Semana
10
Jo, Ybáñez

Un amor cualquiera

Género
Relato
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Me despierto cada mañana a tu lado y te veo aún con los ojos cerrados, sabiendo que me has oído moverme entre las sábanas y me sonríes así, sin abrirlos, porque sabes que me hace feliz, que me hace sonreír a mí también.

Luego nos desperezamos lentamente, casi sin ganas, estiramos los dedos de los pies, rodamos los tobillos los dos al mismo tiempo, levantamos los brazos, estiramos las manos hacia arriba, como queriendo tocar el techo, todo como nos lo enseñaron en aquellas clases de fisioterapia para gente mayor. Y casi todos los días nos quedamos mirándonos y nos echamos a reír: ahora somos felices.

La verdad es que ahora y desde hace mucho tiempo porque la felicidad es algo que uno trae consigo o no, a pesar de las dificultades, a pesar de los desengaños, los contratiempos y las malas rachas, si lo que quieres es ser feliz, lo eres a pesar de todo y nosotros decidimos ser felices en el mismo momento en que nos conocimos.

Tus ojos en los míos, tu mano rozando la mía, tu sonrisa tímida, mis miedos y prejuicios, todo lo unimos, todo formaba parte de nosotros. Poco a poco aprendí a leer tus miradas, nuestras manos se fundían cada vez más a menudo sin importarnos donde o quien nos viera, tu sonrisa se fue haciendo más atrevida, más confiada y mis miedos… ¿dónde habían ido? Un día me di cuenta de que no temía a nada, todo estaba bien, todo menos estar sin ti.

Nuestro cuerpo ya no es el que era, dicen por ahí que estamos viejos, pero nosotros ni nos dimos cuenta de nuestros cambios, avanzamos juntos mirando hacia adelante y mirándonos a los ojos, hablándonos al oído y gritándonos entre risas.

¿Recuerdas hace años…?, yo siempre fui más miedoso que tú, más reservado y cuando me dijiste que debiéramos conocer a nuestras familias porque lo nuestro iba en serio y era definitivo, me asusté de nuevo, otro ataque de pánico, pero tú me abrazaste fuerte y me dijiste que ibas a estar siempre aquí conmigo, así que tendría todo el tiempo que necesitara para atreverme, ¡qué fácil lo has hecho siempre todo!, sigues siendo mi pilar. Sí, ya lo sé, yo soy tu ternura, por eso estamos bien juntos: roca y nervios, furia y paciencia, lo que sea.

Nuestros amigos se dieron cuenta enseguida, casi antes que nosotros, porque nos conocían a fondo mucho mejor que nosotros mismos, por eso nos presentaron. Yo ni siquiera sabía qué quería en ese momento, estaba muy confundido, quería centrarme en mi camino, pero fue verte y volverme las dudas enseguida: ¿qué me estaba pasando?, ¿qué había estado haciendo con mi vida?, ¿qué pensaba hacer en adelante?, tu me mirabas y me decías siempre: no temas, esperaré, somos el uno para el otro, ya lo verás. Y yo me relajaba y esperaba y salíamos y me rozabas las manos y me asustaba hasta un día en el que no me asusté más y otro en el que te dejé cogerme de la mano paseando por la calle y otro día en el que deseé besarte con toda mi alma, con todo mi deseo, comerte la boca con todo mi corazón, y tu me miraste a los ojos y sonreíste, tu felicidad se dibujó en tu boca, tan dulce; y tu paciencia de roca besó apasionadamente mi nerviosa furia recién adquirida y ya fuimos uno.

¡Me has enseñado tanto!, a mirar sin juzgar nada,  pero a aceptar juicios, a asumir diferencias, a entregar mi alma y a entregarme de corazón, sin esperar nada, solo porque quiero, y dices que yo te enseñé a comprender dudas y debilidades, te enseñé a esperarme pacientemente y a no tomarte las situaciones de forma personal. Nos hemos ayudado, hemos aprendido, hemos compartido, así es el amor.

 

Y un día me presentaste a tu familia y otro día yo te presenté a la mía. La tuya abierta y confiada, la mía asustada y avergonzada. Y no recuerdo nada más: estábamos juntos, ¡qué más daba!, tiempo al tiempo, entrañable, amigable tiempo, un tiempo largo o corto, no recuerdo, que dejó a su paso aceptación, inclusión y olvido.

Y seguimos caminando, caminando hacia adelante, besándonos, haciendo el amor, peleando, gritando, haciendo las paces, paseando, comiendo, durmiendo y despertando juntos.

Y nuestros pliegues guardaron caricias y nuestras palabras todo el respeto, las risas ocultaron las burlas y las lágrimas la impotencia, pero con los años aprendimos a burlarnos nosotros también y entonces nadie nos paró: reímos como locos y lloramos de ternura, como todas las parejas felices.

Hoy estoy recordando, tu sonrisa en la cama me ha hecho recordar: ayer, solo ayer pensamos en tener hijos, pero ¡era tan difícil!, ¿cómo puede ser tan difícil darle todo tu amor a una personita?, ¿por qué?, pero bueno, tiramos otra vez de aceptación y amor y seguimos adelante.

Y ya no hace falta recordar más cosas, nosotros aún no vivimos de recuerdos, aún no: mañana salimos de viaje, vamos a Venecia, nos hospedaremos en un hotelito cerca de la playa, es un sueño que tenemos desde hace muchos años, una especie de luna de miel ideal que no hicimos.

No sé cuál de los dos representará a Tadzio, tal vez los dos, sí, seguro, los dos somos Tadzio, hermosos e inocentes, ¡qué risa!: nos cruzaremos en la puerta haciendo como que no nos conocemos, nos miraremos a los ojos y, sin palabras, nos enamoraremos de nuevo; durante el día seremos dos románticos y por la noche daremos rienda suelta a nuestro amor, sin máscaras y con la cabeza bien alta.

Publicado la semana 10. 05/03/2018
Etiquetas
El que quiera entender que entienda , Muerte en Venecia , No importa , Inclusión y aceptación
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