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Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .29

¿Dónde tus ojos, Amelia?

¿Dónde posas la vista, de qué color miras las cosas?

¿Dónde tu mirar, verde (con mis ojos verde veo /porque los tuyos son verdes), negro (esos ojitos negros que me miraban), azul (tu pupila es azul, y cuando ríes, / su claridad suave me recuerda / el trémulo fulgor de la mañana, / que en el mar se refleja.)? ¿Dónde los soles de tus ojos que incendiaban la nieve y cantaron los poetas?

Mirando al mar están, el mismo mar que yo miro. Tan cerca y tan lejos. Como si nuestro tiempo no fuera el mismo. Como si ambos existiéramos en mundos paralelos o libros distintos. Como si tus ojos, estrellas y sol que amor ofrendan, no eclipsaran los míos porque tu cielo ya es otro. Quizás siempre lo fuera.

Entro, por entretenerme, en Poemas del alma, la página favorita del gran plagiador Alejandro Sánchez Penalva y aparece un sin dios de poemas con ojos, algunos de autores consagrados, otros completamente desconocidos, aguas revueltas para pescadores ocasionales del verso ajeno, la ocasión calva y el autoengaño. Sigo, por diversión y pasatiempo, navegando por otras similares y me ahogo en un bullicioso e ingente mar de ojos de toda color y condición.

Junto al clásico y conocido madrigal de Gutierre de Cetina, Ojos claros, serenos, encuentro a Gustavo Adolfo Bécquer: Porque son, niña, tus ojos / verdes como el mar, te quejas; Pablo Neruda: Parece que los ojos se te hubieran volado;  Amado Nervo: Tus ojos son dos magos pensativos; Federico García Lorca, aunque el objeto de su amor no sea una mujer: Tengo miedo a perder la maravilla / de tus ojos de estatua; el gran poeta del amor y la palabra o la voz sabiamente debida, tu paisano Pedro Salinas:

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y Miguel Hernández: Mis ojos, sin tus ojos, no son ojosPablo Neruda, de nuevo: En tus ojos de luto comienza el país del sueño; o los más cercanos en el tiempo, Octavio Paz: Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima, Jaime Sabines: Y una niña en sus ojos sin nadie / se asomaba sin nada a los míos, o el peruano español Alfredo Pérez  Alencart: Mujer de ojos extremos: te cobijo ahora que sientes frío.

Yo mismo tuve en algún momento la idea de reunir poemas de índole amorosa, publicados o inéditos, junto a otros aún por escribir, en un poemario titulado “Verdes ojos de Felicidad. La verdad es que no sé si Felicidad tiene los ojos verdes, pero sí los tiene la felicidad si el poeta así lo quiere.

Para tus ojos amor es este verso, álamo o sauce,

lánguido, tembloroso, como una imagen

sórdida de alcohol y sexo;

este rumor de pinos

que en la noche se mecen

es para tus oídos.

Para tus labios el néctar

del olvido.

Para mí la cicuta

de haberlo escrito.

Oscuro y ya en la sombra

para tus ojos de luz es este verso.

Esto  escribí hace algún tiempo. Y no era para ti ni para ella. Cuando el ave del amor se posa en los alambres del poema, la amada ya no es la mujer que lo inspiró. Aunque su nombre permanezca, ya es todas las mujeres y todos los nombres femeninos. Y los versos sirven a todos los posibles lectores de inspiración o remedo.  

Sigo buscando y tropiezo con Quevedo y sus tres sonetos titulados “A una dama bizca y hermosa” , “A una dama tuerta y muy hermosa” y  “A otra dama de igual hermosura y del todo ciega" No es el único que en el barroco dedica poemas a hermosas mujeres con algún defecto físico que realza, a veces jocosamente y siempre con metáforas audaces, su belleza intrínseca. Este don Francisco da mucho juego y en el primer cuarteto del soneto “A Aminta, que se cubrió los ojos con la mano” nos dice, en paradójica estructura:

Lo que me quita en fuego me da en nieve

la mano que tus ojos me recata,

y no es menos rigor con el que mata

ni menos llamas su blancura mueve.

Y en el poema titulado “Sueño”, los ojos tienen connotaciones eróticas:

Andúvete con la boca

rosa a rosa las mejillas,

y aun dentro de tus dos ojos

te quise forzar las niñas

Los ojos, considerados como el espejo del alma y la puerta por la que los enamorados se comunican sus sentimientos, dan muchísimo juego en la poesía de todos los tiempos. Te dejo con dos pilares del 98, Miguel de Unamuno:

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan, 
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan, 
hay ojos que ríen -risa placentera, 
hay ojos que lloran -con llanto de pena, 
unos hacia adentro -otros hacia fuera. 

Son como las flores -que cría la tierra. 
Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa, 
los que están haciendo -tu mano de hierba, 
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan, 
me ríen rientes -risa placentera, 
me lloran llorosos -con llanto de pena, 
desde tierra adentro, -desde tierra afuera. 

En tus ojos nazco, -tus ojos me crean, 
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera, 
en tus ojos muero, -mi casa y vereda, 
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.

 

Y Antonio Machado, con un fragmento de su “Inventario galante” que popularizara Paco Ibáñez:

Tus ojos me recuerdan 
las noches de verano 
negras noches sin luna, 
orilla al mar salado, 
y el chispear de estrellas 
del cielo negro y bajo. 
Tus ojos me recuerdan 
las noches de verano. 
Y tu morena carne, 
los trigos requemados, 
y el suspirar de fuego 
de los maduros campos. 

 

Y te dejo porque vendrá la muerte y tendrá tus ojos y Cesare Pavese y los poetas y poetisas suicidas serán tema de una futura carta, si antes no he caído yo mismo en la tentación.

Mírame a los ojos con cariño.

Publicado la semana 81. 17/07/2019
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