Semana
18
Jo, Ybáñez

DESPARRAMÁS - Capítulo 3-

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Suena el timbre de la puerta varias veces seguidas, chirriando, insistente. Es mediodía, Carla se acaba de sentar en el sillón intentando descansar un ratito para poder seguir activa el resto del día.

- Nena, por favor, ¿puedes abrir tú?, necesito descansar un poquito -le pide a su hija.

- Vooooy -grita la chica para que dejen de aporrear el timbre.

- Mamá, es Sunsi, la vecina, que dice que si vemos bien la tele.

(Otra vez, como todos los días. -piensa Carla, pero no lo dice).

- Dile que no lo sabemos, que no la hemos enchufado.

De todas formas, a pesar de la respuesta, la vecina entra en el salón como una tromba:

- ¿En serio no la has encendido? - dice extrañada.

- No, Sunsi, hemos comido en la cocina y ahora estoy descansando antes de volver al trabajo, no hemos enchufado el televisor.

(Por favor, por favor, que se conforme y se vaya y pueda descansar, piensa Carla)

- ¡Pero chica, si estarán dando la noticia de la niña esa que ha desaparecido y seguro que después habla el ministro sobre la subida de las pensiones! -dice casi indignada Sunsi.

- Pues no, Sunsi, no sé nada de eso ahora mismo.

Sunsi echa una vistazo a su alrededor.

- ¿Y te sientas teniendo el salón como lo tienes?, yo no podría, desde la confianza te lo digo, ¡eh!, que ya sabes que yo te aprecio mucho -sigue Sunsi, juzgando según sus propias reglas.

Carla es vecina de Sunsi desde hace quince años. Encima de la mesa de centro del salón está el ordenador, los libros de la hija y las tazas del café que se acaban de tomar. Encima de la mesa de comedor está la ropa que acaban de recoger del tendedero y las mantas del sofá no están ordenadas.

- Pues yo sí, Sunsi, dentro de veinte minutos me voy a trabajar: me he levantado muy temprano y ahora estoy descansando.

- Yo también me he levantado muy pronto hoy, tenía médico a las nueve para ver cómo me había salido el análisis -Sunsi sigue insistiendo en tener una conversación.

- Muy bien -responde Carla para no darle coba.

- ¿No quieres que te diga lo que me ha salido?

- Seguro que estás muy bien, se te ve.

Sunsi es una señora de unos setenta y cinco años, muy elegante y bastante activa socialmente; una señora de las de antes, educada en la posguerra con las obligaciones impuestas por la sociedad de entonces, pero que han perdurado a través de las posteriores generaciones, imbuidas en las profundidades de la genética del pueblo español. Está siendo muy difícil erradicar la opinión generalizada de que una mujer cuya casa no está tan limpia y ordenada como la de Sunsi o su puchero no es tan bueno como el de la suegra, no es una mujer “como dios manda” (Carla piensa en este “dios” en minúscula porque piensa que Dios no manda esas tonterías).

- Pues no: me ha salido un poco de anemia -dice Sunsi, aparentando sentir lástima de sí misma.

- Eso es normal en tu edad.

Carla ya da por perdido su ratito de descanso.

- Pues no, no es normal porque me ha recetado hierro, dice que tengo que tomar hierro.

- Mejor, así tendrás más energía.

(Seguramente la vecina de arriba no está y por eso ha venido a contarme todo eso a mí  -piensa Carla)

- Ya no sé cuántas pastillas me tomo: para el colesterol, para la anemia, para la tensión, para los huesos, vitaminas... ¡ah, claro!, y protector de estómago.

- ¿No son muchas?.

- Pero son necesarias.

- ¿Tu crees?

- ¡Pues claro!, si no, el análisis me hubiera salido peor.

- Vale, como quieras.

- ¡No, no, lo que es es! (famosa frase de Sunsi, que siempre sabe “lo que es” y lo que “tiene que ser”). ¿Has visto lo que me he comprado? -dice, cambiando de conversación.

- ¿Qué te has comprado? -pregunta Carla, aliviada por el cambio de tema.

- ¿No lo ves?:¡esta camisa es nueva!.

Carla se admira de que Sunsi piense que se conoce su armario y se admira aún más de que Sunsi sí que conozca todo el guardarropa suyo: cuando Carla se compra alguna prenda nueva, Sunsi siempre se da cuenta.

- ¡Ah, si!, muy bonita -se ve obligada a contestar.

- Me la he comprado de rebajas en Hemenegildo Trimegisto.

- Me alegro de que puedas comprarte esas cosas tan caras.

- ¿A que me sienta bien?

- Sí, muy bien.

- ¡Ay, qué poca energía! -se queja Sunsi.

- Es que estoy cansada -dice desmayadamente Carla.

- Siempre estás cansada y eso que tienes la casa...

(Los puntos suspensivos reflejan la mirada desaprobadora que Sunsi está dando a su alrededor una vez más)

- Sí, ya sé, tú la tienes muy bien -dice, aduladora, Carla, por ver si rebaja la negatividad del ambiente.

