Semana
26
Jesús Andrés Pico

MICROFICCIONES 2

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LA ORACIÓN DEL MUERTO

Que todo vuelva a ser como antes, que no sea más que un mal sueño. Que retornen las aguas a su cauce, las tierras a su asentamiento y los hogares se reconstruyan. Que se calmen los vientos y el sol brille de nuevo. No pido que los hombres se entiendan porque nunca lo han hecho, ni que acaben las guerras, la injusticia desaparezca y la pobreza sea erradicada, no creo en utopías, dioses ni zarandajas de malos gobernantes, no creo en los gobiernos. Pero sí en este espacio herido mortalmente, la tierra que cobija mis huesos, el aire donde vuelan mis cenizas y el mar donde reposo.

 

SOCIOS

Ya se las apañarían para pagar las facturas, le dijo, ahora duerme, le dijo. Pero él seguía sacando facturas impagadas del archivador y amontonándolas en el suelo. Qué puede pasar, ¿qué quiebre la empresa, qué perdamos nuestras viviendas, mujeres, hijos?, ¿qué nos metan en la cárcel? ¿La dignidad?, ¿quieres mantener la dignidad? Vale, ya te digo que nos apañaremos con los pagos, ahora lo urgente es dormir antes de que el frío se nos meta en los huesos. Esto le dijo a su socio y prendió fuego al montículo de papeles acumulados a los pies del banco que era ahora su oficina y su hogar.

 

FÁBULA

Ya se las apañarían para pagar las facturas, si es que algún día volvían.  Lo importante ahora  era salir de la crisis y permanecer unidos, la hormiguita Jordi  miró desde el escabel al que se había subido a la familia congregada en torno a él  y prosiguió: “permanecer unidos y conservar  los ahorros de tantos años, aunque tengamos que cambiar de hormiguero como hicimos un día con nuestro grano.” Y  es que, queridos niños, como dice el dicho, hormiguitas que rezan y roban juntas unidas permanecen.

 

TERRORES

Lo sabes tan bien como yo. No existen los monstruos. Nunca hubo vampiros, ni fantasmas, ni zombis. No hay sueños  donde penetren sádicos asesinos ni lagos con cadáveres vengativos. Hay maldad, tú sabes, asesinos que vagan de noche buscando sus víctimas entre mujeres y niños, los más débiles. Para protegerlos  surgieron los mitos, las leyendas, el miedo a la noche y a ciertos lugares retirados y solitarios.

 

FINAL DEL LLANTO

Los hombres que a mí me gustan no saben llorar.

Él me mira con esos ojos que sabían ser dulces y eran crueles a veces, ahora secos, terriblemente abiertos. Aquellos ojos que tanto amé porque nunca derramaron una lágrima. Ni siquiera cuando lo intentaban con culpable sinceridad y los míos eran puro llanto dolorido, impotente, rabioso, mientras me rodeaba con sus brazos pidiéndome perdón.

Hasta hoy. Tal vez pensó que se le fue la mano, tal vez hicieran mella en su alma ciertos comentarios de actualidad contra la violencia de género, o tal vez, simplemente, se volvió blando.

Lo cierto es que asomaron lo que parecían esbozos de lágrimas en sus ojos.

Y tuve que poner fin al llanto.

Para seguir amándole.

 

CERRADO POR DERRIBO

Los rincones vacíos de la casa desmantelada no era lo peor que podía pasarle. Ya había vivido otras veces estas situaciones y siempre se resolvían con nuevos muebles y nuevos inquilinos. Tal vez algún tabique iba al suelo y la nueva decoración, los horribles nuevos colores de las paredes le tenían un tiempo descolocado, pero todo volvía al fin a su cauce habitual.
Sin embargo esto de ahora no era una reforma ordinaria y cuando las máquinas comenzaron a derruir las paredes descubrió, en carne propia, que los fantasmas también se quedan sin hogar.

 

 

PRESAGIO

Ya recogerían la mesa mañana había dicho sabiendo que no era cierto, que en realidad no importaba recoger nada porque mañana no iba a llegar nunca. Hay muertes, catástrofes anunciadas que se esperan con un resquicio de esperanza. Y otras súbitas, intempestivas, sorpresivas, cuya inmediatez no deja espacio a la más mínima especulación y sólo queda lugar para el asombro. Pero no era momento para explicaciones. Primaba salir de allí sin volver la vista atrás y confiar que la visión que había tenido no se materializara en nuestro tiempo y nuestro espacio.

 

EXCITACIÓN

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta, nos dijo, pero no creo que fuera cierto aunque diéramos por sentado que lo era porque necesitábamos una furgoneta y alguien que supiera manejarla. Él estaba encantado de unirse al grupo, saber qué demonios hacíamos las noches de los sábados, participar de nuestros secretos y ser un hombre como nosotros. Si para ello debía sustraer la furgoneta del garaje donde dormía los fines de semana, lo haría. Su padre le dejaba conducirla a veces, nos dijo. Y nosotros no se lo diremos a nadie porque la curva del río hay que tomarla despacio y él venía muy excitado.

 

CATACLISMO

Ese tic tac que escuchamos hace rato no es, no puede ser, un reloj. Tú sabes que se extinguieron los relojes que hacían tic tac al medir el tiempo aquel que ya pasó. Ahora el tiempo se mide en silencios, como si ya no existiera. Entonces, ese rítmico sonido sólo puede ser el latir de nuestros corazones sepultados muy juntos bajo los escombros. O el repiqueteo esperanzado de las gotas de lluvia.

Publicado la semana 26. 26/06/2018
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