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Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .16

Devota Amelia,

Te imagino en esta santa semana procesionando por el Madrid fervoroso y secular como una virgen y madre dolorosa. En esta semana de abril que amenaza lluvia y abren los telediarios con noticias de Notre Dame y cofrades de toda España mirando al cielo con los pasos en posición de salida, te imagino con mantilla y vela en la mano, caminando detrás del Nazareno, inmensa y sola, entre los miles de turistas que visitan la capital del reino aprovechando que los madrileños se han ido a las playas de Levante y a ver las procesiones de Sevilla, Valladolid o Zamora. Pero tú no, tú caminas como lo hacías de niña tras de las cruces sintiendo que soplaban en tu espalda las ánimas de todos los muertos, tú alimentas el engaño de la Iglesia Católica que apela a tu fe para mantener la suya, en tu barrio de siempre, con la convicción intacta y el llanto a flor de piel.

Yo, tú ya sabes, huyo de las aglomeraciones, busco la paz de los desiertos para escribirte mientras arde París después del incendio de la vetusta catedral donde Quasimodo, de la mano de Hugo, describió la ciudad del Sena como nadie. Lloran las gárgolas salvadas de las llamas, lloraron los parisinos en la noche del martes de dolores, y también hubo quien saludó al fuego purificador. Mucho está tardando en aparecer la teoría conspiranoide del incendio provocado por oscuros intereses, como sucedió con el Liceu barcelonés, también devastado por un siniestro de parejas características mientras se realizaban obras en el espacio que resultó dañado, para facilitar reparaciones o reformas a fondo con el beneplácito del mundo entero. Arde París y Francia entera, arden en palabras de apoyo y fortaleza, mientras llegan donaciones millonarias que otros incendios más humildes no concitan. Y llega, en este abril de pasión, al buzón propaganda electoral de algunos partidos, no del que yo voy a votar que, seguro, no es el que tú votarás, ¿o me estoy equivocando y la vida, el amor, los hijos, te han abierto los ojos?, no sé, no sé; por desgracia mucha gente en este país nuestro usa la cabeza, Machado dixit, para embestir, o agacharla mansamente. Y llegan los políticos con sus mentiras de siempre buscando el aplauso incondicional de sus acólitos, buscando el voto indeciso para lograr una España mejor, dicen, pero no es cierto, sólo quieren protagonismo y escaños apoltronados, cuanto más cómodos, mejor. Yo, hombre de poca fe, votaré Iglesias, que va más con el pueblo llano que cualquier catedral por mucho que arda y brille en la noche de los tiempos.

Aquí estoy, sí, con pocos pero doctos libros juntos, en esta atípica semana santa casi con Padilla, Bravo y Maldonado en procesión por Villalar devastado por el fuego de la historia, en esta semana de ocio y tradiciones espurias para ocultar la verdadera tradición del pueblo que lo único que quiere es fiesta, la arme quien la arme, que para sufrir siempre hay tiempo. Aquí estoy, viendo el palo que me va a dar Hacienda en este primer año de pensionista, que casi se me para el corazón del susto, poniendo en orden algunos poemas que han ido mudando de libro a libro y deben buscar acomodo por ver si, en una de estas, suena la flauta y ven la luz, mientras otros menesteres, que se van acumulando, aguardan turno para ser ejecutados mientras el cuerpo y la mente aguanten, que ya te dije la pasada semana, que todo tiene un límite. Y a ti te escribiré lo que queda de año, y quizás con el año acabe todo...

Aquí ando, leyendo los últimos libros adquiridos, recuperando poetas como José Luis García Herrera, descubriendo otros como el vallisoletano Alberto Sevillano Montaña y escribiéndote al tiempo, mientras quede algún verso donde caerse muerto.

Tuyo siempre.

Publicado la semana 68. 18/04/2019
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