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Jesús Andrés Pico

LA NOCHE DEL COLECCIONISTA (y III)

III

 

La muerte y su irresistible atractivo. Tan al alcance de la mano y tan temida. La meta final. El gran engaño de quienes hicieron de la vida su coto privado. Morir es fácil, pero hay que saber morir. La muerte es algo más que tránsito, más que panacea que cura todos los males, más que rasero que todo lo iguala: La muerte es un reto. Y tú lo sabes.

Morir… Hubieras querido coleccionar todas las muertes: muertes horribles, suaves, dulces, súbitas, lentas, solemnes o ridículas. Hubieras muerto millones de veces. Hubieras querido ser todos los muertos del mundo. Pero tu muerte es única, como tú mismo, mal que te pese.

Sólo se muere una vez.                                                                                                                            

Tienes que preparar tu muerte.

Tu propia muerte.

La culminación de la búsqueda afanosa, absorbente. La cúspide, la razón suprema por la que has vivido. La meta final. ¿Golpe de gracia, pirueta última? Tu muerte.

Ya es hora. Tú, tu propio dios has dicho: La hora es llegada.

Sobre la negra mesa de caoba se amontona tu particular colección: recortes de luctuosos momentos, trágicos sucesos, muchos de ellos inducidos por ti, retratos psicológicos con el único fin de demostrar que todo hombre es capaz de matar. Y esquelas.

 Muestrario ingente. Miles de esquelas perfectamente conservadas, envueltas en plástico para evitar su deterioro, ordenadas cronológicamente, cuidadosamente colocadas, con amor de paciente coleccionista dedicado por entero a su ardua e imposible labor. Colección extraña y única. Tu vocación. Tu profesión verdadera. Esquelas de todas partes del mundo. Raros ejemplares. Signos desconocidos, tal vez indescifrables. Imágenes que valen por todas las palabras. Palabras repetidas hasta la saciedad: descanse en paz.

 Y tu adquisición última.

Toda colección es incompleta. Hay colecciones que pasan de padres a hijos prolongando así su vida, adquiriendo nuevo lustre, aumentando su valor. Las hay que mueren con su artífice, se desmoronan, se integran en otras colecciones o, simplemente, desaparecen. Otras permanecen ocultas, desafiando al tiempo, como la tuya, que pondrás a buen recaudo para que un buen día aparezca sorpresivamente o no quede ni memoria de ella. No importa. Tú te das por satisfecho.

Toda colección es incompleta. Pero única, como es único el coleccionista. Única porque posee ese ejemplar capaz de darle categoría y esplendor. Única por su propia naturaleza original, ¿a quién se le ocurre coleccionar, por ejemplo, esquelas mortuorias?

Tu colección goza de una extraña naturaleza. Puedes estar satisfecho. Además…

Además posees ese ejemplar capaz de darle lustre y categoría: tu última adquisición.

 Tu última adquisición. La pieza fundamental. La observas, la relees. Te extasías. Cierras los ojos como entonces. Buscabas el lugar más oscuro y silencioso, el sitio más solitario de la casa y cerrabas los ojos. En la más absoluta oscuridad experimentabas el no ser, la nada, el mundo sin ti. El mundo antes de ti, después de ti. Oscuridad, silencio. Permanecías así horas, hasta que una autoritaria voz te obligaba a regresar. Y así creciste: taciturno, ensimismado, siempre ausente, ajeno a todo. Como todos, en realidad, aunque nos empeñemos en hacer eterno el breve parpadeo de la vida.

Fuera el sol ha sido vencido. La noche, capaz de matar, capaz de morir diariamente, se asoma a la ventana. La vida recorre tus venas, late en tu sangre, te araña el alma hasta hacerte lanzar un espantoso gemido de angustia. Negras aves se agitan en tu interior, golpean tu cara con sus pegajosas alas, como si quisieran apremiarte, empujarte hacia la noche.

Tu noche.

Recoges lentamente los recortes del último suceso violento que gratuitamente has provocado, guardas tus escritos, las esquelas amorosamente ordenadas.

Se conservarán por muchos años, piensas.

Tu última adquisición –debes darte prisa- lleva fecha de hoy.

La noche es profunda, olorosa, estrellada, penetrante. Pero corta.

Debes darte prisa.

Tu última adquisición, tu esquela, tu propia esquela, lleva fecha de hoy.

Debes darte prisa. Debes salir. Debes entrar en la noche.

 Tu noche. La culminación de la afanosa búsqueda, la cúspide, la razón suprema por la que has vivido coleccionando sensaciones y muertes. La meta tras maratoniana y absurda carrera. Tu noche.

Tu última y larga noche.

 

Publicado la semana 110. 07/02/2020
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