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Jesús Andrés Pico

EL DÍA DE REYES

El día de Reyes, Iñaki, temprano, como una jornada cualquiera, descendió hasta la arena de la playa. Él ya no tenía edad para recibir regalos como no fuera el que se obsequiaban a sí mismos sus madrugadores ojos al contemplar la belleza rezumando por los poros de cualquier rincón del Urdaibai que pisara en sus continuas caminatas. El día de Reyes, Iñaki se restregó los ojos, asombrado como en sus tiempos de zagal ante los juguetes que emergían, dando forma a la ilusión, de los zapatos alineados frente al ventanal del caserío familiar. Se restregó los ojos y exclamó:

-¿Qué coño pinta un camello en la playa?

Sí, aquel bicho enorme y anacrónico deambulando por la playa de Laga como si buscara algo o a alguien, era un camello que parecía haber confundido las ardientes arenas del desierto con las que bañaban las gélidas aguas del enardecido Cantábrico, no cabía ninguna duda.

Cuando se acercó hasta el animal y observó sus ricos jaeces, dada la fecha, no pudo menos que pensar que se le habría escapado a uno de los Magos de la cabalgata celebrada en cualquiera de las pintorescas poblaciones que jalonan la Ría. 

-Si es que se empeñan en darle realismo al asunto y pasa lo que pasa. Al menos habrá cumplido con su tarea porque presentes no lleva encima. Mejor se lo llevo a la agintari eskuduna y que decida qué hacer con él.

Pero el camello no estaba por la labor y correteaba por la playa cada vez que el bertako se le acercaba.

- Si va a resultar que es de Bilbao, el muy cabrito. Pero a burugogor no me gana. Lo cogeré del cuello aunque pase todo el día tras él, como me llamo Iñaki.

En esas andaba cuando creyó escuchar una voz grave que no acertó a discernir. Miró alrededor y, finalmente, se puso en jarras frente al animal que movía el belfo emitiendo un ronco sonido.

- Jainko! ¡Que me está hablando el camello, pues! ¡Y sin probar una gota de pattar!

- No te pases ni un pelo. Soy un camello real y estoy esperando a mi dueño.

- ¿ Y quién es tu dueño –acertó a decir por seguirle la corriente como dicen que se ha de hacer con los locos, sean o no camellos- ¿No será un Rey Mago por casualidad, eh?

-Pues claro, ¿quién iba a ser sino dueño de un ejemplar como yo? A mí sólo me monta Melchor desde tiempos inmemoriales.

-Vaya, vaya. ¿Y dónde está Melchor, si puede saberse?

- Te supongo enterado de lo que pasó anoche.

- ¿?

- Noche de Reyes en los pueblos de tradición cristiana, noche agotadora para nosotros.

- Sí, bueno, la noche de Reyes, pero ¿qué sucedió?, ¿dónde está Melchor? ¿Y los otros Magos?

-Gaspar y Baltasar han vuelto a Oriente donde estarán disfrutando un merecido descanso con sus cabalgaduras. Pero Melchor, el muy sinvergüenza… —El camello, ante la curiosidad del hombre que parecía más interesado en sus palabras que en tomarle de las riendas, dobló sus patas delanteras posando a continuación los cuartos traseros sobre la fría arena y prosiguió su relato—. Ya quería, cuando supo que vendríamos a estos parajes, adelantar el viaje unos días, pero los otros dos se negaron en redondo. Lo primero es lo primero. “Cumplimos nuestra misión y si después persistes en tu loco empeño, allá tú”, le dijeron pensando que los achaques de la edad, el frío del lugar en esta época y, ¿por qué no?, la cordura que a una persona de su rango y condición se le supone, le haría olvidarse de su locura y terminaría acompañándoles en su regreso al hogar. Pero, ¡qué va!, el muy cabezota se empeñó, se empeñó y aquí me tienes a mí, esperando como un perro vulgar y plebeyo. Aunque mi reacción cuando se despojó de sus ricos ropajes y los depositó en una de mis vacías alforjas, fue alejarme muy dignamente, he decidido esperarle aquí. A fin de cuentas, mochales y todo, no deja de ser Melchor, el Rey que un día puso a los pies del Niño aquel el oro que vuelve locos a los hombres. Y yo no soy más que su montura. Nos necesitamos mutuamente. El mundo nos necesita.

- Pero, ¿dónde está Melchor?

-¿Y dónde ha de estar? En Mundaca. Hasta las arenas del desierto con su quieto oleaje ha llegado la fama de la célebre ola de Mundaca. Y ahí le tienes: subido en una tabla en pleno mes de enero, cabalgando sobre la inestable grupa del mar embravecido. ¿Tú crees que está en sus cabales?

 

 

agintari eskuduna:  autoridad competente

bertako:                   lugareño

burugogor:              cabezón, obstinado

Jainko:                     Dios

pattar:                      aguardiente

Publicado la semana 159. 11/01/2021
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