21
Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .21

Alborozada Amelia,

Tu carta, hoy, viene a buscarme desde el pozo de la memoria. Es una carta sin fechar, como todas las tuyas. Una carta sin palabras, que dice: estoy curada.

Y, hoy, un repique de primaverales campanas compasa los andares de toda mujer en edad de merecer que se cruza en mi camino. Voltean las faldas de fundición en recónditas espadañas. Acerados badajos golpean el aire al pasar tu recuerdo por la calle de la reminiscencia. Me dijiste, lo recuerdo, con la voz cimbreante de tu letra, me dijiste: estoy curada. Campanea la dicha sobre los tejados del silencio y se vuelve la mañana dominical y alborozada. Canta la tuna de la memoria:

Enredándose en el viento
van las cintas de mi capa
y cantando a coro dicen:
¡quiéreme, niña del alma!

Son las cintas de mi capa,
de mi capa estudiantil,
un repique de campanas,
un repique de campanas,
cuando yo te rondo a ti.

Estoy curada, dijiste. Y salió el sol en tu carta. Estoy curada. Me han hecho todas las pruebas pertinentes, ha pasado el tiempo en que podría manifestarse de nuevo la enfermedad, y puedo afirmar que estoy curada. Ahora sí puedo decirte que sí, que te quiero, quiero compartir  mi vida contigo porque ya es una vida normal. Eso dijiste, y Juan Ramón:

Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.

Hasta entonces caminaste con pasos cautos por mis letras exaltadas. Vencida la epilepsia, tu cuerpo sólo podía temblar de alegría. Y sería yo quien tañera las cuerdas de tu alma estremecida con apasionadas palabras que el deseo de ser escritor, seguramente ya poeta en ciernes, amplificaba. Entraba en la adolescencia enamorado. Hoy lo recuerdo alborozado, como recuerdo la primera vez que fui a recoger un premio literario. Después de un número importante de galardones, la ilusión y el entusiasmo se mantienen como el primer día. Tendré que volverme a enamorar, aunque sea de mi mujer, por ver si siento lo mismo.

Repican las campanas porque una vez nos amamos y porque el sábado -hoy ya- recojo un premio en Barcelona para inaugurar esta temporada y continuar con el vicio de recibir galardones para la vitrina del olvido. Repican las campanas del Facebook y otras yerbas, volteando enhorabuenas y felicidades, por este premio y por el último Orola (ya te contaré) Repican las campanas silenciosas bajo la lluvia insistente que nos trajo el viernes, porque se acaba la campaña electoral y porque en noviembre volveré a Madrid.

En el tranquilidad nocturna concluyo esta carta iniciada el jueves, o hace mil años, y  tal vez se geste un nuevo poema hijo del viento porque

Yo persigo

la orfandad

del poema

cuando escribo.

Yo persigo la orfandad del amor cuando te nombro.

Madres y mujeres del mundo, adoptad al amor que está huérfano.

Adóptame, Amelia, que, huérfano de amor, te necesito.

Y voltean las campanas.

Publicado la semana 73. 25/05/2019
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