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Jesús Andrés Pico

DE TRENES, RECUERDOS, PREMIOS

Que te despiertes minutos antes de las siete de la mañana porque se ha soltado el tubo de la CPAP y oyes como un rumor lejano de aire en movimiento, que decidas levantarte y mires el móvil en un acto reflejo para ver, ¡cielos!, un correo entrante enviado desde Sídney a las 3,01, hora española, es para alegrarte el día, más si te comunican que aquel poema, que enviaste por ver qué pasaba, ha obtenido el primer premio. Un jurado internacional (Argentina, Cuba, Chile) ha determinado que de los 213 poemas recibidos de todas las partes del mundo donde se habla español, el tuyo es merecedor de llevarse dicho primer premio. Compartes tu satisfacción, recibes parabienes y andas como flotando en una nube, ya que por muchos premios que recibas, el último siempre llega sorpresivamente y te hace estallar de gozo independientemente de la categoría y circunstancias del mismo. Éste, el Trilce, fue organizado por la Asociación Literaria del mismo nombre y contó con el apoyo de la Biblioteca Nacional del Perú, el Instituto Cervantes en Sídney y el Consulado General del Perú en Australia. ¿Le llevará algún heraldo con mascarilla negra la noticia a César Vallejo allá donde esté bebiéndose el licor amargo que aún derrama España y él recogió en su cáliz humano, andino y universal? Hay golpes en la vida…

  

“Ayer 15.10.2020 se conocieron a los ganadores del concurso internacional TRILCE (2020) y es muy grato informarle que su poesía titulada “Ultimo Tren al Olvido” fue merecedora del primer lugar. Esperamos que este reconocimiento sea de alguna manera un aliciente para que siga escribiendo como también enriqueciendo  la poesía en lengua española”. Así comenzaba el correo. Notaba yo el acento peruano y me imaginaba al buen amigo y poeta limeño Carlos Oyague Pásara celebrándolo con una copa de pisco al conocer la noticia. Pedro Gómez, fino poeta granaíno me llamó a la hora del almuerzo sin alcohol a la espera de celebrarlo con el vino que cosecha en el priorato Juan José Escoda y es una delicia para gargantas gustosas del hermanamiento que dan los buenos caldos del universo mundo. Y siguieron llegado durante todo el día, en lluvia fértil y cadenciosa, parabienes y saludos que aún colean.

Último tren al olvido” (lo podéis leer completo en mi blog De donde nace el viento) no es un poema dividido en tres partes, sino dos poemas de temática común aunados y readaptados. Los poemas, hasta que no ven la luz y se fija su estructura definitiva, van sufriendo cambios de éste y otro cariz. Hará cosa de trece años decidí presentarme a los Premios del Tren (el Antonio Manchado de poesía) con diez sonetos que, bajo el título de “Cabellera de trenes” que corresponde a un verso de Dámaso Alonso, trataban el tema de la infancia recuperada a través del recuerdo que nos dejara el paso de los trenes por aquel paisaje idílico y duro que conformaba nuestro universo.

 

Primos del aire, de la tarde primos,

de los pinos y el roble corpulento,

instalados en un verano lento

asombro y juego, como todos, fuimos.

 

Mirábamos sentados en racimos

pasar los vagos trenes: humo al viento,

carbonilla, sol, cierto desaliento

con que luego a vestirnos aprendimos.

                                       

Larga tarde de larga simetría,

temblorosa de azul y primavera

el corazón de Dios adormecía.

 

Niños de entonces: lenta enredadera

de estacionado tiempo nos cubría

viendo peinar de trenes la ladera.

 

No hubo suerte. Sin embargo lo intenté algunos años más con distintos poemas, éstos en verso libre y sin rima, con idéntico resultado desde luego. Llegó la crisis, dejaron de convocar el premio y yo reuní todos aquellos trabajos bajo el admirable y sorprendente título de “Poemas del tren” que, algún día, tanto podía devenir en poemario, parte de un libro, ramas desgajadas o humo. Los sonetos y algún otro poema han sido editados. Los que quedan los fui acomodando, refundiendo a veces, para presentarlos a nuevos concursos. En varias ocasiones he ganado premios con composiciones que en otros certámenes no obtuvieron reconocimiento. Sin ir más lejos el “Amantes de Teruel”: “Los nombres del agua”, pasó previamente (sin suerte, claro) por un certamen en España y otro en Sudamérica. Cierto que en cada convocatoria ha habido cambios que, a la postre, terminan enriqueciendo el texto. También ocurrió con el segundo Orola y el Ángel García. Por suerte, pues son éstos galardones que lustran el curriculum con elegancia y solera. Y el Trilce. “Último tren…” estuvo en la lucha final de un certamen extremeño fallado el pasado verano. No obtuvo recompensa. Así que, con algún arreglo para encajar el número de versos, lo envié a Australia.

Y como que los trenes dan mucho juego, resultaron premiadas la nostalgia y la memoria:

 

Pasaban trenes con sol en los cristales,

sol de madrugada cayendo tibio

sobre el anhelo infantil de ver el mar.

Se llevaban los sueños y rostros tenues

se adivinaban, fugaces, pasajeros,

en los cofres de acero centelleantes;

la certeza de un mundo bullicioso

se mecía en el aire con olor a carbonilla

y flor de enredadera era el humo

trepando lentamente por los cielos

despejados como ojos todo asombro,

ojos niños estáticos ante la abierta herida

que hiende largamente la memoria;

el pinar lloraba lánguida pinaza

y los fríos campos vestían

de purpúrea nostalgia el último vagón.

 

Y así queda forjado el golpe semanal. ¡Salud, versos y república!

 

 

 

Publicado la semana 146. 18/10/2020
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