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Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .25

Amelia, Amelia

¿Qué habrá sido de ti?

Decíamos ayer… Y vuelvo a caminar de tu mano por un Madrid de ensueño, y nuestros caminos no se separan. En el jardín de los senderos que se bifurcan, donde nos encontramos entonces, todos los porvenires son posibles. En uno de ellos compartimos tiempo y espacio. Decíamos ayer palabras de amor que abandonaron las cuartillas para posarse en los labios. Y estas cartas allí no tienen sentido, no son necesarias porque hemos envejecido juntos. Pero el tiempo, sinuoso laberinto, se ramifica sin cesar y frente a ese devenir único en que somos felices juntos, hay infinitas alternativas. Desde una de ellas te escribo mis cartas, mis preguntas retóricas que admiten múltiples respuestas y dispares silencios.

¿Qué ha sido de ti? ¿Estás leyendo esta carta? ¿Hemos muerto los dos como murió el amor? ¿Nos encontraremos nuevamente? ¿Nos amamos aún? ¿Qué estoy fumando?

En preguntar lo que sabes

el tiempo no has de perder…

Y a preguntas sin respuesta

¿quién te podrá responder?

 

Se acerca el verano, que es época de asueto y relecturas, de lecturas postergadas, pasatiempos sobre la arena de las playas y escritos que no serán nunca imprescindibles. No mereceré, por tanto, un programa en la Dos. En Telecinco, tal vez; tendré que aprovechar el estío para leer diccionarios, Un diccionario ilustrado de los tiempos del bachillerato inicial y, más tarde, el Larousse enciclopédico, fueron, años ha, material al que saqué mucho partido en tardes de consultas a voleo. Y luego, a pasar palabras como roscos. Pero quizás sea tiempo de consideraciones de futuro. Hay un proyecto de novela, una idea, un título probablemente inadecuado y un capítulo iniciado desde tiempo inmemorial… Debiera tomarme un par de años de plena dedicación para darle forma y entrar en la jubilación con un libraco bajo el brazo. Eso implica dejar asociaciones y otros menesteres que ocupan mi tiempo libre. Para entonces, ya habré dejado de escribirte en esta realidad paralela que nos une y nos aleja y no será necesario golpear cada semana, sólo cuando sea menester o acuda una luminosa inspiración hasta mi retiro.

Decíamos ayer que para escribir hay que ponerse a ello. Y, aunque lo que la naturaleza no da, Salamanca no otorga, puede sonar la flauta por casualidad. Y lo mismo nos reencontramos y vivimos un desenfrenado romance, que me da por parir cuatrocientas páginas memorables. Tal vez por eso me respetó la muerte y ando ahora escribiéndote como quien respira aire puro, como un ejercicio de perseverancia y desafío al destino que me trajo por estos vericuetos. Todo está escrito y todo puede escribirse de nuevo.

Y dicho queda hoy para mañana.

¿Te llegan mis besos?

Publicado la semana 77. 20/06/2019
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