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Jesús Andrés Pico

QUÉ SABE EL AMOR DE CASTAS Y MESTIZAJES

“Digo y declaro y confieso que yo tengo y Dios me ha dado en esta provincia ciertas hijas e hijos que son: Diego Martínez de Irala y Antonio de Irala y doña Ginebra Martínez de Irala, mis hijos, y de María mi criada, hija de Pedro de Mendoza, indio principal que fue desta tierra; y doña Marina de Irala, hija de Juana, mi criada; y doña Isabel de Irala, hija de Águeda, mi criada; y doña Úrsula de Irala, hija de Leonor, mi criada; y Martín Pérez de Irala, hijo de Escolástica, mi criada; e Ana de Irala, hija de Marina, mi criada; y María, hija de Beatriz, criada de Diego de Villalpando, y por ser como yo los tengo y declaro por mis hijos e hijas y por tales he casado a ley y bendición, según lo manda la Santa Madre Iglesia”.

(Del testamento de Domingo Martínez de Irala, gobernador del Río de la Plata y de Paraguay, fechado en 13 de marzo de 1556)

 

 

Dicen que Domingo Martínez de Irala ha reconocido en su testamento a los numerosos hijos e hijas habidos con las barraganas de su harén particular a quienes, en eufemismo delirante, denomina criadas. Domingo, como sabéis, fue nombrado gobernador del Río de la Plata y del Paraguay, y yo, no me interpretéis mal, lamento no haber nacido con un aporte de su sangre principal corriendo por mis venas, cuando vi la luz en esta municipalidad de la Asunción que ha llegado a ser denominada “paraíso de Mahoma” por ciertos religiosos despechados ante la liberalidad y rijosidad que se tiene para con las indígenas por parte de los españoles. Ciertamente los hijos e hijas de Don Domingo pueden considerarse afortunados al ser reconocidos y casados a ley y bendición, según manda la Santa Madre Iglesia, siendo privilegiados en el sistema de castas y mezclas que imperan en esta parte del mundo y dan innumerables colores distintos de piel porque innumerable es el deseo del hombre. Estos mestizos de lujo ocuparán cargos que a sus semejantes nos están vedados. Alguno, incluso, llegará España y será persona ilustrada. Que, tanto en las más bajas raleas cuanto en las élites, siempre habrá diferencias y tratos de favor. Otro gallo me cantara si Domingo ostentara su paternidad sobre mí y no un aventurero lujurioso y desalmado, sin decencia ni temor de Dios, pese a tener siempre su nombre en los labios. Bien sabéis que la suerte es esquiva para unos y se ceba en otros que no la merecen. Empero, sin embargo, puedo yo considerarme afortunado al gozar de vuestro amor, aunque esté mal visto el contrato y relación entre criolla y mestizo, que vale decir estanciera blanca y trigueño sin tierra ni beneficio. Tan sólo tengo en cuenta que os amo y me amáis, y que el amor  es ciego e ignorante de aquello que no sea su propio carácter y filiación. El amor, que nada sabe  de castas y mestizajes, de linajes y creencias, sino de su propia fe y condición, ha tenido a bien que nuestras miradas y caminos se cruzaran, ajenos a vuestra clase y la mía, que de ser contrarias gozaran del beneplácito y bendición de quienes se empecinan en negarnos el pan y la sal sin haber cuenta de la natural pureza y seriedad de nuestro sentimiento.  Pues os amo pese a todo, anhelo y confío en un futuro libre de desigualdades debidas al color de la sangre, o el color la piel, o la posición social.

Porque está en la condición humana el mezclarse con el diferente, acabarán desapareciendo el blanco, y el negro, y el indio, para dar en una raza universal y entreverada. Ciertamente nosotros no lo veremos, pero habremos contribuido, con nuestro sincero amor, a conseguirlo.

Publicado la semana 128. 13/06/2020
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