- Claro, y hoy más, que viene la chica de la limpieza y tengo que tenerlo todo arreglado, no sea que luego vaya diciendo por ahí...

- Y ¿por qué no cambias a otra chica que no cotillee? -dice Carla.

- No, ¿cómo?- contesta indignada Sunsi- ¿qué iba a decir ésta?, iríamos de boca en boca yo y mi casa.

- Sí, claro, así que has de limpiar antes de que te venga la chica de la limpieza.

- Sí.

(Esto es kafkiano -piensa Carla)

- Bien -dice Carla, esperando haber terminado la conversación.

- Pués después del médico había quedado con mis amigas.

(¡Madre mía!, ¿cómo le digo que se marche?, no quiero ser maleducada, vive en la puerta de al lado, hemos de vernos todos los días -piensa Carla desesperada).

- ¿Te lo has pasado bien con ellas?.

- Sí, bien, como siempre -dice Sunsi.

- Me alegro que salgas con amigas -le contesta Carla.

- ¡Es que si no, me muero yo aquí en casa encerrada todo el día!.

(¿Encerrada todo el día en casa?, ¡si no para! -piensa Carla).

- Muy bien -(¿fin?).

- Pués me han contado que Pedro se ha separado de su mujer, ella no limpiaba la casa -sigue, poniendo voz de indignación, Sunsi.

- ¡Ah! y ¿por eso se ha separado? -Carla se queda estupefacta.

- Claro que sí: un hombre cuando llega del trabajo no puede ver la casa por hacer.

(Creciendo la indignación de Carla: ella también es separada y Sunsi ya le ha dicho que tiene la casa un desastre).

- Ella trabaja.

- Pero no limpia. Él le dijo que o limpiaba o se la dejaba.

Carla ya no sabe si le ofende más la opinión de Sunsi o que se crea todo lo que la gente dice y, encima, lo repita por ahí.

- ¿Tú crees lo que estás diciendo?, ¿no se lo habrá dejado ella por imbécil?.

- No, ¿cómo se lo va a dejar ella? -dice, extrañada, Sunsi.

- Bien.

(¿Zanjamos ya esta cuestión también, por favor?, piensa Carla).

- Mi amiga Marujita llevaba un conjunto muy elegante, siempre está estrenando ropa, ni sabe lo que se gasta en ropa, siempre va muy bien vestida.

- Tu también -(¿que no te has dado cuenta?).

- Sí, lo procuro, pero yo no me gasto tanto dinero en ropa, para lo que tengo de paga... -nuevas quejas de Sunsi.

- ¿No tienes una buena paga?.

- ¿De viuda?, no, lo justito, un desastre.

- ¡Ah!, sí, que tú no tienes paga de jubilada. -recuerda Carla.

- No, yo no he trabajado fuera de casa nunca, siempre ama de casa, limpiando y criando hijos, como Dios manda, como me enseñaron, como tiene que ser.

- Pues me alegro que tengas paga: yo llevo trabajando desde muy jovencita y no sé si llegaré a cobrar.

(¡Hay que joderse!, piensa Carla)

- Ya veremos, ya veremos -dice Sunsi, aumentando la tensión.

- Bueno, voy a arreglarme, que me tengo que ir a trabajar -dice, al fin, Carla.

- ¡Ay, sí, sí! arréglate un poco, y ¿te vas a dejar la casa así? -sigue Sunsi, hurgando en la llaga.

- Mujer, pues el tren sale en un momento, no sé... creo que no puedo ponerme a fregar ahora -dice Carla a punto de estallar.

- ¿Y la tele?, ¿no has visto si va o no?.

- Enchúfala tú a ver.

(La hija ha desaparecido de la escena hace mucho rato, no sabe porqué su madre soporta a la vecina a estas horas)

- ¡Con la de cosas que están ahora haciendo!, no sé en qué voy a pasar la tarde -más lamentos a cargo de Sunsi.

- Voy al baño.

- ¿Y me dejas sola?.

- No sé, haz lo que quieras, tengo que ir al baño y correr al tren -se acaba el tiempo de Carla.

- No me tratas muy bien -(¿es posible que no entienda?, piensa Carla).

- Lo siento, pero tenemos confianza, ¿no?, tengo que irme, estás en tu casa.

- ¡Ay, no, no!, con lo desastrada que está me estoy poniendo nerviosa, yo me voy.

Y sale por la puerta enfadada.

Cuando consiga que la vecina de arriba le abra la puerta, le contará lo antipática que es Carla, que no ha enchufado el televisor, que tiene la casa hecha un desastre, seguro que por eso se la dejó el marido, también le repetirá los resultados del análisis y las pastillas que se toma, la ropa que se ha comprado y lo que se gasta en ropa su amiga. Pero tal vez, la vecina de arriba no tenga que ir a trabajar y pueda ser comprensiva con Sunsi o tal vez sea igual que ella, y hablarán las dos sin escucharse y criticando a quien les venga a la mente y que no cumpla con sus normas.

Publicado la semana 18. 01/05/2018
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Cualquier copla española , La vieja'l visillo , Cuando tienes que descansar NO
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