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Jesús Andrés Pico

SENECTUD

Hay días en que Manuel no conoce a nadie y otros, cuando parece estar más lúcido, confunde rostros y nombres. Al final conseguimos meterlo en esta residencia porque yo ya estoy demasiado mayor para cuidarlo. Claro que he pensado quedarme con él, pero a mí no me quieren porque no me dan subvención. A él sí, pero además se quedan con su pensión. Eso sí, está muy bien tratado y yo me paso más horas aquí que en casa, ¿qué voy a hacer si estoy sola? Los hijos dicen de vender la casa y pagar mi estancia por una temporada mientras se arregla lo de mi pensión y me conceden la dichosa subvención, dicen que la crisis ya ha pasado y con el nuevo gobierno a lo mejor hay más ayudas, no sé. ¿Tú qué piensas?

Manuel, que definitivamente ya no conoce a nadie, se alegra cuando me ve. No sabe bien quién soy, sin embargo intuye que entre él y yo existe un lazo afectivo. Lo noto en sus ojos, en ese dejarse abrazar y querer, aunque cuando le pregunto no sepa responder quien soy. Pero él sabe que le quiero y se le alegran los ojos cuando me ve aparecer. ¿Que cómo me las arreglo yo sola en casa? La verdad es que me paso el día en la residencia y sólo voy a casa a dormir. Si me conceden plaza, los hijos ya han dicho de venderla.

Pues ya ves donde hemos venido a conocernos. Claro que tú sólo vienes aquí a dormir. Tienes razón, a estas edades lo importante es tener salud y que la cabeza rija. Sí, claro que me gustará acompañarte alguna tarde al cine, que se está fresquito. Total Manuel está bien cuidado y definitivamente no conoce a nadie.

Lleva días tomándome por su madre. Se acurruca junto a mi pecho como un niño chico y me habla de cosas que desconozco, pero como he sido madre sé cómo tratarle. Hoy han venido dos de los chicos a verle y cuando me han besado se ha puesto furioso y les ha dicho que la mamá es suya, sólo suya y que no vuelvan más por su casa. Pero luego me ha mirado sin conocerme ni como esposa ni como madre. Esta enfermedad suya es una carga para mí. Menos mal que te tengo a ti.

Claro que me gusta salir contigo y distraerme. Qué ganas tengo de que me concedan la subvención y quedarme a dormir aquí. Mis hijos dicen que hay probabilidades y ya están mirando de vender la casa. Ya ves qué feliz voy a ser con mis dos amores.

¡Pero cómo va a ser verdad lo que me cuentas! ¿Qué ayer no te reconocí? ¿Qué pasé por tu lado diciendo qué hace toda esta gente en casa, Señor? No, no, ¡no puede ser posible! Tengo que estar en mis cabales para cuidar a Manuel, pero sobre todo para quererte a ti. ¿Y usted quién es? ¿Qué hace cogiéndome la mano? ¡Será descarado!

Publicado la semana 49. 05/12/2018
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