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Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .39

Amelia de mis madriles,

 

Ya estamos en otoño, lírica estación que ha originado poemas memorables. Manos de oro, ceniza, melancolía y canas en el alma: otoño. En Barcelona nos brindó la mare de Deu de la Mercé la festiva oportunidad de ver y escuchar en directo a Luis Pastor, prohibido en Madrid, donde tanto se veta cuando al pueblo soberano, ¡ay!, le da por votar con las entrañas de la raza y miedos seculares. Porque el pueblo, tú, Amelia, y yo, y otros ignorantes, no sabe que España es suya, que él es dueño de su destino y se deja adormecer por quienes mueven los hilos de la función. Es lo más fácil. Rebelarse cuesta mucho, luchar no digamos. Y aquí estamos, en el culo del mundo, porque nunca supimos hacer una revolución como dios manda.

Ya estamos en otoño y me han confirmado la entrega de los premios Orola para el 22 de noviembre. Madrid, tu Madrid, el Madrid cosmopolita y cultural me espera de nuevo. Ya estamos en otoño y en breve grabaré al menos un programa de Saber y ganar, que muy lejos no llegaré, pero la oportunidad de conocer la televisión por dentro no la voy a desperdiciar (aparecí una vez en un reportaje del espejo público de Susana Griso, sobre el mundo  de la construcción y la obra pública en las ciudades. Fue un pequeño cameo grabado en una calle de Barcelona que alcancé a visionar pero del cual nunca conseguí una copia) Ya te contaré la experiencia y te diré la fecha de emisión, aunque, ya sabes, con los podcast, se puede ver y disfrutar cualquier programa cuando a uno o a una le venga en gana.  

Ya estamos en otoño y leo en las cartas al director de La Vanguardia que una lectora se queja de la época que vivimos sin cartas en el buzón. Y yo me siento culpable de amoldarme a los tiempos y escribirte desde el teclado del ordenador como si estuviera redactando un insulso tratado sobre la masturbación del berberecho en alta mar (tarea difícil para el conocido molusco en el océano de deshechos plásticos en que estamos convirtiendo su hábitat) o esa novela grabada en el disco duro de la memoria y que un día fluirá por mis dedos como si recorriera con ellos, por fin, tu cuerpo desnudo y autumnal.

Este otoño los jóvenes se manifiestan contra los poderosos y sus ególatras prioridades en la Huelga Mundial por el Clima. Están viendo que les legamos un mundo de mierda, un mundo que agoniza y que pronto será inhabitable. Y hacen oír su voz, y muestran sus pancartas, su descontento, su temor, su alma sin contaminar. Y gritan. Tranquilo planeta, aquí está Greta. Tranquilo, que la juventud, la niñez, los adultos responsables, no están, aún no, en el ataúd. Y tu Madrid, toda España, el mundo entero se conmueve. El planeta está tranquilo, ¡faltaría más!, no somos la primera humanidad, ni la última, que desaparece de la faz de la tierra.

Este otoño, también, nos trae elecciones con la desalentadora sensación de que los políticos no saben hacer su trabajo. El cuerpo pide no votar, aunque exhumen a Franco, esa garrapata que aún sigue chupando del país que fue su cortijo particular porque este perro llamado España no ha sido capaz, con su terrible garra retraída, de sacudirse tanto parásito heredado que continúa medrando a la sombra y gloria del gran dictador (ríete tú, amada mía, de Hitler y su genocidio) Y los españoles, ¡hay los pobres españoles!, pensando que vivimos en democracia, iremos a votar cuantas veces haga falta para que no manden los otros. Porque aquí nadie se pone de acuerdo ni para ir a mear, eso que tan bien hacéis las mujeres. Y, al menos mientras dure la paz, si no mandan unos que tampoco lo hagan los otros. Y eso es lo que siempre quiere la derecha: mandar, que no gobernar. Pero ya estamos en otoño y Amenábar nos muestra, en una Salamanca tomada por los sublevados, el enfrentamiento dialéctico entre la inteligencia y la brutalidad, entre Unamuno y Millán-Astray, entre un gallego y un vasco. Y ya sabemos el desenlace: ¡Muera la inteligencia! Ganaréis pero no convenceréis. Y ganaron sin convencer y, sin convencer, siguen ganando. ¿Será verdad que mataron a la inteligencia? Ay, Amelia, que duro es el otoño sin ti. La vida, lejos de ti, qué ardua resulta, qué triste.

Ya estamos en otoño y se me vienen los poetas, alegría, a las mentes y, entre ellos, ese quinto del 42 que fue José Hierro, Pepe para los amigos y los lectores fieles del gran poeta madrileño del medio siglo:

Otoño de manos de oro.
Ceniza de oro tus manos dejaron caer al camino.
Ya vuelves a andar por los viejos paisajes desiertos.
Ceñido tu cuerpo por todos los vientos de todos los siglos.

Otoño, de manos de oro:
con el canto del mar retumbando en tu pecho infinito,
sin espigas ni espinas que puedan herir la mañana,
con el alba que moja su cielo en las flores del vino,
para dar alegría al que sabe que vive
de nuevo has venido.
Con el humo y el viento y el canto y la ola temblando,
en tu gran corazón encendido.

Es otoño en el Madrid de tus paseos y en las calles que transito cojeando, lento y solo. Ofréceme tu mano. Es otoño en mi alma. Quiero apoyarme en ti.

Publicado la semana 91. 28/09/2019
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