Semana
38
Jesús Andrés Pico

EMBARAZOS PARALELOS

Género
No ficción
Ranking
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Caminando por la Rambla, mientras agoniza el verano, en este septiembre que cuenta mis años, mis naufragios y mis versos, aparecen frente a mí dos mujeres en cinta. Caminan una al lado de la otra, sonrientes, paralelas. Trazando al andar dos líneas que confluirán finalmente en el parto. Sus hijos, ¿serán familia, vecinos, amigos?, discurrirán juntos, seguramente, por esta misma calle y por la vida, al menos durante un tiempo. Se cruzan conmigo y me vuelvo para ver como se alejan, forjando el futuro que los indicadores económicos y sociales nos pintan de un oscuro color, fraguando en mi mente estas palabras que ahora toman forma y, quizá un poema o un relato futuro. Al hilo de esta imagen me vienen a las mentes ciertas preñeces coincidentes en el tiempo, lo que he dado en llamar embarazos paralelos.

A finales del año 79, Patrocinio Ruiz, la astigitana que habría de ser mi suegra, y su hija Felicidad coincidieron en estado de buena esperanza.  Más de una vez pasearían juntas sus respectivos embarazos por las calles de Valencia. En diciembre Patro dio a luz a su último hijo, Luis, y apenas cuatro meses después nacía Víctor, su primer nieto. Tío y sobrino crecieron juntos durante los primeros años de vida, hasta que su madre y hermana se trasladó conmigo y nuestro hijo a la periferia de Barcelona.

Tiempo después, Felicidad paseaba su ingravidez junto a la de mi hermana por las calles de Sabadell. Ana, tras años intentado tener descendencia sin resultado, quedó embarazada, como si fuera por simpatía, al mes escaso de hacerlo mi mujer. Y ahí andarían las dos cuñadas, luciendo barriga por una Rambla distinta a la actual, pero igualmente ocasión y médula del devenir ciudadano. Embarazos paralelos, uno al lado del otro, para eclosionar, con menos de un mes de diferencia, en Andrés y Eloy.

Pero el caso más cercano en cuanto al desenlace final, una semana exacta entre nacimientos, de que tengo noticia ocurrió en el año 56: dos vecinas, puerta con puerta, que en aquellos tiempos no caminarían  juntas por avenida alguna, parieron, una, el 18 de septiembre, martes, a su segundo y último hijo, un varón; la otra al tercero de siete, también varón, el 25 del mismo mes, martes también para más señas. Carmen y Milagros, Jesús y Jaime. Sardón de Duero, 600 habitantes, vecino arriba, vecino abajo, desde que tengo conocimiento; mi pueblo. Jaime y yo tenemos una infancia común y una amistad duradera nacida de aquella cercanía natal y vecinal.

Por ahí tengo un cuento, escrito en el tiempo en que descubrí a Borges y su narrativa, sobre dos madres que dan a luz en el mismo momento a dos hijos idénticos, dos perfectos gemelos nacidos, rizando el rizo, de dos vientres distintos, una vuelta de tuerca a la otredad del genio argentino.

Huelga decir que en la realidad, aunque en su infancia estuvieran asazmente unidos, tanto los dos amigos, como tío y sobrino, como los dos primos, han seguido caminos distintos, sendas separadas forzados por los caracteres respectivos y las circunstancias, rectas divergentes, continuación lógica de aquellas paralelas tan cercanas que casi llegaron a encontrarse.

Y allá que van las dos embarazadas de la Rambla, en estos tiempos de escasez de nacimientos y población envejecida, caminando paralelas, quizás con dos niñas en su seno, para que no digan las feministas, allá que van perpetuando la especie, por las calles asmáticas de la ciudad entre carritos del super atestados de cartones y  enseres robados a los contenedores, mientras los niños vuelven al cole de mano de los abuelos, en este septiembre agonizante que cuenta mis años y mis decepciones, pero también mis alegrías y mis éxitos, y esta nueva existencia de que disfruto, mis vivencias en suma. Allá que van tras soportar los rigores del verano sobre la alegre ingravidez ilusionada, hablando de sus hijos, ya sabrán su sexo, de pataditas, cunas y ajuares. Allá que van, gestando la esperanza.

Publicado la semana 38. 22/09/2018
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