Semana
31
Jesús Andrés Pico

el singular mundillo de los concursos literarios, 2

Género
No ficción
Ranking
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¿Qué por qué nos presentamos a concursos literarios quienes lo hacemos?, preguntábamos ayer. Y hoy intentaré descubrir mis razones.

Como ya dije, cuando era joven y quería abrirme camino consideraba los premios literarios como un espaldarazo a mi carrera de escritor, una legitimación como poeta que buscaba un estilo propio y reconocible. Y esta debería ser su esencia y prioridad: dar a conocer nuevos valores y promocionar a los jóvenes escritores, cosa que no sucede. O acontece muy esporádicamente.

En vez de eso se otorgan a escritores de reconocido prestigio porque es una forma de asegurar las ventas y retroalimentarse. Me refiero, naturalmente a los premios grandes, con el Planeta a la cabeza. Porque en esto de los laureles literarios también hay clases y categorías. Digamos que existe una primera división que mueve millones, donde juegan los grandes y es difícil que se cuele un jugador sin bagaje ni trayectoria contrastada. Y una segunda, más modesta, pero con premios importantes, donde sí puede recalar un desconocido, y son más transparentes aunque también suelen tener sus chanchullos. Y aún una tercera o segunda B, por seguir con el símil balompédico, de bajo presupuesto, donde abundan los premios a composiciones breves o temáticas, organizados por algunos ayuntamientos, asociaciones y otras catervas. Y no hablemos de la Champions, con premios como el Cervantes o el Nobel.

Hay profesionales de los premios literarios. Autores que escriben con cierta solvencia y se dedican a participar en cientos de certámenes. Son los llamados cazadores de premios (como tal se ha referido alguien a mí, aunque apenas sé disparar.) Normalmente tiran a todo lo que se mueve y van cobrando piezas. A quienes llevamos un tiempo en esto de concursar se nos vienen a la mente dos nombres admirados por quienes ya quisieran tener su currículum y denostados quizá por los mismos y por quienes consideran inmoral su proceder, su manera de usar la escritura y vivir por y para los concursos. Son dos nombres muy conocidos en el mundillo: el cordobés que más premios literarios ha ganado en el mundo, la última referencia que tengo es de enero de 2012 con 1769, Manuel Terrín y la vallisoletana Eumelia Sanz, de un pueblo cercano al mío, la mujer más premiada de España, que ronda el millar de galardones. Vienen luego una serie de nombres habituales que conforman un ranking muy particular.

Esto de los premios te permite conocer poetas y narradores interesantes, algunos de gran calidad. Cuando ganan un premio más o menos importante te alegras por ellos y con ellos, más, por supuesto que si lo gana alguien desconocido para ti. Son las afinidades literarias, la empatía concursal, la simpatía, en fin, que produce navegar las mismas aguas.

A vueltas con mi historia

En el anterior escrito mencioné mi primer premio como tal. Prácticamente gasté el dinero obtenido en invitar a la cena que tuvo lugar tras la entrega a familiares y amigos. Había que celebrar aquel tercer premio. José Luis Bravo, secretario burgalés de la Fundación Espejo de Viladecans, con quien desde entonces me une una sincera amistad, reservó un ala del restaurante para nosotros. Luego vino un segundo y la crisis económica no dio lugar a que siguiera intentado conseguir el primero, como ocurrió, por ejemplo, con el del Semillero Azul (tras un tercer premio, dos segundos y varios intentos fallidos, logré, el pasado mayo, alzarme con el máximo galardón.)

2008 fue un buen año. Gané dos primeros premios. Los dos, cosa rara en tiempos de recortes presupuestarios, donde varios han desaparecido y muchos otros han disminuido su dotación económica, en algunos casos hasta hacerla desaparecer, los dos, digo, la han aumentado desde entonces. También obtuve una mención de honor en Palau de Revardit (Girona) Teniendo en cuenta que me presentaría a un par de premios más, el porcentaje era alentador. Uno de los que gané y al que no me puedo volver a presentar de por vida, fue el Federico García Lorca, de Nou Barris en Barcelona. Allí tuve la suerte de coincidir con José Luis García Herrera, gran poeta, gran amigo, con una ingente obra publicada, precisamente a raíz de ganar certámenes que incluyen la edición del poemario ganador. El otro fue el II Premio Orola de Vivencias, en Madrid. El Orola es un certamen singular por el que siento un gran aprecio, en parte por su fundador Fernando Orlando y el admirable equipo que dirige y en parte por lo que tiene de novedoso y original. Fernando escribió varios libros de “Vivencias,” forma de expresión que entra dentro del género de pensamientos breves que se ha utilizado en todas las épocas y en todas las culturas. El uso común de esta palabra es el de primera experiencia ante un hecho vital, con una posible reflexión*, expresada en verso o en prosa. Y como tal aparece en 2007 el Premio Orola, al que, a partir de mi primera y exitosa participación, tampoco podía volver a presentarme. En 2011, acepté la invitación de Fernando y asistí a la comida que ofrece cada año a los ganadores. Allí conocí a Esteban Torres Sagra, jienense que había obtenido el segundo premio el año anterior y se alzó con el primero en 2014. Esteban, a quien me une una buena amistad desde entonces, ha sobrepasado ya el centenar de premios. Precisamente en 2014 el certamen pasó a tener carácter monográfico, bajo el tema que se ha mantenido en las cinco últimas convocatorias, de “Facer Españas”  y se amnistió a los ganadores de las siete anteriores que podíamos volver a presentarnos al Premio, cosa que yo he venido haciendo desde aquel año, quedando en 2016 entre los 20 mejores a juicio del jurado, entre los 10 finalistas en 2014, 15 y 18 y obteniendo el segundo premio (con idéntico importe a cuando obtuve el primero) en 2017. Toda una relación espléndida y feliz por lo que a mí respecta. Y con visos de continuar por muchos años.

