31
Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .31

Amelia,

 

Como no tengo nada

que decir

echo mano

de nuevo

a ti.

Eres un formidable paño

de las lágrimas

de la página

en blanco.

 

Y todo

porque un día

te quise

o me quisiste

o dijimos

querernos,

que no me acuerdo ya de los detalles.

 

El amor.

Qué gran recurso.

Y qué fuente

de inspiración.

Hasta los poco

agraciados

por su fortuna

le podemos sacar partido.

 

Fijate

que he pensado

hacer que me enamoro

-cosa que realmente

no sucede

desde mil novecientos

ochenta y tres-

sólo por dar un giro

a mi pobre

carrera literaria.

 

Estos versos del poema WRITER’S BLOCK de Vicente Molina Foix, tomado de Los espías del realista, volumen adquirido, ¡cómo no!, en París-Valencia, me vienen de petxines ahora que tengo los pies en remojo en el Mediterráneo y, más que el bloqueo del escritor, experimento el ocio estival del escribidor. Me vienen de perlas porque parecen escritos para ti, mismamente de mi mano. Y porque me casé un 26 de julio del 83, martes (ni te cases ni te embarques) Y porque me siento derrotado una vez más, como todos los votantes de la izquierda (aunque esto ya es ley de vida) Y porque tras la muerte hace unos días de Carmen Jodra, con 38 años, me ha quedado sin palabras. Confieso que no sabía de su existencia y he comenzado ahora a leer sus poemas y ya tengo Las moras agraces en la boca y me pierdo por Rincones sucios con el corazón oprimido y el mirar como extraviado. Esto de descubrir poetas, buenos poetas, incluso consagrados, es ardua tarea, máxime para quienes llegamos a la poesía de manera autodidacta y a salto de mata. Ahora que es tiempo de lecturas voy aumentando la nómina y confeccionando mi particular panorama poético. Pero no voy a contarte de los poetas que descubro o que tengo ya entre ojo y página. Yo sé que tú no eres lectora de poesía, al menos no lectora ferviente y entregada. Ya sabes, leer poesía es como estar enamorado.

Y cuando julio nos deja con un recuerdo ardiente de altas temperaturas y agosto asoma el rostro sin sol de los turistas y septiembre amenaza con un año menos de vida, ando, más enamorado que nunca, por los terribles vericuetos de jardines ajenos, buscando margaritas o joyas como este poema de Carmen que te dejo a modo de despedida y homenaje a su corta vida:

 

Señores, yo sé bien de los venenos 
          de la literatura: 
la tiranía impúdica y terrible 
          de una Belleza impura 
que nos mancha los labios de palabra, 
          los ojos de figura 
y el cerebro de sueños o pecados, 
          en flagrante, diabólica impostura. 
No la deseo a nadie, y nadie 
          debe desearla nunca, 
pero benditos los que se someten 
          a su mirada oscura.

Publicado la semana 83. 30/07/2019
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