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Jesús Andrés Pico

Epistolario de Amelia .2

Hola Amelia:

Así encabezaba las primeras cartas que te escribí. Hola Amelia.

Hola Jesús, me respondías tú con esas letras redondas, apenas rozándose entre sí, acariciando el papel, esa letra tan femenina que olía a eternidad. El hola Jesús abría siempre las cartas que aprendí a esperar con secreta ilusión, incluso cuando yo ya me había mudado al ático del querida Amelia. Eras constante. Yo nunca lo he sido.

Hola Amelia, porque comenzamos siendo lectores de alguna publicación cuasi pubescente que no recuerdo, para iniciar al pronto una relación de simpatía sobrevenida en amor al cabo de un tiempo. Hola Amelia. Respondiendo a tu petición de amistad te diré que yo también soy seguidor incondicional de (¿cómo era, Juan Ramón mío, cómo era?) y deseo que a través de nuestra común afición lleguemos a ser buenos amigos. Y así ocurrió. No fuiste la primera, tampoco la única. Era tiempo de descubrimientos. Me recuerdo repasando peticiones de amistad, buscando ese algo especial, ese toque femenino que mi alma de poeta naciente y enamorado anhelaba hallar. De pronto saltaba la chispa, el hechizo como de un amor a primera letra, y escribía a la aún desconocida destinataria, a ti, en aquel día dichoso y primaveral porque nosotros estábamos en sazón esplendorosa, éramos primavera y éramos dichosos aunque lo ignoráramos embutidos aún en nuestra crisálida infantil. Hubo otras, si. Algunas no contestaban, las más rompían el encanto con las primeras palabras que recibía y apenas duraban lo que Sabina nos dijo después. Hubo una colombiana, de Cali, que atrajo mi atención, tal vez por la distancia y el deseo de conocer de primera mano una cultura hermana, o de explicar la mía con las torpes palabras de quien aún no se conoce a sí mismo ni a su circunstancia. Duró varias cartas, alguna postal y una fotografía. Nada comparada contigo.

Hola Amelia. Y ahí estaba yo contándote, ¿qué te contaba para lograr tu atención y mantener tirante el hilo que nos unió durante tantos años? Hola Amelia y ahí estaba yo esperando, mi carta en el buzón, ilusionado tu respuesta, mi carta en tus manos, tu respuesta, tu carta sin fecha. Nunca pusiste una fecha y nunca se me ocurrió a mí datarlas, ponerles aunque fuera un número. Y cuando abandonaron los sobres para vivir juntas en una carpeta, tomaron la mala costumbre de mezclarse. Hola Amelia y aquí estoy en otro siglo ya y estrenando año, estrenando golpes (Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!), releyendo a Vallejo, descubriendo al Bolaño poeta, llegint Margarit, mientras el tiempo pasa y, ¡ay!, nos quedan solo 50 semanas para acabar el año. Y sólo, ¡ay dios!, se puede escribir sin tilde, y dios, aunque sea el Dios de las culturas monoteístas, lo escribo yo con minúscula porque nunca vi su cara y sólo creo en ti, Amelia mía.

Hola Amelia, querida Amelia, amada Amelia, el tiempo fue pasando sobre nuestras letras, nuestros sentimientos y deseos, aquellos que compartimos cuando no existía el tiempo, el tiempo con sus dedos de polvo y su aroma dulzón como de anís traicionero, pero dejémoslo ir a su ritmo, dejemos la inquietud, el interés, el deseo, el ansia, el encanto, el secreto, la esperanza, germinar cada semana, rítmicamente, a su debido tiempo. Recordemos sin pausa ni prisa aquello que fuimos, recordemos quienes somos. Para sabernos vivos. Aún y a pesar de todo.

Hola Amelía, ¿y la despedida? ¿Cómo acababan aquellas primeras cartas mucho antes de los besos apasionados y platónicos, antes del irrefrenable deseo de tenerte entre mis brazos y acariciarte como acariciaba tus cartas y tu ausencia? Comedido y prudente me despediría deseando que continúes escribiendo y se fortalezca esta naciente amistad que tanto bien me hace en la ascética soledad castellana. ¡Ah, aquellas despedidas antes de la despedida final, definitiva, aquellas tiernas y expectantes despedidas! Mas ahora, que no vas a contestar, que esta correspondencia no es más que un monólogo y Castilla, el territorio perdido de la memoria y la ausencia, permíteme que me despida, hoy y siempre, a la francesa o lo más literario que pueda y sepa.

Vale.

 

Publicado la semana 54. 08/01/2019
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