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Jesús Andrés Pico

SEPTIEMBRE

Se nos marchó septiembre. Se llevó consigo el verano más atípico de la historia y a Quino. Quino se fue con el último día del mes (Treinta días, trae septiembre, con abril, junio y noviembre. Los demás, treinta y uno; menos febrero mocho que sólo tiene veintiocho. Hay quien prefiere asignar meses de 31 días a los nudillos y los restantes a los huecos entre nudillos. Y hay a quien se la trae al pairo la edad de los meses y los santos del día) Se nos fue Quino en la nave equinoccial de septiembre y, huérfana de padre, Mafalda se asoma una y otra vez por las ventanas aviñetadas de la red, los móviles y los papeles, en un póstumo homenaje al grande y humilde Joaquín Salvador Lavado, nuestro Quino universal, que andará ya con Mingote y el Forges colgándole geniales monigotes al firmamento mundo.

 El noveno mes del año mantiene protagonismo en la vida mía desde que un 18 de septiembre, con las escuelas abiertas al nuevo curso, nací a media mañana en el número 18 de la calle de Las Eras, allá en un pueblo entre el Duero y la línea Valladolid-Ariza, surcado por la N-122 y enmarcado por elevaciones que se estiran indolentes al sol y al cierzo, como montañas venidas a menos, de nombres tan solariegos como Pico Miranda, Pico Melero o Pico el Moro. Justo una semana después, en la casa contigua y con el sol ya en Libra, venía al mundo Jaime, tercero de los siete hermanos Posadas (sí, los de las mantecadas y otros dulces regalos para el paladar) Fuimos, por mor de nacimiento, hermanos de mes, de casa y calle. Amigos de pleno derecho, andábamos siempre juntos (aunque con alguna que otra infidelidad) pugnando por ver quien le sacaba unos centímetros al otro, hasta que, ya en la pubertad, yo me quedé estancado, quizás porque pasaba más tiempo en Valladolid que en el pueblo y el aire de la ciudad no alimenta tanto. Tiempo después, sin dejar de crecer, Jaime se echó novia y yo marché a la aventura catalana para rehacer mi mes de setiembre que comenzaba a perder las letras. Y  un altre setembre va naixer a Sabadell  mi hijo Andrés, el deseado. Casi un mes después, en octubre, por no repetir mes, pero sí localidad y casi barrio, lo hacía Eloy, su primo unigénito, más deseado aún. Una abraçada per tots dos. I per la resta (Víctor, David)

Septiembre es el mes que hunde a los malos estudiantes en el pozo de la repetición de curso o les salva in extremis. Para mí era el mes de las primeras vendimias y las fiestas de San Mateo porque lo más  que dejé para setiembre fue la educación física y ésta se recuperaba sin esfuerzo y sin presencia física en el colegio. El verano que acabé la oficialía estuve trabajando de tornero en una empresa de Valladolid y una de las noches que me acerqué al real de la feria  en La Rubia, me metí en el Teatro Chino de Manolita Chen para ver su espectáculo de variedades cómico musicales. Nadie me pidió el carnet de identidad. Fue como entrar a uno de esos cines de sesión continua donde el portero te observaba de arriba abajo y al final te dejaba pasar con gesto condescendiente y mirada cómplice. Ve aprendiendo lo que es la vida, chaval, me dijo el del teatro chino al devolverme la entrada recortada. Y así, septiembre a septiembre, iba uno acumulando experiencia en un cuerpo escaso de proteínas y largo de sueños.

Se nos fue septiembre y el verano fallido, y nos vamos yendo nosotros con los labios amortajados, las no fiestas y la navidad agazapada para despedir al peor año que muchos hemos vivido. Y habrá quien busqué entre las sábanas y el frío de diciembre un momento de amor para alumbrar, nueve meses después, otro septiembre ilusionado y nuevo. Y una vela más arderá, esperanzada, sobre un pastel de cumpleaños. Septiembre ha muerto, viva septiembre.

 

 

 

 

Publicado la semana 144. 02/10/2020
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