Semana
24
Jo, Ybáñez

DESPARRAMÁS - Capítulo 4-

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- Ave María Purísima...

- Sin pecado concebida.

- Padre, hace diez días que no me he confesado y he pecado de ira y de soberbia.

- Hija mía, enfadarse no es tan grave, eres humana, todos somos humanos.

- Ya lo sé, Padre, pero cada vez que me llega la factura de la luz o el impuesto del ayuntamiento y no puedo pagarla, me ciega la ira. Renuncié a cuidar de mis hijos y mi casa por poder darles un futuro mejor , me he pasado la vida trabajando y ahora que estoy jubilada resulta que no puedo pagar mis facturas. Se me pone un nudo en la garganta de la rabia que tengo de ver que, después de trabajar más de cuarenta años, cobro una puta mierda solo porque me jubilé antes de hora para poder cuidar de mi madre.

- Hija, procura no blasfemar y menos en la casa del Señor.

- Sí, Padre, perdóneme, otra falta que confesar, es que estoy muy agobiada.

- Ya sé que hiciste lo correcto dejando tu trabajo para cuidar de tu madre. Hija, Nuestro Señor, allá en el cielo, te lo premiará, y debes estar tranquila porque Nuestro Señor siempre nos envía las pruebas que podemos superar

- Sí, Padre, en el cielo ya sé que Dios me lo premiará, pero aqui abajo se me llevan los demonios cuando pienso que le debo dinero a todo el mundo para poder afrontar los pagos habituales. Y entonces noto que mi soberbia se descontrola porque creo que yo merezco mucho más que lo que me está pasando y que no puedo superar ya más pruebas.

- No te mortifiques, hija, tus sentimientos son totalmente humanos, pero debes rezar con mucha más fe para que Dios vea que le agradeces todas las pruebas que te envía para que aprendas humildad y paciencia.

- Padre, mi humildad y mi paciencia, asi como mi fe son inquebrantables en el Señor, pero no sé controlar mi soberbia.

- Hija, debes rezar quince padrenuestros y veinte avemarías para purificar tu alma.

- Gracias, Padre.

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- Ave María Purísima.

- Sin pecado concebida.

- Padre, hace una semana que no me confieso y mis pecados, esta vez, son la ira y el desagradecimiento.

- Hija mía, debes controlar esa ira que dices siempre que sientes. Cuando te confiesas y te impongo una penitencia, haces promesa de no volver a pecar en ese sentido.

- Padre, yo lo siento mucho, pero mi situación es la misma aunque rece cien avemarías y si viene el recibo del gas o del teléfono y no tengo dinero, me enfado muchísimo y grito y golpeo la mesa de la rabia que me entra, ¡toda la vida trabajando para esto...!

- Te falta fe y confianza en Dios Nuestro Señor, ¿temen acaso los pajaritos quedarse sin comida?, el Señor es nuestro pastor nada nos ha de faltar. Reza...

- Espere, Padre, que tengo mas pecados.

- Dime, hija mía, y te agradezco que hagas crecer mi propia paciencia.

- Pués que por las tardes estoy cuidando a una señora y este pequeño ingreso me viene muy bien, pero es muy complicado contentar a esta señora porque no la quieren ni los hijos de lo mala que es, tiene una absoluta falta de cultura y no le gusta ni ver la tele ni leer ni rezar un ratito, nada, solo criticar y criticar incluso a sus hijos, siempre se está quejando de todo y de todos y yo debiera estar agradecida por haber encontrado este trabajito, pero no la puedo soportar, charla y charla y me saca de mis casillas con tanta crítica y no puedo mostrarme agradecida, saca lo peor de mí.

- Hija mía, en este caso, tu misión es mostrarle la bondad del ser humano, hacerle ver que lo correcto es no criticar, rezar y dar gracias a Dios Nuestro Señor. Esta vez, como penitencia, vas a rezar todos los dias el Santo Rosario en compañía de esa señora.

- Pero Padre, ella no quiere ni rezar ni verme rezar.

- Estoy seguro que podrás hacerlo.

- Sí, Padre, gracias.

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- Ave María Purísima.

- Sin pecado concebida, hija.

- Padre, hace quince dias que no me confieso y mi pecado es la soberbia.

