esperar a que el autobús les lleve a sus hijos de verano y están los responsables de todas las asociaciones que van a recibir niños este año.

 

Nada más llegar encuentro a Sara. Ella acogió el último año a Mohamed y no sabe si este año será él el niño que tiene que ir con su familia, pero espera que el Mohamed Bachir que les ha sido asignado sea el Mohamed del año pasado, porque era un niño que les robó el corazón con su sonrisa, amabilidad y ternura y tienen ganas de volverlo a ver. Si no es él, no pasa nada, pero ¡ojalá sea Mohamed!, ¡era tan cariñoso, tan alegre!.

 

Después de saludar a los niños y a la familia de Canals que han venido antes con el autobús, me voy a buscar a Amparo que es quien me puede decir en qué asociación esta Lala (Najath Nejem). La encuentro yendo arriba y abajo, aclarando cosas con unos y otros y llena de papeles y listas. Le digo que necesito saber dónde va una niña y, cuando me puede atender, la busca por listas y más listas, pasa hojas, repasa con el dedo todos los nombres y .... no la encuentra. '

- ¿Cómo se llama su madre?

- Fatimetu (digo, sin pensar que puede ser que tampoco esté correcto el nombre de la madre).

Vuelve a pasar y repasar y dice:

- Esa niña no viene a Valencia, ¿de qué daira es?

- Tichla, Ausserd.

- No, no está, hay muy pocos de Ausserd y Najath Nejem no está.

- ¿Y Lala Mohamed?

- Mmmmmmmmm, no tampoco.

 

Llamo a Mettu para decírselo y me dice que sí que viene a Valencia, porque la niña ha salido esta noche en estos aviones y, además, los de Valencia son los últimos niños que han salido de los campamentos.

Bueno, le contesto, solo falta mirar a todos los que llegan por ver si la reconocemos (han pasado tres años desde la última vez que la hemos visto).

 

Volvemos al panel de llegadas y como es normal, vemos:

Tindouf .................. delayed

 

Claro, ya lo sabíamos, era muy raro que fueran puntuales.

 

Ahmed se une a sus amigos y yo me voy con Sara y la familia de Canals, nos tomamos un café, charlamos un rato. Sara dice:

- Han venido mi hermana y mi sobrina porque tienen muchas ganas de volver a ver a Mohamed.

- Pero, ¿sabes seguro que es él?

- No, pero los padres me dijeron que venía a Valencia y Ángel me ha dicho que, de las listas, es el nombre más parecido y es del mismo pueblo, así que espero que sea él.

- ¿Y si no?

- Pues, nada, ¿qué tengo que hacer?, quien sea, bien, pero me gustaría que fuera él, era tan buen chico, tan alegre y cariñoso ...

 

La familia de Canals sí que sabe cuál es el niño que va a su casa. En octubre estuvieron en los campamentos por primera vez y arreglaron los papeles para recibir al pequeño en su casa. Es casi seguro que no habrá equivocaciones, pero ... nunca se sabe.

 

Pasa una hora, pasan dos horas, charlamos un rato, dormimos otro rato en los sofás del aeropuerto, paseamos, saludamos a unos y otros ...

Miramos otra vez el panel:

Tindouf ............. En hora

Son las tres de la mañana, !a ver si es verdad ¡¡

A veces da la sensación de que hay un televisor gigante y la gente se acerca a ver la programación: si hay mucha gente es que dice “en hora”, si la gente protesta o se va no es que la programación sea aburrida, es que dice “delayed”.

 Al cabo de un momento vuelve a decir:

Tindouf ........... Delayed

Cuando tenemos hambre volvemos a tomarnos un café, o un zumo y un dulce, los niños quieren un bocadillo, cambiamos de asiento, paseamos un poco.

 

A las cinco de la mañana nos dicen (unos a otros nos pasamos la información) que los aviones han salido de Tindouf, pero continúa diciendo delayed ...

A las siete de la mañana dice:

Tindouf .......... En hora

Pero el aviso ha llegado tarde: los aviones ya están aquí.

 

La alegría y el nerviosismo nos invaden. Los encargados de identificar a los niños suben a los aviones, el resto de la gente nos acercamos a las cuerdas que forman un pasillo de salida.

Es como si estuviéramos esperando ver a Messi, o cuando todo el pueblo salió a recibir a Mister Marshall, no llevamos pancartas, no gritamos, todos los sentimientos de bienvenida y acogida los tenemos en el corazón y nos salen por los ojos.

 

Tarda mucho en salir el primer grupo, han tenido que identificar a muchos niños de nombres desconocidos y mal escritos, les han puesto, a cada grupo, un distintivo para saber a qué asociación van: gorritas rojas o verdes, pañuelito de colores, letreros con el nombre del pueblo al que van; no tienen que esperar los equipajes, los que más suerte tienen llevarán una mochila y nada más ... salen por la terminal acristalada ... les vemos las caritas, asustados (el 80% nunca ha pisado el suelo duro, nunca habían subido una escalera, nunca habían visto una construcción más grande que una habitación, ¡poneos en su lugar!), cansados ​​(la mayoría hace dos días que han salido de la jaima), sucios, con hambre; van a pasar dos meses lejos de su familia, en otro país, ¡tan diferente ... !, en otro continente, con una familia a la que no conocen de nada, pero en quien confían plenamente, y nos ven de frente: un montón de gente de todas las edades y colores, que, sonriendo y emocionados, estallamos en un aplauso de bienvenida, de calor y cariño hacia estos niños que buscan paz, salud y amistad y a quien estamos dispuestos a dar todo, porque nunca alcanzará a equilibrar todo lo que ellos nos van a enseñar: respeto, solidaridad, generosidad,

 

Ahmed y Bujari se ponen delante de toda la gente para ver si, grupo a grupo, pueden reconocer a Lala. Poco a poco bajan todos los niños, cada vez un aplauso, una alegría, un abrazo, preguntas, llantos ... Lala no baja. Mohamed, el de Sara, tampoco. Ahmed y Bujari preguntan a un montón de niñas pequeñas, ¿cómo te llamas?, Ninguna es Lala, ¿conoces a Lala Mohamed o Najath Nejem?, Siempre responden: no, no.

