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Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .4

Recordada Amelia:

Como entonces te escribo. O casi. Entonces lo hacía a mano. Escribir poemas, esbozos, proyectos, algún relato, anotaciones, apuntes de libros futuros, escribir en cuadernos, en hojas sueltas… Hasta que compré la Olivetti portátil por 6000 pesetas, aunque la utilizaba más para pasar a limpio los trabajos que para crear directamente. Aún, claro, no era escritor. Las cartas y después el diario, escritos siempre a mano, esforzándome en hacer la letra legible. Ahora tecleo directamente en el portátil estas misivas y otros muchos escritos, no los poemas, el poema ha de germinar y madurar en papel, luego ya vendrá la letra impresa a darle alas.

Y escribo básicamente poemas porque no soy escritor. Y poeta…, se puede ser poeta sin saber escribir. Escribo con el pensamiento poemas nonatos, versos que no serán polvo ni memoria. Escribo en los bares, como Ramón García Mateos, en buena compañía: una rubia fresquita poetas que susurran  sus versos en mi espalda… Escribo en servilletas, en barcos de secano, pajaritas sin aire, papeles doblados como sueños, escribo en las arenas de playas y desiertos para que lea el agua, para que lea el viento y rediman mis muertes con las muertes antiguas. Escribo a todas horas, escribo mientras leo, escribo mientras duermo, en mis sueños escribo. Escribiré un poema/ también bajo la tierra, escribí por entonces. Y escribo ahora, sin saber bien por qué, para qué, ni para quien. Escribo sin necesidad, no necesito escribir un verso como el pan de cada día, sí leerlo, alimentarme de las palabras que tiemblan en un papel escrito con todos los nombres, aquel que dice yo, tú, él. Escribo y pierdo lo escrito como perdí tus cartas, como perdí los besos que nunca te di, como pierdo el aire, el tiempo, la vida. Escribo y recupero la voz, las campesinas, aladas  palabras que recolecté en la infancia de hielo y sol, páramos y agua, las palabras que te dije y no recuerdo. Escribo como quien espera un milagro que no se ha de producir y escribo porque todos los días, y no sólo en Granada, muere un niño, muere una mujer, y brota el llanto. Y el llanto es la tinta de los versos.

Como entonces te escribo. O casi. Escritor de oído, he escuchado tantas sinfonías que puede que hasta mis palabras suenen bien. Pero no es porque suene bonito por lo que te escribo mientras espero la muerte de cada día, una de las muchas que se producen, algunas serán noticia, lo son ya antes de producirse, otras pasarán desapercibidas, como pasamos todos, en definitiva, por este terreno yermo lleno de pozos traidores donde dormita el agua. No es por eso, y tú lo sabes, aunque yo lo ignore. Lo cierto es que te escribo, te escribo y te siento como entonces. O casi.

Y me despido también como entonces. O casi, porque no espero tu respuesta.

Publicado la semana 56. 25/01/2019
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