El 2009 tenía toda la pinta de acabar en blanco, pero en diciembre gané el primer y único certamen de Narrativa Corta Hispanoamericana, convocado por una plataforma digital regentada por Alicia Rosell. No tenía dotación económica, pero se editó un libro con los treinta mejores relatos. Es mi único premio de narrativa, aunque he obtenido algún accésit y publicaciones en libros colectivos. También es cierto que tengo pocos relatos escritos y apenas me presento a premios de este cariz.

Quiero hacer mención a un tipo de certamen que en 2010 bajo la denominación de Día Internacional de la Poesía de Segovia, ideó el profesor y poeta segoviano Norberto García Hernanz, donde más de una veintena de poetas previamente seleccionados por un jurado compartían un fin de semana cultural, poético, turístico y gastronómico, con el añadido de nuevas amistades que perduran en el tiempo, un libro colectivo y regalos de organismos oficiales. Yo participé en las tres últimas. En 2016 ya no se convocó, pero ya había tomado el relevo el Umbral de Valladolid, organizado por el grupo Habla que va ya por cinco ediciones, en la de este año he tenido el inmenso placer de participar junto a 29 poetas más, algunos ya conocidos, otros descubiertos entonces, cuya amistad me acompaña ahora, y los organizadores, Rocío, Asterio, Eva y Pablo. Conocí también personalmente a Boris Rozas, ganador del pasado año afianzando la amistad nacida en la red.

A partir de 2010 ha ido aumentando mi participación en certámenes sobre todo de poesía y generalmente en la provincia de Barcelona, aunque ahora, libre de las trabas del trabajo por cuenta ajena, voy aumentando el radio de acción, pero sin tirar a todo lo que se menea, más que nada porque no tengo suficiente producción y ejerzo de secretario en tres asociaciones (Poetas de Cornellá, Poesia a Trencd’Alba, de Sabadell y Círculo de Castilla y León en Barcelona), función que ocupa gran parte de mi tiempo, aparte de las actividades que organizamos en ellas.

Año a año van cayendo premios, aunque hay algunos a los que me presento de manera sistemática y, de forma igualmente sistemática, no gano nunca. En cambio hay otros como el Litteratura al que me he presentado en las tres convocatorias habidas en el apartado de poesía quedando primero, segundo y nuevamente primero. Mención aparte merece el Amanecer Literario del Círculo de Castilla y León. Me presenté en 2011 y lo gané con el poema Romance marinero de Castilla. Al año siguiente fui jurado del mismo y tres años después (en que según las bases me podía volver a presentar) obtuve el tercer premio y el pasado año lo gané nuevamente. Su presidenta Conchita de Pedro Juan, me convenció para hacerme socio (la tierra tira lo suyo) y ahora, aprovechando mi disponibilidad de pensionista, soy el nuevo secretario de la entidad.

Mi asignatura pendiente es la de los poemarios. Nunca he conseguido ganar un premio con un libro de poemas que, junto a una menor o mayor dotación económica, suele llevar aparejada la edición del mismo. He sido finalista con Décimas de fiebre, libro aún inédito, en tres certámenes (José Calderón Matador de Madrid, Villa de Alón y Villa del Libro, estos últimos en la provincia de Valladolid) En los dos primeros me ofrecieron publicar pagando una parte de la edición. Naturalmente rehusé. También fui finalista en algún que otro certamen como el de Poesía amorosa Sexto Continente de RNE.

En 2017 publiqué De decires y alondras, un libro de sonetos que también viajó por diversos certámenes y fue ofrecido a un par de editoriales dedicadas a editar poesía, antes de acabar, en régimen de coedición, en la editorial barcelonesa Onix. Previamente, en 2015, la editorial Vampiro de Libros, de La Coruña, editó Orento; en una de las tres partes de que se compone recojo la mayoría de poemas galardonados hasta la fecha de publicación. Ambos libros se pueden conseguir por internet o solicitándolos en librerías. Y el año próximo, aún sin editorial concretada, verá la luz, valga la redundancia, Continuidad de la luz, que tendrá un apartado con los premios obtenidos desde finales de 2015 hasta la actualidad.

Y vale por hoy, que el tema da para mucho y me he pasado un pueblo.

Sólo hacer constar que la nómina sobre todo de poetas, algunos grandes poetas, conocidos gracias a los premios literarios va creciendo y dando sentido a este placer que experimento al escribir.

 

*Tomado de: http://www.orola.es, donde hallaréis la historia de los certámenes. También encontraréis una muestra interesante de los trabajos presentados en el blog http://premioorola.blogspot.com.

Publicado la semana 31. 03/08/2018
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