08
Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .8

Amelia, Guiomar  mía,

De nuevo contigo, recordando estos días azules y este sol de la infancia, 80 años de la muerte de Antonio Machado a la puerta de casa, en Colliure, envejecido y cansado. Campos de Castilla  fue probablemente el primer libro de poesía que leí y su autor me acompaña desde entonces cuando escribo. Ahora, con Guiomar en los labios, mira por encima de mi hombro mientras las noticias hablan de la huelga en Catalunya y del juicio al procés. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón, me musita al oído. Y yo sigo escribiendo, escribiéndote mientras un viento apagado trae rumor de aviones y de bombas a este lado de los Pirineos.

De nuevo contigo, ahora que el eco copia sonidos que solo  él escucha por los altos riscos de la añoranza. De nuevo contigo, y un viento herido, un aire trémulo de cinturas y panderos, gime por los almendros en flor de la memoria. De nuevo contigo, plagiándome a mí mismo, contándote y contándome recuerdos del ayer cercano. Diciendo, aunque te suene a chino, que hay mañanas dominicales tocadas por el duende y la gracia. El flamenco en la sede de Hijos de Almáchar llenaba el alma recogida de Cornellá, erizaba vellos y levantaba pasiones tras un vaso de vino así como en familia, mientras Miguel Ángel Pozo - maestro, como dice Carlos Fernández, estás en estado de gracia-, mientras Miguel Ángel Pozo,- artista, repetiré tu nombre una y mil veces-, Miguel Ángel Pozo –digo y rezo- acompañaba a la guitarra a cuatro cantaores, Romero de Almadén, Pepa López, Manuel Alcántara y Juan de Úbeda, un palo tras otro, un cante tras otro, hasta rematar con una granaína y una media granaína, como ha de ser.  Y los dedos volaban, los dedos eran viento, aliento del duende en la tarde iniciada, en la magia de la guitarra y las voces rotas allá por las minas de La Unión. Y a ti te sonará a chino, pero yo disfruté como disfruto con el arte y la voz de Vanesa Muelas, de quien te hablaré un día con calma, las danzas de Besana, o el ritmo étnico de mi paisano Eliseo Parra, entre otras manifestaciones del alma primordial de los pueblos que la música pone de manifiesto.

Hablaba del viento y de los almendros. El viento plagiador de voces y susurros que el eco repite por los recovecos de las redes sociales donde el plagio está a la orden del día y el corta y pega agranda egos y convierte en poetas a energúmenos que no distinguen un verso de un cagarro jaleados por adláteres con faltas de dicción y ortografía. Y, por supuesto, sin talento alguno por ambos lados. El viento y los almendros, los almendros y la helada que mata su vestido de febrero. Y febrero, el breve, declinando ya, alargando los días y la esperanza. Te hablé de nombres y he buscado el tuyo, como hice entonces. Y he redescubierto que Amelia es nombre de origen germánico, que proviene de la raíz amal, como Amalia – yo tuve una tía Amalia casada con Emilio, el hermano bueno de mi madre.- He visto luego una serie de referencias, circunstancias y aptitudes que ensalzan a las portadoras de tal nombre como si éste fuera un talismán engarzado en el registro civil que dirigiera sus pasos por el camino de la excelencia. Si tal sucediera, quien lleva, por ejemplo, Alejandro por nombre, habría de ser magno defensor del hombre entre otras muchas cualidades, cosa que, quien más, quien menos sabe que no es verdad si conoce a alguno.

Y, para acabar, Amélie, tu nombre francés, me viene a las mentes con sabor a película y pícaros ojos de fábula. Con él dejo, en la paz de estos desiertos ya en precampaña electoral, mis palabras de frustrado escritor y amante malogrado, para que vayan girando, ascendiendo  por las plazas de la vida hasta tus ojos.

Au revoir

 

Publicado la semana 60. 21/02/2019
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
No ficción
Año
II
Semana
08
Ranking
3 423 0