Semana
03
Jesús Andrés Pico

El último asesino (1)

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Relato
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Hay gente que merece morir. Mucha gente a decir verdad, incluso tú, que estás cómodamente leyendo estas líneas, y  yo mismo.

No hace mucho, almorzando en la terraza de un bar, regentado, ¡cómo no!, por chinos, me vi obligado a escuchar la conversación de dos mujeres que hablaban de mesa a mesa, contiguas ambas a la mía. Dieron un buen repaso a la situación catalana desde lugares comunes y opiniones vertidas en los medios de comunicación por claros intereses partidistas. Intenté enfrascarme en la lectura del Sport, uno es del Barça, ¡qué se le va a hacer!, y pasar de ellas fumando mientras esperaba el café, pero resultó imposible. Tuve que aguantar todos los temas que dos mujeres en plena menopausia suelen tocar y, cuando ellas, que no van a misa ni creen en los curas, acabaron reconociendo la gran labor de los últimos papas y la cercanía al pueblo llano del actual, me mordí los labios, pagué y me fui. Unos años atrás las habría seguido para acabar, literalmente, con su vida. No sin antes hacerlas ver que cualquier mandatario por muy buen papa, rey democrático o político honrado que parezca, es en realidad un hijo de puta merecedor de una muerte mil veces peor que la que les esperaba a ellas. Pero el tiempo no pasa en vano y opté por alejarme como si no me molestaran sus voces chillonas y sedentarias.

Y es que la estupidez humana se hace cada día más patente ahora que todo quisqui se cree con derecho verter sus opiniones porque se encuentra conectado con el mundo a través del móvil o del ordenador. Lo que realmente hacen es repetir como loros las opiniones y consignas de otros, que toman como propias sin serlo, porque no tienen capacidad para opinar. Son la carne de cañón de todas las guerras, los parias engañados por la ilusión de votar cada cierto tiempo para elegir a unos representantes presuntamente demócratas que sólo se representan a sí mismos. El pueblo llano incorporándose a la manada afín para sentirse seguro.  

Y en esas, como siempre ha sucedido, andamos. El hombre es la bestia más sanguinaria  que el azar ha puesto sobre la Tierra. Siempre moviéndose en manadas lideradas por un macho dominante que hace del palo su razón de ser y que no duda en sacrificar a sus congéneres en provecho propio. Y en derredor arribistas y cobardes sacando tajada de los restos del festín de los poderosos. Los unos y los otros merecen la muerte, pero también la inmensa mayoría que se deja pisotear por un bienestar ficticio. Ahora la manada se ha globalizado pero estamos en las mismas. A ver si el mamón de Trump y el cabrón de Kim Jong-un la lían de una vez y esto se va al garete para que la Tierra continúe rotando sobre su eje y la vida siga su curso natural sin ningún ser pensante y engreído que interaccione con ella.

Publicado la semana 3. 16/01/2018
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