Semana
07
Jesús Andrés Pico

ESTACIÓN AL OLVIDO

Género
Poesía
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Perdida la memoria sólo queda

la negra soledad de los vencidos

RAMÓN GARCÍA MATEOS

 

I

Pasaban trenes con sol en los cristales,

sol de madrugada cayendo tibio

sobre el anhelo infantil de ver el mar.

Se llevaban los sueños y rostros tenues

se adivinaban, fugaces, pasajeros,

en los cofres de acero centelleantes;

la certeza de un mundo bullicioso

se mecía en el aire con olor a carbonilla

y flor de enredadera era el humo

trepando lentamente por los cielos

despejados como ojos todo asombro,

ojos niños estáticos ante la abierta herida

que hiende largamente la memoria;

el pinar lloraba lánguida pinaza

y los fríos campos vestían

de purpúrea nostalgia el último vagón.

Pasaban trenes por mi infancia de nidos:

pesados mercancías - largo ábaco para aprender a contar-,

algún rápido urgente de guepardos y, de vuelta,

el correo llevando ya hacia el norte misivas a la nieve.

Ahora son fantasmas sobre las vías muertas,

derrotados convoyes solitarios,

amasijo incorpóreo de olvido y de tristeza.

Y yo ese niño roto que vuelve de sus sueños

a morir vagamente en la estación vacía

y ve crecer la hierba para ocultar las huellas,

las vidas paralelas y vencidas por donde

nunca fueron los trenes a la mar.

 

II

Me fui como los trenes -pero ellos no han vuelto.-

Sobre los trenes marché vestido con el traje

que la ocasión dictaba, vestido

de aventura, de pan más accesible,

pero también de viento derrotado en almenas,

montes, cielos,  derruidos monasterios

y una vaga esperanza forjada en las lecturas

y el rítmico latir de mi paisaje inmóvil.

Subí a todos los trenes por no verlos pasar,

para volver vestido de derrota y de viento.

Retorno de estaciones enormes, subterráneas,

estaciones que eran puertas de ciudades,

entradas o salidas a mundos tan distintos,

a vidas imposibles, a diarias batallas,

a libros nunca escritos y amores postergados.

Retorno solitario -ya no pasan los trenes

pero el aire tiene el mismo olor a espliego,

tomillo y carbonilla- y mis ojos, aquellos ojos niños,

se columpian de nuevo en los heridos troncos

que rezuman resina, persiguen por el cielo

una nube sin agua, caminan los raíles,

trepan la fachada del reloj sin manecillas,

y vagan por la piedra, el pozo, los andenes

que el tiempo fue vistiendo de ceniza y olvido.

Publicado la semana 7. 13/02/2018
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