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Jesús Andrés Pico

¿NO OYES CANTAR A LOS MOZOS?

Durante algunos años participé en el certamen de relatos de San Fermín que se celebra en Pamplona. Aunque últimamente no he enviado nada, me apetece compartir alguno de los textos. Comienzo por uno que al lector avezado le remitirá a Juan Rulfo por el título, que recuerda a ¿No oyes ladrar a los perros?,  y por el regreso del protagonista, alentado por la madre moribunda, a su Comala navarra a punto de comenzar uno de los tradicionales encierros de los que el éxodo materno le privó.

 

¿NO OYES CANTAR A LOS MOZOS?

“¿No oyes cantar a los mozos?” dice la voz velada, opaca casi, como si viniera de más allá de la muerte. Y el cántico, impulsándose en alas de papel, se eleva hasta la hornacina del santo, en la barrera de piedra; tremola un momento, se quiebra y asciende luego hasta perderse en el cielo como una ancestral plegaria. Desde el final de la cuesta, al  fondo de la calle,  asciende un olor antiguo, tenso, de miedo y gloria a la vez. Y hay un ritual de pies, de gestos, de silencios, de miradas, mientras todos los corazones de la ciudad se encogen expectantes.

Un segundo cántico, tintado de rojo, emerge de las gargantas apiñadas, “¿No oyes…?” Y no sé si la voz de mi madre me habla desde su muerte, ahora que me sabe aquí recuperando la vitalidad que ella me robó al alejarme de este lugar, de esta fiesta visceral y propia, recuperando el sentimiento primigenio que llevaba en la sangre sin saberlo, o es su despedida, cercano ya el final, como pidiéndome perdón, rogándome volver, no sé si vivo o muerto, al lugar de la fiesta donde ahora escucho cantar a los mozos desde la sequedad de mi garganta.

El canto atávico, invocación y ruego al santo protector en dos idiomas hermanos, salta sobre los blancos atuendos nimbados de rojo y, por tercera vez, surca los aires.

 

Publicado la semana 151. 21/11/2020
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