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Jesús Andrés Pico

VOLANDO BAJO

A Juan Broncano, motero de Santa Marta de los Barros

 

Sólo quien ama vuela

(Miguel Hernández)

 

                         I

Sentir el viento, oler el viento, ver

el viento, acariciar al viento, ser

viento: volar.

                           Volar bajo, las ruedas

vueltas alas abiertas  donde

cabe el asombro y la luz refulge.

Rodar, domar el tiempo y el espacio.

Sólo quien rueda vuela,

sólo quien rueda ama,

sólo quien rueda muere.

Sólo quien vive rueda.

 

                         II

Primero fue el caballo

de cartón, de madera, de ilusión,

la bicicleta luego

del hermano mayor, tal vez del padre,

que tomábamos prestada y a escondidas

y, por fin, reluciente y propia,

como un sueño de acero que fuera creciendo entre las piernas,

la moto.

                  Y el mundo visto de otro modo,

como un águila volando bajo puede ver el mundo,

como un hombre libre puede sentir el mundo.

 

                         III

Las ciudades extremeñas,

los rojos pueblos de tabaco y arroz,

los castillos derruidos,

la cerveza y la fiesta de la consumación

de un estilo de vida,

todo gira refulgente y metálico

sobre la memoria gris del asfalto.

Se detiene parsimonioso el tiempo

mientras el sol brilla en los cascos

y se mira en las gafas el paisaje.

 

                        IV

Y ya son nuestros los vientos,

la Historia, los caminos

que hicieron España extrema y dura,

esta España clavada como un dardo

de amor envenenado

en los pechos que bajan

por las venas abiertas de Tajo y de Guadiana

hasta el mar de la sangre y las conquistas.

Ya son nuestros los vientos

antiguos de esta tierra.

 

                        V         

Vamos por las rutas pretéritas,

por las lentas cañadas,

los remozados caminos

que el romano  trazó para nosotros

sobre veredas ancestrales.

Aquí el moro alzo sus almenas

y los monasterios sus rezos

para guiar nuestros pasos

en los días de asueto cuando la moto

es nuestro universo y recompensa.

 

                        VI

Volamos bajo, nuestro Pegaso

no necesita alzarse a las estrellas

para que la mano las roce,

no nos es necesario cruzar las nubes

para alcanzar la cima del viento.

Aunamos intereses, vamos juntos

a descubrir la luz, la misma luz

que vieron otros ojos, a vivir

volando a ras de tierra, a ras de tiempo.

 

Bajo  la lluvia y el sol volamos a ras de amor.

 

 

Publicado la semana 130. 27/06/2020
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Género
Poesía
Año
III
Semana
26
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