Semana
12
Jesús Andrés Pico

Posesión del fuego

Género
No ficción
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Al fuego se le posee / con los ojos”, esta cita de Pepe Hierro  figuraba al frente de los cinco sonetos  alejandrinos que con el título del  presente trabajo obtuvieron, para este que escribe el tercer premio en el III Certamen de Poesía “Antonia Pérez Alegre”, Viladecans, (Barcelona), corría el año 2007 y era la primera vez  que obtenía un galardón y una compensación económica por mis poemas. Fueron escritos expresamente para el certamen y se consumieron en el fuego del recuerdo, aunque figuran, como un ninot indultado, en la antología que se editó entonces y en Orento, mi penúltimo libro.

El siguiente año, dos mil ocho, me vine para Valencia en el mes de marzo por invocar al fuego en su feudo de siglos y ardió la antorcha lírica de nuevo y en mejores fallas se consumieron mis versos. En dos mil trece me encuentro una vez más en Valencia y ya tomándole gusto a las fallas y a los premios, alguno también en prosa (todo esto lo recuerdo por los reportajes fotográficos de entonces que giran en la nube memoriosa de internet y de año en año reaparecen como recuerdos de infancia que creíamos olvidados.) Cinco años después, maestro fallero del verso galardonado, vuelvo, ahora ya sin trabas laborales, a la  ciudad del Turia por pergeñar estas líneas entre estruendo de petardos, trenes y despertás.

Según parece las fallas fueron iniciadas por el gremio de carpinteros  al quemar la víspera o el mismo día de su patrón, Sant Josep, en una hoguera virutas, enseres sobrantes y parots (estructuras donde colgaban candiles para alumbrarse y al entrar la primavera se hacían innecesarios) que poco a poco fueron adquiriendo forma humana. El origen pagano y arcaico, como el de las hogueras de San Juan, es opción más romántica que amalgama mito y realidad en maravilla, presente a lo largo del levante español, de fuego purificador y vivificante como conglomerante de culturas y germen de pueblos hermanados. El fuego está presente en estos días de ruido y colorido festivo en castillos de luz y salvas, en la nit del foc del domingo y, sobre todo, en la cremá de la noche del 19 en que la ciudad fue una inmensa hoguera, pese a la lluvia vespertina. Aunque los valencianos de pura cepa dicen preferir el ruido y el olor de la pólvora a la vistosidad del fuego, yo, como foráneo ecléctico, admito que saben compenetrar luz y sonido con inigualable maestría para deleite de visitantes nuevos o repetidores, como es mi caso. Ciertamente la ciudad es un estruendo constante de petardos, música y pirotecnia, un colorido itinerante de trajes típicos, flores y monumentos falleros, una jubilosa alegría desbordada y contagiosa en la calle, en las carpas y casals, algunos de los cuales he tenido ocasión de visitar compartiendo almuerzo, algazara y entusiasmo. La ciudad es una fiesta sin descanso para concluir la noche de San José a los acordes del himno valenciano en exaltación vehemente y arrebatada de la llama purificadora y germinal, entre tracas, fuegos artificiales y una cierta tristeza que hace su aparición desde que arde la primera falla infantil hasta que la combustión de la municipal pone fin a esta festividad patrimonio inmaterial de la humanidad.

Estos días, sobre todo el pasado fin de semana, Valencia ha sido un hervidero de gente transitando sus calles, taponando arterias en momentos como el de la mascletá diaria de la Plaza del Ayuntamiento o el encendido de las luces en sus vías más emblemáticas y alrededor de las fallas galardonadas por la Junta con los principales premios. Días de fuego, viento y lluvia, días de pólvora, estruendo y humo, tibios y llenos de colorido nos han dejado un sabor antiguo a sal y llamas. Hemos poseído con los ojos efímeros monumentos, figuras deslumbrantes, decorados puestos en pie, fiel reflejo y crítica de los tiempos difíciles que vivimos y que han terminado siendo pasto de las llamas.* Yo ya he mandado algunos versos como emisarios prometéicos por ver si arden mis versos en nits de foc por cualquier lugar de España mientras  las fallas de 2019 se ponen en solfa.

Y con frío invernal entró la primavera en el Día Mundial de la Poesía celebrando el fuego imperecedero en cenáculos y corazones. Al fuego se le posee con los ojos y los ojos son la puerta del alma.

 

 

*En mi muro de Facebook https://www.facebook.com/jesus.picorebollo hallaréis imágenes de alguno de los monumentos falleros que pude visitar, entre los que se encuentran los cinco primeros premios de la sección especial.

Publicado la semana 12. 21/03/2018
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