32
Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .32

Amelia granada,

Te imagino madura y en cautivadora sazón. Atractiva y delgada, cuidando de tus nietos y de tu casa. Veraneando en el mismo apartamento que fuera de tus padres, cuando tener un apartamento en la playa no estaba al alcance de todos aquellos mortales que tenían un trabajo más o menos digno y de subsistencia. Estoy yo pasando unos días en Cullera, un poco olvidado de todo, que en eso consisten las vacaciones veraniegas, en nuestro caso ya largas vacaciones, aunque el 36 no lo viviéramos. Y los paso entre libros, senos, crucigramas y cerveza sin alcohol. Y leyendo poesía. El verano es tiempo para leer lo que no se pudo leer durante el  curso, pero a los poetas se les lee siempre. Se les saborea como un buen vino o unos labios de agua y tiempo. Tan relajado estoy que hasta me cuesta escribirte.

Te imagino madura y en sazón y pienso que, si la perseverancia y el trabajo no me hubieran abandonado como una novia quinceañera, a estas alturas sería yo escritor o poeta con obra suficiente y reconocida y estaría escribiendo una novela breve (todo gran escritor tiene una novelita que es una joya para sus lectores y que por sí misma justifica su entidad como autor) o un epistolario como éste, pero con enjundia, con mi editor haciendo cuentas para el próximo Sant Jordi y tú de etérea protagonista.

Te imagino madura y granada, compartiendo lecho y éxitos literarios conmigo en el apartamento que fuera de tus padres, rodeados de nietos y de libros, con autores en ciernes saludándome por el paseo marítimo y una beatífica sonrisa en el rostro de ambos.

Te imagino en un sueño estival, en esta segunda vida en la que el 16 de julio cumplí tres años y en la que tú no existes y quizás yo tampoco. Pero cuando uno se ha ido una vez y ha vuelto como se vuelve de un sueño, todo es posible; el gato de Schrödinger está muerto y vivo a un tiempo mientras la caja permanezca cerrada y la imaginación abierta.

Te imagino porque la imaginación es libre. Y es probable que no existamos ninguno de los dos porque tú, que me lees, no eres ella, ni yo estoy escribiendo en este momento en que tú estás leyendo. Y tú, Amelia, nunca leerás lo que te escribo desde un apartamento alquilado lleno de gente y sin ordenador. El tiempo es relativo y la vida es una paradoja que los filósofos intentan explicar y los científicos demostrar. Y los poetas fingimos ser lo uno y lo otro sólo por lograr un verso que nos sobreviva.

Te imagino porque alguien imagina que te imagino, tal vez un autor clásico por las calles de Atenas, o en una playa de Mikonos, o quizás Borges o su trasunto mientras toma mate con Kafka.

 

Te imagino y me imagino que estás un poco harta de vacaciones, del apartamento que fuera de tus padres, de tus nietos y el verano que los trajo y, por supuesto, de mi y esta manía mía de recordar el tiempo ido como si quisiera vencer a la muerte y al olvido a costa tuya.

Te imagino rompiendo esta carta, como todas las demás, para que nunca salga a la luz y puedas descansar, por fin, en el balcón del apartamento que fuera de tus padres, ahora que los críos se han dormido, tu marido te sirve un gin-tonic y la brisa nocturna de agosto se enreda en tus cabellos mientras el abandono estival relaja tus labios entreabiertos y aún seductores.

Pues eso, que te imagino en esta hora alta de la noche callada y sin sueño donde vivo ahora. O quizá no. Feliz descanso.

Publicado la semana 84. 06/08/2019
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
No ficción
Año
II
Semana
32
Ranking
0 293 0