30
Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .30

Nutricia Amelia,          

Madre que fuiste, cauce y origen. Tus pechos, cántaros de miel, son como racimos de la vid. Tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos de cierva concebida. ¿O es refinado erotismo lo que inspiran tus senos a estas alturas de la vida? Muéstramelos, muéstrame tus senos para compararlos con aquellos que nunca vi. Aunque bien pude imaginármelos como teticas agudicas que el brial quieren romper al mirar aquella foto en bañador a la que hice referencia alguna vez, tomada en la misma playa que recorres ahora en estivales paseos nocturnos preguntándote qué has hecho con tu vida, de la misma manera que yo me pregunto qué he hecho con la mía en otros paseos nocturnos y estivales por el mismo mar y arenas cercanas. Bien pude imaginarlos y dibujar tu seno izquierdo en la portada verde de mi primer libro de poemas: Cortando una rosa roja / la puse sobre tu pecho / izquierdo, limón lozano. / Hacia juego con su centro, / con la rosa de tu boca / y mi amor, río sin lecho. (Cito de memoria y puede que algún verso no sea literal, pero como que la rosa es mía, bien puedo tocarla.) Muéstramelos para que los sopese, malabarista de senos, y los toque, aunque sólo sea con el brazo yo, que recibí una sonora bofetada de Marta por tocarle un pecho, no recuerdo si el izquierdo o el derecho, cuando, como hacíamos tantos en los bailes agarrados de entonces, luchaba contra la inquebrantable defensa de sus codos por sentir contra mi pecho los senos núbiles y recatados de muchacha adolescente y se me fue la mano, (Os aprendí entonces / inevitables cuerpos femeninos / que me disteis la noche y la palabra.) Revélame tus senos para que los ubique, si es posible, bajo uno de los 130 epígrafes complementados por Variedades y observaciones (de los senos) más un Prólogo, una Expiación epilogal y un Post scriptum que conforman Senos, el libro que en 1917 diera a la imprenta Ramón Gómez de la Serna, prohibido durante el franquismo y que, en edición de 2005 (Biblioteca Nueva, Madrid) con introducción del catedrático José-Carlos Mainer, cayó ayer en mis manos en una de las múltiples y productivas incursiones a cualquiera de los tres establecimientos de la librería París Valencia. La sola lectura de los títulos de los apartados o divisiones de este catálogo o colección de senos, es una delicia. Hay senos de Pilar, de doña Inés, de la señorita Genoveva, de las niñas del Conservatorio, de Eloísa y Beatriz, de Sevres, de Eva, de Castilla y hasta el seno de la Chelito. (No he encontrado los tuyos, ni los de Felicidad, pero tampoco he tenido tiempo de hacer una lectura exhaustiva y en condiciones.) En el terreno de los nombres comunes, los senos se desbordan en torrentes de leche y miel, los hay muy escondidos, del hastío, para soldados, de hermafrodita, del cuento de niños, en la playa, de las monjas, de la querubina, de las andaluzas, de la que va por café, del estilo, de viuda, para verano, de sirena, de actriz, postizos, de madre, de las muñecas de cera, de las máscaras, de las chicas de las porteras, tatuados, estúpidos, imperio, a la veneciana, de francesita, consagrados, de cubana… La lectura de estas estampas, retratos imaginarios, o larvas de cuentos (como apunta José-Carlos) promete proporcionarme unos días placenteros saboreando las palabras de Ramón al más puro estilo de sus Greguerías, Disparates, Variaciones, Caprichos, Gollerías y Trampantojos, paladeando esta monografía mamaria, con hedónicos sesgos eróticos junto al Mediterráneo donde tus senos, ¡ay!, aún buscan el cálido abrazo de sus aguas y el aire fresco de la noche. Los senos junto al mar, en las playas del veraneo se vuelven cóncavos, restringidos, comprimidos. […] Los senos de las playas son senos engañosos, entretenedores, con los que las muchachas azules y blancas quieren encontrar un marido que las lleve todos los años a bañarse en la indiferencia y adquirir el egoísmo irresistible y cretino. Probablemente las feministas de hoy en día no leerán a Ramón y, si lo hacen, pondrán el grito en el cielo, olvidando cuando fueron escritas sus palabras. Y como sé que tú, por otras razones, no lo vas a leer, me despido con unos párrafos de Los senos que no verá nadie, por lo que tienen de poético y verdadero y porque yo nunca veré tus senos: “Esos senos que no vio ni verá nadie, son lívidos y malditos. Se van llenando de  veneno, de un veneno que contamina el alma de la mujer que los lleva, que la volverá cauta, desabrida, infame.

La mujer de los senos que no vio ni verá nadie nunca, se quita la camisa de espaldas a los espejos, y como de espaldas a sus senos, y tapa el ojo de la cerradura.”

Y tapo yo el ojo de la cerradura de esta misiva por no ver, imaginar siquiera, los senos que nunca vi, esos senos que fueron alimento de otras cándidas bocas y otros sueños. Tus senos, Amelia.

PD:

Porque me apetece, te cedo este soneto impuntuado, donde Rafael Alberti define a un controvertido Ramón Gómez de la Serna tildado de franquista incongruente, tras su muerte en el exilio argentino:

Por qué franquista tú torpe ramón

elefante ramón payaso harina

ramón zapato alambre golondrina

solana madrid pombo pim pam pom

 

ramón senos ramón chapeau-melón

tío-vivo ramón pipa pamplina

sacamuelas trapero orina esquina

y con de en por sin sobre tras ramón

 

ramón columpio múltiple vaivén

descabezado tonto ten sin ten

ramón orquesta solo de trombón

 

ramón timón tampón titiritero

incongruente inverosímil pero

ramón genial ramón solo ramón.

Publicado la semana 82. 25/07/2019
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