- Hija mía, con las penitencias de las semanas anteriores tú haces firme propósito de enmienda, ¿cómo vuelves a dejarte gobernar por la soberbia?

- No es mi intención de ninguna manera, pero cuando pienso que yo, como trabajadora, he sido excelente y sabía que lo era porque daba todo de mí misma, sé que soy inteligente, siempre he tenido afán de superación y aprendizaje y he sido una trabajadora muy valorada en cualquier puesto que he desempeñado y ahora, en mi jubilación me veo en esta situación, cuidando a mujeres insoportables y encima tengo que ir en tren a todas partes porque ni coche puedo tener ya, ¡con lo independiente que he sido siempre!.

- Mucha soberbia, realmente, veo en tus palabras, debes enmendarte, eres una persona igual de válida como la señora esa a la que cuidas, ni más ni menos. Esta semana te impongo como penitencia encender una vela cada vez que cometas un pecado de soberbia o de ira.

- Gracias, Padre.

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- Ave María Purísima.

- Sin pecado concebida.

- Padre, hace una semana que no me he confesado y me acuso de no cumplir la anterior penitencia y, además, mi soberbia y mi ira van en aumento.

- Mira, hija, si no vas a cumplir las penitencias y tus propósitos de enmienda son falsos, no te acuses solo de soberbia sino de falsedad y de no respetar a Dios Nuestro Señor.

- Pero es que la señora a la que cuido, encima de ser tan mala persona, tan inculta, tan insultante, tiene una paga el doble que la mía, que trabajé desde los catorce años hasta los sesenta y ella no ha trabajado en su vida, siempre ha estado servida y bien servida y yo merezco más: no he podido criar a mis hijos, siempre he ido corriendo a todas partes, no he disfrutado de nada esperando a jublarme y ahora, ¡mire!, tengo que estar al servicio de una señora que no ha trabajado en su vida y aguantar su mala leche.

- Hija mía, ya no sé qué penitencia imponerte... mira, vas a prender cincuenta velas o las que necesites hasta que sientas que la paciencia, la conformidad y la confianza en Dios penetran en tu alma. Ofendes a Dios cada vez que te quejas de tu situación, cada vez que no tienes fe en sus caminos que sabes que son inexcrutables, tu desgradecimiento te aleja del verdadero camino, deberías estar feliz y contenta de las pruebas que te envía Dios para fortalecer tu fe en Él, estas pruebas te engrandecen como persona; tú, como creyente, tienes que dar ejemplo de fortaleza y alegría a tus semejantes.....

 

INCENDIO EN UNA CASA DE LA CALLE MELANCOLÍA, NÚMERO 13. LA CASA ESTABA COMPLETAMENTE LLENA DE VELAS, POR LO QUE SE DEDUCE QUE FUÉ UNA DISTRACCIÓN DE LA SEÑORA QUE ALLÍ VIVÍA, UNA SEÑORA DE AVANZADA EDAD QUE EN ESE MOMENTO SE ENCONTRABA A SOLAS. LA SEÑORA SE DURMIÓ EN EL BALCÓN DE SU CASA OLVIDANDO QUE LAS HABÍA DEJADO ENCENDIDAS. GRACIAS A ELLO, SALVÓ SU VIDA PUESTO QUE LOS BOMBEROS PUDIERON RESCATARLA SIN QUE LLEGARA A SUFRIR NINGUNA QUEMADURA NI LE FALTARA EL OXÍGENO.

 

CURIOSAMENTE, EN LA CALLE OLVIDO NÚMERO 13 TAMBIÉN SE DECLARÓ AYER UN INCENDIO POR LAS MISMAS RAZONES: CENTENARES DE VELAS ENCENDIDAS QUE PRENDIERON LAS CORTINAS, LA TAPICERÍA Y LOS MUEBLES DE TODA LA VIVIENDA, QUE SE ENCONTRABA EN VÍAS DE DESAHUCIO POR IMPAGO DE IMPUESTOS. LA DUEÑA DE LA VIVIENDA SE ENCONTRABA EN ESOS MOMENTOS EN LA IGLESIA PARROQUIAL ESPERANDO EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN CUANDO LA FUERON A BUSCAR PARA INFORMARLA DEL SUCESO.

Publicado la semana 24. 12/06/2018
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