Semana
11
Jesús Andrés Pico

El último asesino (3)

Género
Relato
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Soy asesino, no escritor. Lógicamente no domino la técnica del relato y eso se nota. Quise comenzar mi historia desde el principio, pero tal vez me fui un poco por las ramas; ahora dudo si continuar y, de hacerlo, si seguir el hilo temporal o saltar de asesinato a asesinato en aparente caos. Aunque lo que el cuerpo me pide es cargar contra todo y contra todos como se lo pide a esos putos viejos que se manifiestan por las pensiones como si estuvieran aún en el 68.

La vida es dura para la gente de a pie. Ahora que estoy retirado me da por pensar en lo mal que está el país. Para la jodida clase media y los trabajadores que no tienen conciencia de clase, claro. Los ricos lo son cada vez más a costa de los de siempre que se han tragado la milonga de la crisis y votan a la derecha más histriónica y recalcitrante por temor a perder las migajas del banquete al que han sido invitados siguiendo la máxima del siente un pobre a su mesa por navidad. Pero merecido os lo tenéis por gilipollas. Os están engañando por todas partes y además de puta ponéis la cama, todo por un, todavía, aparente bienestar que os permite, aunque sea con ayuda de los abuelos, levantaros cada mañana para acudir a un trabajo que maldita gracia os hace y no os reporta ninguna calidad de vida y realizar algún que otro viaje programado en verano antes de que a vuestros hijos les dé por crecer y descubrir que los reyes son los padres de sus padres. Y no toco el tema de los fanatismos religiosos o nacionalistas, idólatras envueltos en banderas pululando por el planeta violado y maltrecho donde moramos. Que seas capaz de enemistarte con tu vecino por los colores de unas enseñas, como si de un partido de fútbol se tratara, que se te dispare la adrenalina por creerte ciegamente la historia que te cuentan y que aceptas sin cuestionarla porque se adapta a lo que te dijeron que ha de ser tu pensamiento, que comulgues con ruedas de molino en pleno siglo XXI y creas aún en dioses y monsergas y, lo que es peor, que pienses que eres libre de pensar como piensas… Dime cómo te llamas y te hago el favor de pegarte un tiro.

Vuelvo a irme por las ramas, pero no tengo el cuerpo para romper lo escrito hasta aquí y comenzar de nuevo. Y es que lo fundamental es tener algo que contar, no cómo se cuenta; el fondo frente a la forma. Hay muy buenos poetas que no han publicado un solo verso, conozco al menos un caso y me lo reservo. Algún día hablaré de la poesía como catarsis y refugio al que regreso siempre con las manos manchadas de sangre para purificarme con su lectura. Y no hay mejor escritor que aquel que rompe todo lo que escribe porque le parece mediocre. Como yo no lo soy, escritor digo, continuaré con mi historia, mi vida de pulcro asesino, primero por propia convicción, luego por la de otros que pagaban bien. Y, vuelto el carro a las roderas, continuamos viaje donde lo dejamos. Recordaréis que maté a Chus de un cantazo con un tirachinas o tiragomas, lo que en mi  pueblo llamamos tirador y en la Argentina, lo descubrí en un cuento de Piglia, le dicen honda. Aquel acto de justicia infantil no habría de quedar aislado y fue al cometer el segundo asesinato cuando descubrí que es más difícil  e injustificable matar a un animal que a un hombre u hombra, mujer o mujera y tomé clara conciencia de la que, a la postre, habría de ser mi profesión.

El terrible desenlace de la desaparición del pececito almeriense que todos tenemos presente y la similitud, analogía o coincidencia con mi segundo asesinato o ejecución, me hacen posponerlo para más adelante por respeto al dolor de unos padres deshechos y por no echar leña al fuego de la indignación que se respira en el ambiente como, desgraciadamente, ocurre tantas veces en este país ávido de casos que abastezcan de carnaza a morbosas tertulias televisivas y corros de vecinos hastiados y desencantados. Por respeto al duelo y por no alargar este escrito insustancial y romo (ya he dicho que no soy escritor.)

Ya sé que un relato de asesino sin víctima, y van tres para un sólo muerto, queda un tanto desangelado, pero hasta aquí hemos llegado y libres sois de seguir el impresionante reguero de muertes que os esperan como lectores desocupados y tediosos, porque si no lo sois y vuestro tiempo es oro, ¿qué coño hacéis leyendo esto?, libres sois, digo, de explorar próximas entregas o abandonar toda esperanza, que el tiempo es largo y la vida corta. Así pues, emplazados estáis para vernos en unas semanas, ahora sí, las caras amb sang i fetge. Hasta entonces dormid bien.

Publicado la semana 11. 13/03/2018
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