Ya tengo la mitad del grupo de Canals, hay dos o tres niños mayores, dos o tres más pequeños, me miran como los patitos deben mirar a la mamá pata por primera vez, como diciendo: tú me has buscado, tú eres mi guía, confío en ti. Les pregunto si quieren agua o algo (no, no), sentaos en el suelo aunque sea, estaréis muy cansados ​​(Bujari traduce). Estoy abrumada por esta responsabilidad, o emocionada, no sé.

 

Me vuelvo a la salida, Ahmed no ha visto todavía a Lala, la familia de Canals sí que ha encontrado a su niño, todo les ha salido bien.

Como ya son las ocho de la mañana, comienzan a llegar aviones de otros lugares, bajan extranjeros rubios y altos, cargados de maletas, turistas que no están cansados ​​ni asustados, niños bien vestidos que vienen a disfrutar del sol y gastarse dinero y se extrañan mucho de ver a tantísima gente cansada, mal vestida, llorando y riendo, aplaudiendo ¿a quién?, y ven detrás de ellos a niños árabes y negros con un letrero al cuello y no comprenden nada, no comprenden nuestros aplausos y nuestras emociones, !qué lastima ¡¡

 

A las nueve de la mañana sale el último niño del último avión, es el niño de Sara, pero no es el Mohamed del año pasado, Sara estalla en un llanto: ¿dónde estará mi Mohamed?, pero coge al niño de la mano y le da dos buenos besos.

 

Ahmed no ha visto a Lala. Nuestro grupo ya está completo y subimos al autobús. Llamo a Mettu: no hemos visto a Lala.

Nos vamos a casa, los niños se sientan lo más cómodos posible, a alguien le entran nauseas en el autobús, Talia les ayuda. El resto poco a poco se duermen. Sara ya no llora, tiene a su nuevo niño abrazado para que duerma cómodamente, me dice: Se llama Bachir, se ve muy calladito y buen chico. (Nunca olvidará a Mohamed, pero su corazón tiene lugar para otro niño, Bachir, y seguramente para muchos más que conocerá año tras año).

 

Intento dormir, pero miro a una niña que está sentada tres o cuatro filas delante de mí, es muy pequeña, va muy bien peinada, pienso en Lala, ¿dónde estará?.

 

Vuelvo a abrir los ojos y vuelvo a mirar a la niña, tan pequeña, con una carita tan fina, tan bien peinada, tan asustada, pienso en preguntarle el nombre, pero !qué tontería ¡¡¡cómo va a ser Lala??, los chicos la habrían reconocido, esta niña puede que sea aún más pequeña que Lala.

 

- Talia, Talia ayúdame, es una tontería, pero, por favor, ¿quieres preguntarle el nombre a esta niña?.

Me acerco con Talia para ver qué dice y la niña, en voz muy bajita dice:

- Najath ...

- ¿Lala?, ¿Lala Mint Mohamed??, le pregunto yo toda nerviosa.

Me mira la niña y sin decir nada dice que sí con la cabeza y con una mirada extrañada de que una blanca diga su nombre bien dicho.

 

- Aaaaaaahh ¡, ¡Ahmed, Ahmed!, - grito yo emocionada- la hemos encontrado, hemos encontrado a Lala.

Ahmed, que está dormido, se despierta y se levanta de repente y la toma en brazos. A él sí que lo ha reconocido, ahora sabe que tiene a la familia cerca: Lala va a la asociación de Ontinyent y podremos verla cuando queramos.

Doy gracias a Dios o a Alá o a ese ser poderoso que ha permitido que la noche nos diera a todos tantas emociones y tantas alegrías.

Ya podamos descansar hasta que lleguemos a Canals.

 

Son las doce de la mañana, he tenido que decirle a Carles que me sustituyera en el trabajo, estamos a las puertas de la radio de Canals esperando a que las familias vengan a recoger a los niños. Bachir, un niño de unos doce años me mira con cara de asustado, habla un poco de castellano porque ya vino el año pasado y me dice:

- Es que… , mi nombre no es Bachir, he venido con ese nombre pero me llamo Busraye, ¿Qué pasará?

- No te preocupes, no pasa nada, hay muchos niños con los nombres cambiados.

 

Se tranquiliza, me mira con cara de agradecimiento, como a su madre pata, es la misma carita que veo cuándo nos encontramos en la puerta del instituto: Busraye se ha quedado durante un tiempo con la familia de Canals que lo acogió, y me permite no olvidar aquel día, aquella noche.

Nos invitan a subir a la radio, en directo contamos quienes son los niños que han venido y porqué, vienen las familias a recogerlos y comienzan unas nuevas Vacaciones en Paz.

Este año no se si podré ir y me gustaría, me gustaría mucho. Esto que os he contado es la del año pasado, pero podría ser la del anterior o la de este o la del año próximo, siempre pasan cosas para recordar, aquí, en Canals, o en Ontinyent o en Xàtiva o en los cientos de asociaciones que hay en todas partes de España.

¡Probadlo!.

Publicado la semana 25. 18/06/2018
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Haiyu de Mariem Hassan , La vida misma , Viendo las noticias
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